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Tinta y tinto: ‘El eterno baile de fechas’

El debate es más viejo que el hilo negro. ¿Cuándo es mejor celebrar San Mateo? Logroño vive septiembre al ralentí. Hasta que no finalizan sus fiestas, no cierra el verano con su ritmo caribeño. Pese al adelanto en los tiempos de vendimia -para el puente del Pilar ya está todo prácticamente finalizado cuando antes era casi el comienzo-, en los colegios, los institutos y las oficinas se viven los días desde el final de agosto hasta el cohete como si fueran el tiempo añadido de una prórroga a la espera de los penaltis. Hace unos años, suponemos con buena intención, se comenzó con un eterno baile de fechas para favorecer que las fiestas tuvieran dos fines de semana. La idea era sencilla: se lanzaba el cohete un sábado, se estiraba la fiesta hasta el sábado siguiente y el día 21, día grande y festivo en la ciudad, pillaba perdido entre semana para ofrecer el primer mosto a la Virgen de Valvanera.

El problema llega cuando, como en este 2024, el día 21 cae en sábado y habría que empezar la algarabía el sábado anterior (día 14) y estirar el asunto hasta el domingo siguiente (día 22) por aquello de no terminar las fiestas el día grande. A partir de este planteamiento surgen decenas de opiniones, todas ellas igual de válidas porque dependen de la percepción festiva (o no festiva) que tenga cada uno. El Ayuntamiento de Logroño ha planteado este año dos opciones: empezar el domingo (15) y finalizar una semana después (22) o comenzar el viernes (20) y terminar el jueves (26). ¿Cuál es la mejor? Como decíamos, todas tienen sus pros y sus contras. Sin embargo, aunque uno todavía no peine canas, asiste a este debate con cierto estupor cuando antes no había tal problema. Las fiestas se celebraban siempre del 20 al 26. Cayeran como cayeran los días. Y la gente, ¡sorpresa!, se organizaba con antelación suficiente.

 

Porque vamos con un par de recordatorios. La idea de los dos fines de semana nace exclusivamente para llenar las cajas del sector hostelero del centro de Logroño, lo que ha matado las fiestas entre semana y ha vaciado la ciudad de todos aquellos que pueden cogerse vacaciones. Pocas carteras y menos cuerpos soportan tantos días seguidos de júbilo mientras puedes estar tirado en la playa para lucir moreno en octubre. El segundo recordatorio tiene que ver con el propio San Mateo en sí. Ni es el patrón de la ciudad ni sale en procesión. Lo del día 21 es una “convención” adoptada entre 1818 y 1845 por Fernando VII e Isabel II, según cuenta el compañero Marcelino Izquierdo, cuando se cambió de la primera a la tercera semana de septiembre la feria anual que celebraba Logroño desde el siglo XII. En 1956 bautizamos al asunto como ‘Fiestas de la Vendimia’ y recientemente nos volvimos locos con el asunto de las fechas.

¿Qué solución le damos? No es sencilla, pero sí creo que pasa por una reflexión profunda desde el propio logroñés. No vale que aquí se interpongan los intereses empresariales, que son los que han derivado en este pequeño cacao y que han acabado con la esencia de las fiestas a base de exprimir dos fines de semana en bares y terrazas, pasando de lo que ocurre realmente en la calle. De hecho, basta ahondar en la memoria de cualquier vecino para que afirme sin temor a equivocarse que “el día del cohete es el mejor día del año”. “Y el de las chuletillas, el segundo”. Se disputan el podio las tardes de Nochebuena y Nochevieja, pero siempre prevalecen los días de fiesta logroñesa en torno al vino y la gastronomía.

Todo lo que no sea pensar en recuperar las fiestas de la capital riojana para la gente será un fracaso. Sean cuales sean sus fechas. Incluso aunque lleguemos entre todos a un acuerdo -referéndum mediante- de celebrarlas siempre desde el segundo o el tercer fin de semana de septiembre. O desde el día 20. ¿Y por qué no desde el primero? Ya lo hizo Valladolid, asegurándose así que no hiciera tanto frío ni lloviera en sus días más felices. Y es que, a veces, lo único que se necesita es buen tiempo, buena compañía y buenos alimentos -el vino bueno lo damos por descontado- si se puede estar tranquilamente en la calle como ocurre en “las calderetas” o en “las chuletillas”. A los bares ya iremos a tomar la penúltima.

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