El Rioja

Cálculos, decisiones y paciencia para la vendimia de un gran reserva

La Rioja Alta vendimia las parcelas que irán destinadas, inicialmente, a su Gran Reserva 890

Vendimia en San Felices, Haro. | Foto: La Rioja Alta SA

Los cestos recorren esta semana algunas de las parcelas más exclusivas de la bodega La Rioja Alta SA, lo que denominan sus «viñedos artesanales». Entre cuatro y cinco viñas ubicadas en Briñas, Haro y Fuenmayor que, inicialmente, se recogen bajo la premisa de que irán a parar a uno de los vinos exclusivos de la firma de Haro: su Gran Reserva 890 del que suelen salir de media unas 20.000 botellas. Aunque desde que se vendimia hasta que este vino se lanza al mercado transcurren como mínimo doce años (seis años en barrica y otros tantos en botella).

Tiempo en el cual hay mil y un cambio de decisiones, así que aquí toma poder la cultura del largo plazo. Julio Sáenz hace balance del que ha sido un año «tremendamente complicado» por el exceso de calor que se ha prolongado hasta septiembre. El enólogo prefiere hablar de dos vendimias distintas: la que se hizo durante septiembre, una temprana y apresurada para no perder la poca acidez de este año aunque con una maduración deficiente, y la que se está desarrollando en octubre. «Ahora las noches son más frías y las temperaturas diurnas han descendido ligeramente, por lo que la uva está madurando muy bien».

Vendimia en San Felices, Haro. | Foto: La Rioja Alta SA

Lo que se han encontrado a pie de viña, además de la buena sanidad, ha sido una «gran heterogeneidad, no solo en un mismo viñedo, sino también en los propios racimos». De ahí que se hayan hecho varias pasadas en una misma parcela por el desequilibrio madurativo, porque «en el mismo racimo hemos visto uvas totalmente pasificadas, otras maduras y otras verdes». Y seguido, un repaso más en las mesas de selección óptica para quedarse solo con las mejores uvas.

Lo que es evidente es que la ecidez este año ha brillado por su ausencia. «Para elaborar grandes reservas es clave contar con una buena acidez y frescura para asegurar esa capacidad guarda, por lo que este año no es el ideal porque esa acidez está muy baja. Bien es cierto que hasta que toda la uva no esté en bodega no se puede valorar su destino, pero esta vez habrá gran trabajo en bodega más allá del campo», reconoce Sáenz.

Cepas en San Felices, Haro. | Foto: La Rioja Alta SA

Por no hablar de los rumbos que puede tomar ese vino una vez elaborado y es que durante los años que está ‘durmiendo’ no dejan de tomarse decisiones, y lo que puede parecer una añada digna al principio, puede cambiar completamente con el paso del tiempo. «Así que la decisión de si saldrá un Gran Reserva 890 de la añada 2022 o no casi se sabrá en el momento del etiquetado. Es más, los años acabados en dos durante este siglo XXI no han sido buenos. Ni lo fue el 2002 y el 2012, así que la tendencia se cumple con este 2022».

Ahora solo queda tener paciencia e invertir mucho tiempo en la selección (Julio cata el vino barrica a barrica periódicamente para desechar aquellas que no cumplan los parámetros de excelencia). Lo que es ya una certeza es que las últimas añadas del 890 serán las de 2010 y 2011. Continúan en un profundo sueño las posteriores, con un 2015 ya en botella cuya evolución habrá que analizar, y un 2019 «con mucho potencial por ser un año fresco que ha dado vinos muy equilibrados que están evolucionando muy bien».

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