Agricultura

Al acecho de una parcela de huerto: «Hay más de 60 personas en espera»

Aurelio Martínez posa frente a los huertos privados de la Asociación Huertos El Juberano, en Logroño

Un fiasco laboral a sus 60 años le llevó a replantearse su forma de vida y tuvo claro que salir de las cuatro paredes de la oficina que durante décadas lo habían absorbido era la mejor opción. Ahora, Aurelio Martínez gestiona la Asociación de Huertos El Juberano, en las proximidades del entorno del Hospital San Pedro (seguro que más de uno se ha pasado por allí a comprar unas patatas o unas manzanas). Allí es donde nació y de dónde no se ha querido marchar nunca.

«Yo soy agricultor de toda la vida; siempre he mantenido mi huerta aquí en Logroño. Pero desde que perdí mi trabajo, vi en los productos de casa una posibilidad económica y me puse a vender fruta, tomates, alcachofas… De todo lo que tenía. La idea tuvo cierto éxito y varias personas se interesaron por adquirir una parcela de tierra para poder cultivar ellas mismas sus propios alimentos. Así que me lancé a montar un depósito y crear pequeñas parcelas particulares para alquilar a los vecinos.

De aquello hace ya casi nueve años y ya son 72 los ‘hortelanos’ que acuden (unos a diario; otros con menor frecuencia) a mantener sus parcelas de 100 metros cuadrados. Algunos han hecho de estos cuadros verdaderos jardines, con sus casetas, sus maceteras y sus bancales elevados donde crecen las judías, las cebollas o los ajos, o incluso con una pequeña partida de gallinas. Un pedacito de su pueblo, tal vez, al alcance de quienes viven en la capital o un sueño cumplido para quienes nunca han tenido esa oportunidad. Como tener la huerta en casa.

«Aquí vienen sanitarios, guardias civiles, pintores…. Hay de todo, pero sobre todo gente jubilada que lo mantiene como hobby. Tenemos algún octogenario que ha llegado a llevar hasta tres parcelas y asegura que sin el huerto, él se muere. Un hobby que les da vida y salud». De ahí que Aurelio todavía califique de «vergüenza» cómo durante los primeros meses del confinamiento les prohibieron acudir a su paraíso vital «mientras sí se podía ir al supermercado todos juntos y sin mascarilla, que por aquel entonces no era obligatorio todavía».

A sus 71 años (aunque se quita una veintena desde que vive y trabaja en su entorno), Aurelio se encarga de todas las zonas comunes de este espacio hortofrutícola: «Segar la hierba, controlar el riego, gestionar los restos de poda y deshechos, mantener los cerezos comunes…». También hay un área de merenderos y asadores, aunque la actual situación los mantiene cerrados a cal y canto desde hace ya más de un año.

La Asociación Huertos el Juberano, nombre con el que Aurelio quiso honrar a su padre como descendiente de Jubera, vive ahora su momento de mayor auge. «Estamos agobiados con tantas solicitudes. Cada día llama un montón de gente intentando conseguir un trozo de tierra y ya hay más de 60 personas en espera. Esto ha reventado y el espacio es el que es, pero se demuestra la necesidad y el alto interés de la ciudadanía por practicar esta actividad».

Adolfo es uno de los afortunados que cuenta con una plaza en esta asociación, aunque en este caso heredada de su hijo, «que más bien la tenía medio abandonada», y que para él supone una forma de no desvincularse de la actividad física una vez ya jubilado. «Coincido con Aurelio en que esto es vida y engancha, incluso se lo estoy pegando un poco a mi mujer. Fue ella la que me quitó la idea de comprar una finca entre Villamediana y Alberite, ¡y santa palabra! De haberlo hecho todas las veces que Logroño ha estado confinado no podría haber ido a mi huerta», apunta.

Adolfo le ha hecho un lavado de cara a sus cien metros cuadrados de tierra en los escasos cinco meses que lleva siendo socio de Huertos El Juberano. «Esto no tiene nada que ver con los huertos que se ofrecen por sorteo desde el Ayuntamiento de Logroño. Aquí tenemos nuestra parcela privada durante el tiempo que queramos y es esta estabilidad es lo que atrae a tanta gente», recalca. En una cuota mensual fija de 50 euros se incluyen todos los costos de mantenimiento, así que «esto es un chollo».

Adolfo prepara su parcela en la Asociación Huertos El Juberano.

Aurelio cruza por mitad de la carretera al otro lado de su propiedad, donde tiene su vivienda y su huerta. «Cuando hicieron las obras del hospital me prometieron un paso para mi tractor. Aquí sigo esperando», lamenta con resignación. «A pesar de los obstáculos, ya nadie me va a mover de mi casa. Yo soy feliz aquí y me siento más vivo que nunca».

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