Gastronomía

Vuelve La Vieja Bodega de Casalarreina: «Es el lugar perfecto para no tener miedo»

«Es el lugar perfecto para no tener miedo»

«Soy optimista y esta apertura viene para quedarse». Así de ilusionado se muestra Ángel Pérez en el restaurante La Vieja Bodega de Casalarreina. Después de varios meses con las luces apagadas y las puertas cerradas, este jueves vuelve a empezar. «Como si no hubiera pasado nada, arropando a nuestro cliente y garantizando cien por cien las medidas sanitarias».

Por el momento, pasito a pasito para volver a recuperar el compás. «Esta semana la vamos a utilizar como un pequeño calentamiento. Abriremos de jueves a domingo solo comidas. Para la próxima, que ya es Semana Santa, de martes a domingo por las mañanas. Incluiremos las cenas de viernes a sábado».

Son varios meses con el restaurante cerrado, lo que no significa que varias ideas no se hayan forjado a fuego lento. El equipo ha estado en continua comunicación. «La mayoría de la gente, tanto de cocina como de sala, han aprovechado este tiempo para formarse. Lo nuestro no es estar quietos. Afortunadamente, muchos de los trabajadores ‘motu proprio’​ han decidido prepararse más a fondo para mejorar sus habilidades y aportar nuevas competencias al negocio».

Los clientes que se acerquen al restaurante verán una «limpieza de cara en los salones», pero las obras más importantes las han llevado a cabo dentro. «Para enriquecer el trabajo del equipo hemos remodelado la cocina e introducido nueva maquinaria que desemboca en diferentes maneras de trabajar. En definitiva, más infraestructuras». Novedades que empujan a volver con muchas ganas. «Cruzando los dedos para que las reservas empiecen a coger ritmo».

Las recetas de siempre

En cuanto a la carta, Ángel explica que de momento van a mantener una más sencilla para facilitar el regreso. Seguirán con ‘los tradicionales’ como la menestra de verduras o las famosas croquetas caseras de jamón Ibérico. Además, los habituales entrantes fríos, entre ellos la ensalada de centollo y el tartar de aguacate, la terrina de foie casera o el tataki de buey con un gel de soja y jengibre. Y los calientes: arroz meloso con hongos y queso de Los Cameros o los caprichos de Toloño, una pasta brick rellena de verduras y langostinos.

Pérez destaca que es un restaurante donde lo importante y más fundamental es la propia materia prima, «así que todo aquel que llegue podrá degustar el cochinillo o cordero asado al horno de leña, las chuletillas o platos más elaborados como el rabo de toro estofado con crema de foie y guiso de setas que es uno de los más demandados». Para los que sean más de mar, dos indispensables: lomo de merluza asada con piperrada y jugo de pimientos del piquillo o taco de bacalao braseado con sus callos encebollados. Además, «los pescados fuera de carta según el mercado que haya cada día».

La idea en este nuevo regreso es contar también con platos fuera de carta con productos de temporada. «Para estos primeros días los espárragos serán los invitados de honor». Ángel es consciente de que «esto no va a cambiar de un día para otro, así que cuando la cosa vaya avanzando, nosotros lo haremos también en nuestra cocina». Los vinos siguen la misma línea: carta reducida para que sea más fácil el manejo del cliente. «Las más de cuatrocientas referencias siguen estando, así que el visitante puede pedir el que desee. Tenemos los mejores exponentes de vinos riojanos, tanto de bodegas grandes como pequeñas, pero nos gusta tanto el vino que no renunciamos a tener vinos de otras partes de España y del extranjero».

Planes de futuro

Pese a que el cierre perimetral limita el turismo y repercute en la hostelería, Ángel Pérez cree que estamos en una «situación perfecta» para conocer los rincones de nuestra propia tierra. «Tiene mucho potencial. ¡Aprovechémoslo!». De hecho, el propietario de La Vieja Bodega confiesa que durante este tiempo se ha dedicado a una de sus pasiones: el monte y la naturaleza. «He visitado, cuando se ha podido, varios pueblos riojanos en los que hacía muchos años no estaba y es un auténtico lujo descubrir todas las maravillas que tenemos». Además, en estos pequeños viajes «he aprovechado para pasar por otros restaurantes y ver lo que hacen, siempre con una actitud de curiosidad y aprendizaje».

Mirando a un futuro próximo, Ángel es consciente de que los casos activos irán teniendo altibajos. «Si tenemos cuidado y confiamos en el proceso de vacunación, podremos salir de esta. La idea es buscar la grieta para mantener el equilibrio y encontrar la armonía entre salud y economía. Solo así podremos coger la marcha. Cueste lo que cueste, pero de manera segura».

Afortunadamente, el restaurante de Casalarreina cuenta con espacio suficiente para albergar hasta a trescientos comensales. «El lugar tiene más de seiscientos metros cuadrados, los techos son altos y podemos cumplir perfectamente las normas de distancia de seguridad. Es el lugar perfecto para no tener miedo. Es más, nos estamos organizando para repartir a los clientes en varias estancias aunque suponga más trabajo para nosotros. Incluso hemos incorporado geles personalizados en todas las mesas para que la gente se sienta cómoda y segura».

Y si a esto le añadimos una enorme terraza, mejor que mejor. «Con la llegada del buen tiempo la acomodaremos para dar también comidas y estamos pensando en ofrecer menús de pícnic para determinados días. Incluso música en directo». Pequeños grandes detalles que terminan esta experiencia gastronómica con un «volveremos». Seguro.

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