La Rioja

Simbólica concentración en El Espolón: «Lucha feminista, lucha por la igualdad»

Simbólica concentración en El Espolón: «Lucha feminista, lucha por la igualdad»

Foto: IU Rioja

La Plataforma 8 de Marzo, -compuesta por UGT, CCOO, USO, Mujeres Riojanas Progresistas, IU y PSOE- ha celebrado un acto simbólico con medio centenar de personas en el Paseo del Espolón con el objetivo de seguir reivindicando la igualdad efectiva.

El manifiesto: Lucha feminista, lucha por la igualdad

Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es forzosamente diferente. Las circunstancias nos impiden hacer un llamamiento masivo para llenar las calles y manifestarnos a favor de la lucha de las mujeres. Y pese a ello – o justamente por ello- continúa siendo necesario alzar la voz en este día, reafirmar nuestro compromiso con la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres y demandar a cada persona, organización, institución y gobierno que la agenda feminista no quede relegada por las urgencias actuales y que se redoblen los esfuerzos para que esa necesaria igualdad, que aún no hemos alcanzado, se convierta en una realidad.

Hace ya un año que estamos afrontando y viviendo los efectos de una pandemia mundial; una crisis sanitaria que ha derivado también en social y económica. Emergencias y crisis superpuestas que han tenido a las mujeres en primera línea, como trabajadoras de los servicios esenciales en la batalla contra la COVID-19 pero también asumiendo la mayor parte de los cuidados en el ámbito privado.

Esta crisis ha afectado más a las mujeres. Ha hecho mucho más visibles las desigualdades estructurales de nuestra sociedad y, también y de manera descarnada, las desigualdades a las que antes, durante y después de la pandemia afectan a las mujeres.

Porque son las mujeres las que sufren la brecha salarial, quienes muy mayoritariamente tienen trabajos más precarios y con más parcialidad y temporalidad. Quienes tienen mayores tasas de desempleo y las que mayoritariamente ocupan muchas de las profesiones dedicadas a los cuidados en empleos feminizados y precarios.

Si algo ha puesto de manifiesto la situación actual es la crisis de cuidados, caracterizada por la existencia de un sector laboral de cuidados fuertemente feminizado y muy precarizado y por la ausencia de unas políticas efectivas con perspectiva de género en materia de corresponsabilidad entre mujeres y hombres, así como la falta de una protección social adecuada e igualitaria en las tareas de cuidados, se ha agravado y recrudecido durante la pandemia.

Esta crisis ha puesto de manifiesto las graves consecuencias sociales y especialmente negativas que tienen para las mujeres, tanto para las que trabajan en el sector de cuidados, como para trabajadoras que asumen de forma mayoritaria estas tareas en el ámbito del hogar teniendo que compatibilizar trabajo y cuidados familiares, y que se han hecho especialmente evidentes durante los periodos más restrictivos de la movilidad y los confinamientos domiciliarios.

Con la pandemia, los hechos han dejado más claro que nunca que la crisis de cuidados es un problema estructural y global que requiere respuestas políticas que estén a la altura para poder resolver los graves problemas sociales, económicos y de desigualdad que conlleva y que injustamente recae mayoritariamente sobre las mujeres.
Este es un ejemplo claro de que, tal como ha expresado Naciones Unidas, la pandemia ha puesto de relieve tanto la importancia fundamental de las contribuciones de las mujeres como las cargas desproporcionadas que soportan. 

Por eso exigimos que se continúen desplegando políticas dirigidas a atender esta agenda de las mujeres y que la crisis no suponga un retroceso en los logros alcanzados. Necesitamos acciones decididas y que estas se hagan verdaderamente efectivas, sin que la crisis se convierta en una excusa.

Así, a pesar de que el Gobierno ha aprobado recientemente una normativa pionera en igualdad con respecto a los planes de Igualdad en las empresas es necesario velar por que la pandemia no sea una excusa para retrasar su cumplimiento para el fin pretendido, la Igualdad real en el ámbito de las empresas terminando con todas las desigualdades laborales y retributivas que siguen existiendo.

Las empresas han de afrontar estos planes como instrumentos para terminar con todas las desigualdades dentro de las mismas y no como una obligación que hay que cumplir para evitar sanciones. Hemos de velar para que no se conviertan en instrumentos de la desigualdad ya que un mal Plan de Igualdad o un plan realizado para pasar el trámite legal estará creando la falsa sensación de que ya está todo hecho, frenando la lucha necesaria en el ámbito de la empresa. 

Tampoco podemos olvidar que la pandemia nos ha llevado a una crisis especialmente grave en los sectores más feminizados, con empresas con muy poco personal que no cuentan con más de 50 trabajadores con lo que la mayor parte de las trabajadoras se quedarán fuera de estos planes de igualdad obligatorios. 

Por todo ello, este 8 de marzo queremos recordar que seguimos en lucha. Que la agenda feminista sigue presente y exigimos que la crisis sanitaria, social y económica generada por la COVID-19 no la relegue.
 
Porque la respuesta a esta crisis no es posible sin las mujeres. Nada es posible sin nosotras.

Demandamos que esta crisis sea una oportunidad para poner en primera línea de la acción política medidas y recursos humanos y económicos para seguir avanzando sin retorno hacia una sociedad más justa, sostenida y solidaria con plena igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

Y hacemos un especial llamamiento, para que continúen los esfuerzos para erradicar la violencia de género en todas sus formas y en todos los ámbitos en el que la encuentran las mujeres en su día a día; en el hogar, en el trabajo, en las calles, en las redes sociales…

Y por todo ello demandamos políticas activas y acciones concretas para la reducción de la brecha salarial y laboral. Actuaciones destinadas a impulsar la corresponsabilidad, a atender la especial situación de las mujeres en el ámbito rural, contra la prostitución y la trata de mujeres y niñas, conta los vientres de alquiler. Contra todo aquello que favorece que todavía las mujeres estén infrarrepresentadas en los espacios de poder y de toma de decisiones.

Los motivos de nuestra lucha estaban aquí antes del COVID-19 y seguirán estando después. Si algo ha ocurrido es que se han hecho más evidentes.

Por eso, este 8 de marzo, la lucha sigue. La lucha feminista. La lucha por la igualdad.

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