Crisis del Coronavirus

Un año de coronavirus en La Rioja: «La duda era cuántos casos llegarían»

La pandemia del coronavirus en La Rioja, 365 días después

Pasaban minutos de las tres de la tarde de un lunes 2 de marzo cuando un escalofrío recorrió todos los rincones de La Rioja. Tras varios casos sospechosos que se habían saldado como ‘falsas alarmas’, el Centro Nacional de Microbiología confirmaba oficialmente que el coronavirus había llegado a La Rioja.

«Estábamos todo el equipo de Salud reunido e, inmediatamente, nos pusimos a trabajar para concretar cómo había que atenderlo, controlarlo, cómo debíamos comunicarlo…». Así recuerda la consejera Sara Alba el mayor punto de inflexión en la historia sanitaria de La Rioja en el último siglo. «La siguiente cuestión fue pensar en cuántos casos más iban a llegar y cuándo», añade.

Alba, junto a Lafuente (izquierda) y Ramalle, confirma el primer positivo por coronavirus en La Rioja.

Ni los más pesimistas podían imaginar entonces el alcance de la pandemia en una región que en las tres olas de la crisis ha estado entre las más afectadas por un virus que tardó muy poco tiempo en desmentir que era «una gripe más», como se debatía en aquellos primeros días de marzo.

Desde entonces, 27.463 riojanos han resultado contagiados por un virus que se ha cobrado 725 vidas (trescientas de ellas, de usuarios de residencias de personas mayores) y ha enviado al hospital a 3.190 personas (355 de ellas, a la UCI). La frialdad de los datos puede impedirnos apreciar el desmesurado impacto de una crisis sanitaria sin precedentes en la comunidad.

Las cifras, siempre engañosas, no permiten más que atisbar la convulsión que un organismo microscópico puede provocar en una sociedad obligada a cambiar sus hábitos sociales de la noche a la mañana para tratar de poner coto a una amenaza invisible. Porque aunque los datos dicen que en dos de cada tres municipios riojanos la presencia del COVID ha sido testimonial, lo cierto es que el miedo a sus efectos ha sido tan palpable como en las diez localidades más afectadas por la pandemia en la región.

La calle Portales de Logroño, desierta durante el confinamiento.

El calendario dice que ha pasado solo un año desde el sobresalto de aquel 2 de marzo que cambió por completo la historia de La Rioja. Pero lo cierto es que los últimos 365 días se han convertido en poco menos que una eternidad. Cierto es que ha habido meses y meses, pero la incertidumbre de cuánto falta para librar la batalla final contra el virus han hecho del último año un periodo que difícilmente olvidaremos.

Mientras llega el ansiado momento no queda más que aferrarnos a la esperanza de la vacuna y a la responsabilidad individual y colectiva para minimizar el impacto de lo que esté por venir. Porque la pregunta sigue siendo exactamente la misma que hace justo un año: «¿Cuántos casos están por llegar y cuándo lo harán?».

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