El Rioja

El mercado de alimentación, única salida rentable para el vino de Rioja

Con pies de plomo. Así avanza el mercado vinícola ante el que sería el mejor cuatrimestre en cuanto a ventas de no ser por la pandemia que lo acecha. Pero la inquietud reina entre las bodegas y las navidades se antojan muy inciertas ante unos rebrotes que no echan el freno. La confianza de la población está por los suelos y son muchos los que creen que la quiebra del sector durará todo lo que se prolongue la pérdida de esta seguridad.

Recientemente se publicaban las cifras de ventas de vino a fecha de julio y las cifras arrojaban una caída del volumen algo superior al diez por ciento, mientras que la bajada en cuanto al comercio nacional se situaba en el veinte por ciento debido al gran peso que ejerce en este la hostelería. En cuanto a la caída en valor, los porcentajes se encontraban en torno al 15 debido a la «degradación de los precios de venta». Unos datos que «se comportan con coherencia respecto al desplome de los últimos meses», señala el director general de Grupo Rioja, Iñigo Torres.

La exportación, como ya se viene advirtiendo, es la que saca esos tenues rayos de esperanza aunque sea a costa del canal de alimentación, el único que refleja un crecimiento durante estos últimos siete meses: en torno al seis por ciento. «Al menos, no se han confirmado los peores escenarios de los que se hablaba durante la pandemia con unas caídas de ventas superiores al treinta por ciento».

En concreto, este mercado supone para Rioja cerca del 37 por ciento, mientras que del 63 restante perteneciente al comercio nacional, en torno al 40 por ciento representa el mercado de alimentación. Así, la hostelería representa para Rioja el 60 por ciento, lo que «evidencia el problema actual» respecto a otras DO que no se centran tanto en este mercado. Por ello, Torres incide en la importancia de que las bodegas estén expuestas a estos canales de exportación para incrementar sus posibilidades de recuperación.

Un ámbito de negocio en el que no muchas bodegas de Rioja plantean adentrarse debido al propio carácter de sus vinos, unos de «más calidad y valor añadido para las cuales este año está siendo catastrófico». Así lo manifiesta el presidente de la Asociación de Bodegas Familiares de Rioja, Eduardo Hernáiz, quien apunta que esta crisis no solo la van a sufrir las bodegas sino también los agricultores con los precios que van a percibir.

«Las bodegas más industriales que están entrando en los lineales a precios muy bajos son las que van a provocar que el precio de la uva se resienta, además de por el exceso de stock que registran que reducirá esa compra de uva, un tipo de bodega que representa en Rioja el 80 por ciento de la comercialización», señala.

«Se quiere industrializar Rioja y el COVID-19 lo que está haciendo es acelerar el proceso. Los pequeños proyectos de mucha calidad y precio alto son los que más van a pender y preocupa mucho su futuro. Muchas bodegas se ven incapaces de seguir con el tema burocrático y acaban por tirar la toalla, lo que va a provocar una evolución hacia un trabajo del viñedo más automatizado. Además, desde las instituciones se lleva tiempo diciendo que hay que ser grandes, pero aquí lo que hace falta es ser mejor», apunta el presidente de Bodegas Familiares.

Hernáiz insiste así en la necesidad de «apostar por la calidad y la producción artesanal dentro de la Denominación como solución para la recuperación económica de los pequeños elaboradores, a quienes no se les deberían poner tantas trabas». Por su parte, Torres recuerda que lo importante es que Rioja recupere el equilibrio entre la oferta y la demanda de la forma más eficaz posible: «Ahí tiene que estar enfocado su esfuerzo, en ser capaces de retornar a los niveles de ventas previos, y después, en continuar con la tendencia de crecimiento que comenzó en 2010 pero que se vio truncada con la helada de 2017».

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