Crisis del Coronavirus

Las entidades riojanas del tercer sector, al rescate de la sociedad

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La solidaridad riojana, a prueba en la ‘cara B’ de la pandemia

La inesperada pandemia del COVID-19 paralizó la actividad social y económica. Un hecho que hizo que muchos de los servicios públicos de ayudas tuvieran que replantearse sus prestaciones de manera inmediata. La actividad debía frenarse, pero la demanda de la sociedad aumentaba cada día.

«Al principio nos preocupamos mucho porque vimos que no íbamos a poder realizar la Operación Kilo que hacemos en los supermercados el primer trimestre del año, pero, gracias a la solidaridad de empresas, asociaciones y particulares, hemos podido recoger numerosas donaciones», explica José Manuel Pascual, presidente del Banco de Alimentos de La Rioja. En este caso, no solo en forma de alimentos, sino también monetarias. «Hasta ahora no habíamos pedido dinero, pero la situación lo exigía, y ya hemos gastado unos 25.000 euros, obtenidos gracias a la generosidad de la gente».

La situación provocada por la epidemia no solo ha afectado a la salud, sino a la economía de muchas familias que han visto cómo sus sueldos se rebajaban o desaparecían provocando necesidades jamás pensadas. «En lo que llevamos de 2020 hemos aumentado en un treinta por ciento las entregas de alimentos, lo que demuestra una mayor demanda y escasez por parte de la sociedad riojana». Aun con todo, Pascual afirma que «tal y como están las cosas, tememos un futuro peor».

Con el cambio de fase y la relativa mejoría de las cifras de contagiados y fallecidos, el objetivo más inmediato del Banco de Alimentos de La Rioja es ir reforzar la plantilla de voluntarios. «Hasta ahora la habíamos recortado bastante puesto que nuestros voluntarios están dentro de la población de riesgo por su edad». Lo más importante para el presidente en estos momentos es «seguir siendo un eslabón en esa cadena fundamental, acumulando alimentos para ayudar a todas esas entidades que están, pase lo que pase, al pie del cañón».

Nueva iniciativa: paseos con mayores

Cruz Roja también fue otro de esos colectivos que tuvo que redireccionar su manera de trabajar a partir de que se decretara el estado de alarma. «Un gran porcentaje de personas pasó al teletrabajo y la atención presencial se redujo a emergencias», cuenta Jaime Caballero, coordinador de actividades de Cruz Roja La Rioja. En esos momentos de la crisis, la entidad ya ha ido reincorporando a parte de su personal para continuar con la actividad mediante cita previa.

El trabajo de Cruz Roja, aunque de forma telemática, no ha parado. «La gente ha reclamado sobre todo alimentos y ayudas económicas, porque las facturas, pese a la crisis, siguen llegando». Además, una vez que La Rioja pasó a la Fase I, la asociación decidió poner en marcha un nuevo servicio de acompañamiento a mayores. «Estamos ofreciendo paseos a todas esas personas mayores que, sin tener ninguna dependencia, han desarrollado algún tipo de miedo a salir solos a la calle».

Asimismo, un importante servicio que Cruz Roja no ha querido dejar pasar y ha reforzado como ha podido ha sido el seguimiento y apoyo escolar a jóvenes vulnerables. «Desde comienzos del confinamiento montamos un dispositivo para acercar las tecnologías a aquellas familias que las pudieran necesitar. La idea es que padres y alumnos pudieran ponerse en contacto a través de las nuevas tecnologías con los colegios. Y, por supuesto, seguimos con el apoyo escolar mediante videoconferencias».

Pasito a paso la entidad está intentando retomar esa nueva normalidad que la sociedad demanda, «y la gente ya empieza a requerir lo presencial, el estar cara a cara». Por ello, se ha recuperado también el contacto de personas que tenían niños en acogida. «Se pararon las visitas hace dos meses, pero ahora los padre biológicos ya pueden volver a ver a los pequeños».

La demanda de comida aumenta un sesenta por ciento en la Cocina Económica

Otra asociación que no dejado de ofrecer sus servicios desde que se iniciara la pandemia ha sido la Cocina Económica. El director gerente Javier Porres confirma que se ha seguido manteniendo a las familias alojadas -55 personas, casi la mitad niños- de la misma manera que antes, «lo único que hemos tenido que reestructurarnos. De normal hay cinco empleados, pero hemos hecho un cortafuegos de dos equipos para poder mantenerlo en caso de que sucediera cualquier tipo de contaminación que, gracias a Dios, no se ha producido».

Por su parte, el centro infantil Entrepuentes, tal y como aconsejo la Consejería de Educación, se cerró desde el principio, pero «se sigue atendiendo a todas las familias, todos los días a través del teléfono y se sigue dando formación y educación a los niños gracias a las cinco educadoras que tenemos».

El comedor social es el más perjudicado por la crisis, pero desde la Cocina Económica han hecho todo lo posible por facilitar la misma comida a las 120 personas aproximadamente que acudían cada jornada. «Todos los días, de 12:30 a 13:30 horas, se entrega en la puerta del almacén de cocina bolsas con tuppers, cubiertos y bebidas con la misma alimentación de siempre». Porres reconoce que este servicio ha sufrido un incremento importante (un sesenta por ciento) y, sobre todo, son familias las que demandan comida.

La persona que acuden cada día a la Cocina Económica lo hacen con un ticket que el trabajador social o el centro municipal de acogida les da. «Tenemos un convenio con el Ayuntamiento. Ellos son los que nos sufragan el costo de la gente que viene aquí, y luego les pasamos un listado para que vena cómo evoluciona la necesidad de la sociedad».

Los voluntarios que reparten cada día estas bolsas de comida ya están familiarizados con cada persona que pasa por allá, porque, no se trata solo de dar comida, sino de identificar otra serie de dificultades y ayudarle en todo lo posible.

El futuro se antoja complejo para esta asociación, que ha tenido que reestructurarse debido a la avanzada edad de sus voluntarios, ya que entraban a formar parte de la sociedad de riesgo. «Por suerte ha habido una serie de voluntarios jóvenes que atendieron la llamada y están funcionando muy bien. Trabajan junto con los de la casa, que estamos haciendo doblete: nuestras labores habituales más la atención del comedor, porque las Hermanas de la Caridad también estuvieron confinadas».

Más de 2.500 llamadas de socorro durante la crisis

Desde principios de la crisis Cáritas tuvo muy claro que su servicio a los más vulnerables no podía interrumpirse y, por ello, han estado al pie del cañón desde el comienzo. Pero, al mismo tiempo, «debíamos asegurar el cuidado de nuestras personas atendidas, voluntarios y trabajadores. Contamos con una red de voluntariado de riesgo por su edad y debíamos protegerlos», explica Fernando Beltrán, director de Cáritas La Rioja.

El personal técnico continuó atendiendo de manera telefónica, recibiendo 2.500 llamadas durante estos dos meses cuando, en un año normal al se responden 2.000. «Esto nos da una idea del impacto tan brutal de esta crisis». Principalmente se han centrado en atender las necesidades más básicas en dos frentes: alimentación y ayudas económicas. «Hemos repartido más de 1.500 lotes de comida y casi 100.000 euros en ayudas, destinadas, principalmente, al alquiler (en un mes nos gastamos el presupuesto de todo el año), pero también a cubrir otras necesidades urgentes de las familias».

Entre los usuarios que han necesitado el respaldo de Cáritas, Fernando destaca tres tipos de perfiles: personas que ya eran usuarias de Caritas y la crisis ha intensificado la dureza de su situación; personas con vida normalizada que jamás habían pensado que tuvieran que llamar a Cáritas para pedir ayuda (alrededor de un treinta por ciento de los usuarios son nuevos. Familias afectadas por ERTES o despidos por motivo de la crisis, o personas que trabajaban en la economía sumergida); e inmigrantes sin regularizar que no pueden acceder a las ayudas públicas oficiales y se ven imposibilitados para pagar su alojamiento o sus necesidades más básicas.

Además de la atención primaria, la entidad ha lanzado con los voluntarios dos programas de acompañamiento telefónico: por un lado, un programa de escucha emocional a enfermos y familiares aislados, así como a todas aquellas personas que estuviesen tolerando mal la soledad; y por otro, un programa de apoyo escolar para niños sin recursos también en la distancia, gracias a la colaboración de un nutrido grupo de veinte profesores voluntarios.

Con la entrada en la Fase I se ha ido recuperando la atención presencial, no sólo telefónica, tanto en Cáritas La Rioja, como en Fundación Cáritas Chavicar y Proyecto Hombre La Rioja, siempre cumpliendo todas las medidas de seguridad pertinentes. Después de dos meses cubriendo la necesidad más urgente, «en estos momentos estamos reorganizando y repensando nuestro trabajo para poder responder a la crisis social y económica que se avecina después de la sanitaria. Nos tememos que, cuando finalicen las moratorias de alquileres y otros consumos, la situación de las familias vaya a peor. Estamos trabajando en el diseño de propuestas que nos permitan ayudar a estas personas a relanzar su vida, a través de apoyos económicos y también de asesoramiento en la búsqueda activa de empleo. Queremos ofrecer esperanza porque nosotros la tenemos. Confiamos en que, con la ayuda de Dios, salgamos adelante».

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