CARTA AL DIRECTOR

Carta al director: ‘La almohada del corazón’

Parece que es una almohada. Tiene la forma de un corazón. Coincidió que la primera que hicieron en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de La Rioja se la llevaron a mi mujer, al hospital, cuando ese arquero ciego le clavó en el pecho una flecha en curare embebida…

Yo creía que era una de esas cervicales para mitigar ese duro jergón que ponen para el acompañante en el Hospital San Pedro. Pero no, me equivocaba. No era para mí. Es mágica porque sirve para todas las mujeres. De talla única, a la medida de cualquier axila. Y es para cuando abran los ojos postradas en una cama y empiece la herida a respirar, la escarcha del miedo…

Es como aquella tirita de madre que de niño se bebía la olita de sangre, el hervor de la rozadura. Ahora es la almohada suave para la cabeza de niebla del dolor. Y en la calle Lardero, en la Asociación del Cáncer, tienen el taller. Allí, son las mismas malheridas mujeres, ya reverdecidas, las que después de todo el sufrimiento se citan, se arropan y cosen esa joya, ese corazón de almohada, con hilos de penumbra de aquellas mismas lágrimas rotas.

Allí, hilvanándolas, quizá van olvidando sus días de vida envenenada. Y ojalá no se lean en los ojos lo mismo y destierren esa pregunta. ¿Nadie nunca nos dirá que ya estamos limpias?

Yo tengo una que se ha ganado ser la reina, la guinda sobre la colcha de mi cama porque cuando mi sueño rozaba el sueño tembloroso de mi mujer, bajo su brazo, la veía como aquel blando peluche de la niñez que asustaba el miedo de la oscuridad: la muleta de su corazón.

Y ahí la tienen preparada para llevarla rauda, en mano, hasta la misma cama del hospital cuando ese mismo invisible arquero ciego hiera en el pecho a una nueva muchacha.

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