El Rioja

Las uvas mágicas de Roda

No todas valen, es más, sólo unas pocas merecen llegar a la barrica para crear Cirsion, el vino emblemático de Roda. Como en una carrera de fondo, únicamente las elegidas llegan a meta. «Son racimos que aparecen en determinadas cepas de nuestros viñedos más antiguos, uno entre cientos», matiza Isidro Palacios, director de Campo de Bodegas Roda.

Son unas uvas mágicas, extrañas por su singularidad, que llegan a bodega sabiendo a vino. «En bodega hablamos de que son uvas con vocación Cirsion, ¿qué quiero decir? Hablo de racimos dentro de una cepa en los que en la cata de campo sientes que los hollejos ya saben a tinto, que ya tienen un punto de la polimerización que normalmente llega en la barrica. Es algo que sientes, que adviertes en esas uvas desde la viña, adivinando vinos redondos, con volumen y enorme plenitud».

Técnicamente la polimerización en Cirsion es un concepto que alude a una particular maduración con un alto nivel de copigmentación de taninos y antocianos en la propia planta –normalmente llega en contacto con la madera-, lo que redunda en bayas de una riqueza y profundidad extraordinaria.

«Es cierto que no deja de ser un proceso intuitivo, pero tras casi veinte cosechas somos casi siempre capaces de saber distinguirlas y acertar. Hay años en los que ves que no se va a llegar, otros en los que crees que lo tienes y en las catas llega la decepción, pero el nivel marcado es tan alto que no importa saltarse alguna añada para respetar el crédito de esta etiqueta».

Fue en 1997 cuando Agustín Santolaya e Isidro Palacios decidieron que era el momento adecuado para tantear la «aventura Cirsion», haciendo buena la frase de que todo logro empieza con la decisión de intentarlo. Sin riesgo no hay gloria, debió pensar la intrépida pareja. «Fueron unos 450 kilos de experimento y salió un vino como muy redondo, con mucho color y de gran calidad desde el principio. Pero creímos que todavía no… En el ’98 nos lanzamos de verdad y fue la primera añada de Cirsion», apunta con precisión Isidro.

«La línea de aquella añada y la de ahora es la misma. En torno a 4.000 botellas, algunas más como 2001, otras cosechas menos. Y otras que nos la saltamos porque no terminamos de encontrar lo que queremos. Al principio era sólo tempranillo, pero en el año 2012 se produce un cambio de cierto fuste al introducir en el ensamblaje el graciano con el fin de dotarlo de un punto más de frescura y complejidad en boca». Era un complemento que sumaba y, desde entonces, no ha abandonado la mezcla que define a la joya de Roda.

«Cirsion es la selección positiva de la selección positiva. Todas las parcelas que entran en Roda han de pasar nuestra criba. Dentro de esas viñas seleccionamos con paciencia las cepas que valen para nuestro vino». Me imagino a los vendimiadores escrutando cada planta en busca del racimo elegido y riendo para sus adentros cuando aparece el que vale. ¡Otro para Cirsion!

En el «calendario Roda» hay dos o tres días marcados en rojo en los que los más veteranos como Manuel, Ana, Kiko y María salen a la caza de estas uvas recorriendo La Ladera, Costúndebe, El Salao o Los Herreros. Son ellos los que marchan de batida por esos viñedos emblemáticos. Y salen únicamente a cosechar Cirsion. Y cepa por cepa, con la paciencia que sólo dan los años, recogen las uvas privilegiadas. Las demás se quedarán en la viña esperando la cosecha que llegará en breve para los otros vinos de la casa. Pueden coger entre 250 y 300 kilos al día, trabajo de orfebre en la viña jarrera. Y que tiene su precio: la última añada 2016 ronda los 165 euros. Lo vale.

«Hay un jefe de cuadrilla que es KiKo y dentro de los vendimiadores habituales de Roda, seis o siete ‘escogidos’ que ya saben exactamente lo que queremos”, apostilla Lidia Martínez, del equipo de campo, «a veces llega a tal punto su celo que seleccionan tanto que hay que reeducarlos, casi como en el colegio. Recuerdo un año en que de una finca excelente que siempre responde sólo trajeron a bodega 20 cajas, aquí nos mirábamos sorprendidos y, al final, nos echamos a reír porque estoy segura que dejaron en viña uva sobresaliente».

«Al ser viñas viejas y de producciones mínimas, los racimos se recogen antes. Poca carga y equilibrio es la receta mágica que siempre funciona. La cosecha para este vino nunca va más allá de cuatro o cinco días, ayer hicimos un depósito y mañana haremos otro, pero son cantidades que normalmente no suelen sobrepasar las 4.000 botellas. Depende de la añada».

Frases como «el volumen que no pesa» o «gigante de seda» son axiomas utilizados por la gente de la casa para definir las sensaciones que transmite Cirsion en copa. La próxima vez que descorche una de estas botellas –espero que en breve…-, lo haré con el respeto que se merece todo el trabajo que hay detrás. Un Rioja que, como decía el poeta, susurra directo al alma.

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