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Santiago Aldama: «Mi hijo Santi tiene un talento innato que yo no tuve»

El pívot riojano se ‘mide’ con su hijo, la gran promesa del baloncesto español

La familia Aldama lleva el baloncesto en la sangre. Nacido en Quel (La Rioja), Santiago Aldama fue un consagrado jugador de baloncesto que llegó a disputar los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Su hijo, también Santi Aldama, quiere seguir sus pasos. Acaba de ganar el europeo sub-18, por la puerta grande. Promedió 18 puntos y 7,6 rebotes de media en el campeonato, cifra que se elevó hasta los 21 en la final ante Turquía. También ganó el MVP (jugador más destacado).

Las circunstancias de la vida hicieron que Aldama padre se casara con Eli Toledo, hermana del también ex-baloncestista canario Santi Toledo. Ellos residen en Canarias, de donde es natural Santi Aldama, aunque este tenga cariño hacia la tierra de su padre. Nunca el vino y el mojo picón estuvieron tan unidos.

– ¿Qué se siente al tener a un hijo campeón de Europa sub-18?

– Un orgullo para nosotros, como padre, por el gran papel que ha hecho la selección española ganando el oro y porque Santi ha hecho un torneo muy bueno y ha conseguido el MVP.

– ¿Cuál cree que es la clave en el triunfo de su hijo?

– Ha sido su momento, lleva muchos años jugando al baloncesto a pesar de ser tan joven. Ha participado desde pequeño en muchos campeonatos de España y de Canarias e incluso con la selección. Ha mejorado en el aspecto físico y creo que se ha encontrado en un momento perfecto. La selección fue a Logroño, jugó un torneo de preparación y estuvo tres semanas allí. El equipo fue creciendo conforme pasaron los partidos. Lógicamente, se tienen que juntar varios aspectos: confianza, que el bloque te acompañe y capacidad de ser decisivo en momentos claves.

– ¿En qué piensa que se parecen jugando y en qué son diferentes?

– Físicamente somos muy parecidos (Santiago padre, 2,13 metros; el hijo, 2,11), pero él empezó jugando desde los cuatro años al baloncesto a alto nivel. En cambio, yo empecé a los dieciséis sin haber hecho nunca deporte, solamente por la altura que tenía. Santi a los 18 años es un jugador mucho más maduro que yo a su edad y tiene un talento innato que yo no tuve. Y además, capacidad de trabajo.

– La Rioja fue el inicio del camino hacia el oro, pero no hubo buenos resultados en esos encuentros de preparación. ¿Sirvieron para hacer piña y unir más al grupo?

– Lo comenté con mi hijo estos últimos días. Mirando todo con perspectiva, ha sido un mes muy divertido. En La Rioja entrenaron muy duro y en ese torneo fueron mejorando desde el primer partido al último. Cuando ya llegaron al europeo en Grecia, se notaba que estaban preparados. El hecho de estar arropado con la familia y comer unas chuletitas de cordero (risas), yo creo que le dieron fuerza para conseguir el objetivo.

– Con respecto a sus inicios: ¿Cómo empezó en La Rioja y cómo valora el progreso del baloncesto riojano?

– Con el baloncesto riojano tengo poco vínculo. En Quel teníamos un equipo juvenil y jugábamos en el colegio con niños mucho más grandes. Fue muy divertido, pero solamente jugué una temporada y luego lo dejé. Era muy delgado y no había hecho deporte. Después, cuando estaba estudiando en el instituto en Calahorra, volví a jugar porque medía dos metros y pico, pero me fui pronto a Zaragoza. Siempre he estado más vinculado al deporte maño que al riojano. Ahora sí que sigo las categorías profesionales riojanas, veo como se desarrolla el Clavijo en LEB Plata y conozco al entrenador Jenaro Díaz, porque tengo amigos en común y hemos coincidido alguna vez. Creo que es un entrenador excepcional.

– ¿De qué forma pasa una persona de no hacer nunca deporte a jugar unos Juegos Olímpicos?

– Visto con cincuenta años, creo que tiene su mérito. Mi primera temporada en Zaragoza se dedicó a fortalecer mi cuerpo, a coordinarlo y a aprender a correr. El primer año fue muy duro, porque prácticamente solo entrenaba y no jugaba. Luego en mis dos años junior fui capaz de crecer como jugador el primer año y ya en el segundo, tener algunos minutos en ACB (máxima competición). Luego me asenté en la liga, fue una progresión muy rápida y además pude jugar los Juegos y estar de profesional hasta los treinta y cuatro años. Tuve suerte, pero trabajé muchísimo. En Zaragoza entrenaba desde las seis de la mañana en el gimnasio. Salía de casa a las cinco y media de la mañana y volvía a las once de la noche.

– Habla de su época como muy dura: ¿los jugadores de ahora necesitan más o menos?

El baloncesto ha cambiado muchísimo desde que yo jugaba y físicamente es más exigente. Es mucho más difícil el salto de junior a senior, porque el físico es mucho más importante. Por ejemplo, Santi es un jugador que ha despuntado muchísimo y tiene un nivel físico aceptable, pero no tendría hueco en ACB porque necesita progresar y ganar cuerpo. Ojalá pueda dar el salto algún día pero ahora tiene que seguir su proceso.

– Llega ahora otra etapa para su hijo, que ha decidido irse a estudiar Empresariales a EEUU y jugar al baloncesto en Loyola Maryland (Baltimore, Liga universitaria NCAA). Un binomio interesante para combinar formación y progreso deportivo…

– Ese es el objetivo, es la opción que hemos querido en casa para él y la ha compartido. En Estados Unidos hay sitios mejores y peores, pero siempre trabajan muy bien físicamente y puedes compaginar también los estudios. Además, conocemos a su segundo entrenador (Ivo Simovic), sabemos que forma muy bien a jóvenes. En España es mucho más complejo, porque al entrar en un equipo sénior entrenas mañana y tarde y no tienes tanto tiempo para estudiar.

– ¿Colabora con el baloncesto de alguna forma o ya está más relajado?

– Ahora me dedico a cuidar de los hijos y ver su progresión. Estuve dos temporadas en un equipo juvenil de Las Palmas, pero el tema profesional era difícil de compaginar con lo personal. Los fines de semana mis hijos jugaban y podía llegar a tener tres partidos de ellos y otros dos míos. En Canterbury siempre me han ofrecido entrenar porque mis hijos se han formado ahí. Siempre he tenido el ‘gusanillo’, pero lo he matado viendo a mis hijos jugar.

Pregunta obligada: ¿Prefiere La Rioja o Canarias?

– Llevo muchos años fuera, pero siempre digo a todo el mundo que La Rioja es mi tierra y estoy orgulloso. Ahora bien, llevo muchos años también en Canarias y la considero mi tierra adoptiva. Mi mujer ha nacido aquí, mis hijos han nacido aquí. Un empate técnico.

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