La Rioja

Historias de abuelos: espontaneidad, chascarrillos y recuerdos inmortales

Los mayores producen ternura. En su mirada hay vivencias, las arrugas recuerdan los surcos que ha ido dejando la vida en su cuerpo, las palabras son la voz de la experiencia. Debatir con ellos sobre cómo ha cambiado la vida es todo un ejercicio de reflexión… En el Centro de Día Gonzalo de Berceo, con motivo del Día de los Abuelos, este viernes 26 de agosto, Santa Ana y San Joaquín, se ha desarrollado una tertulia sobre el ayer y el hoy de distintos oficios y tradiciones.

Solo escuchar algunas de sus expresiones dibuja sonrisas: «Ah, ¿que venís a hacernos fotos? Pues yo quiero hacérmela con el Rey, pero el joven, el otro es un putero», dice Tere (78 años). Pura espontaneidad. Después, coordinado y modulado por el equipo de terapeutas del centro Gonzalo de Berceo, comienza la actividad, en la que participan Tere, Carmen, Teodora, Mari Cruz, Mari, Antonina, Isidro, Petra, Aurora, Amelia, Águeda, Antonio y Josefa, muchos de ellos nonagenarios.

¿Ha cambiado mucho la vida? «Vaya que si ha cambiado, creo que a mejor, yo ahora tengo hasta ascensor en casa», recalca Teodora (84 años). Y llega la primera profesión a análisis: el sereno. «Uh, así se le llamaba, ‘serenoooo'», grita Petra al tiempo que aplaude imitando a cómo hacían con el sereno. «Pero se hacía más en las ciudades», opina el soriano Isidro (79 años). «En realidad ellos solo llevaban la llave de la calle, no la de cada vivienda», añade.

Siguiente profesión: el afilador. Levanta entusiasmo. «¡Afiladooooooor!», grita Aurora (93 años). «Te arreglaban todo, hasta un paraguas si hacía falta», le apuntan sus compañeros de tertulia. «Al principio iban en bici o carro, luego ya en moto», precisa Antonio (79 años). «Me acuerdo de cuando bajaba a que me afilaran las tijeras, porque yo cosía y las desgastaba bastante», rememora la casi centenaria Josefa, ‘la Pepa’, como le llaman en confianza.

La misma Pepa es de las primeras en opinar al hablar de otra profesión en cierto desuso: los herreros. «Mi padre era herrero, hacía herraduras para los caballos». ¿Y de los colchoneros que ha sido? «Le daban con una vara cada cierto tiempo», recuerdan, mientras se quitan la palabra unos a los otros. En los tiempos en los que la tecnología de los colchones está muy desarrollada con viscolástica, látex, muelles ensacados, etc., hablar de colchones de lana suena muy retro. «Pues eran cómodos. Es más, cuando hacía frío, eran muy calentitos», subraya Teodora.

El campanero, la fresquera, el lavadero, son otras de las tradiciones que se tratan. También se habla de barberos. «Ahora los que llevan barbas largas son ‘hipsters'», les explican las terapeutas. Los ojos de los abuelos se abren como platos. «En mis tiempos a los que llevaban los pelos largos eran hippies», añade Teo, que interpreta libremente el concepto. «Yo me acuerdo de los Beatles con sus melenitas», comenta Tere. «El Barbero de Sevilla», salta Isidro. Cada una con su percepción.

Costura, cocina… Muchos son los temas tratados. «Las abuelas de antes cocinaban mejor que lo que se cocina ahora. Porque, perdona que te diga, pero ahora es todo artificial», afirma Teo.

Y llega la conclusión. ¿Cómo recuerdan la figura de los abuelos en su época? «Lo primero que hacíamos era quitarle la boina». «Sí, y darle un beso». «Y sentarnos a su lado a escuchar sus historias». «Lo mejor que había era para el abuelo». Hoy lo son ellos y aunque las cosas hayan cambiado, siguen siendo la voz de la experiencia y la ternura.

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