La Rioja

El verdadero líder de Vox se destapa en Riojaforum

Vox tiene en sus filas a un líder capaz de levantar a los españoles como hacía tiempo que ningún político lo conseguía. Quizás Felipe González, según cuentan mis padres, pero yo ni idea de aquello. Toca la fibra y te entran unas ganas de votar a Vox que flipas. No puedes dejar de asombrarte a cada segundo y una extraña sensación recorre tu cuerpo. Tiene carisma y sabe lo que le gusta al público. Las manos se ponen inconscientemente a aplaudir y se te van hasta los pies. La fuerza de la patria brotando por los altavoces y resonando en el auditorio.

Al líder de Vox no le hace falta concretar ninguna propuesta electoral para enardecer a las masas. Hace un tiempo, el partido llegó a La Rioja para montar su primer acto. Fue una reunión de ocho personas con Ortega Smith en un bar de la calle Laurel. Unos años más tarde, han acabado llenando el Palacio de Congresos Riojaforum con más de 1.200 personas entre el público y otro par de centenares a las puertas. Las cosas de la política.

Como no podía ser de otra manera, el líder de Vox tuvo su ración de espontáneos para seguir cumpliendo esa teoría de la que hago bandera en esta precampaña electoral. No hay un acto político en la capital riojana sin espontáneo. Bien lo saben ya Pablo Casado, Pedro Sánchez, Adolfo Suárez Illana e Inés Arrimadas. Y todavía nos queda la visita de Pablo Iglesias, la cuadratura del círculo. Qué nervios.

Este martes, una veintena de jóvenes protestaron desde el otro lado de la acera -debidamente escoltados por la Policía Nacional- para decir eso de que «el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando» y que «los derechos no se negocian». Las respuestas al paso de los coches que salían del acto: «Perroflautas». «A trabajar, vagos». «Viva España». «Viva la policía». «Compraos un champú».

Grandes clásicos de ayer y de hoy que triunfan en mi querida España, esta España mía, esta España nuestra. Lo que gusta en Vox. Y lo saben. Tengo que reconocerlo en estas líneas: el líder de Vox me ha hecho cumplir un sueño que tenía desde mi más tierna infancia. ¿Quién no se ha imaginado sobre el césped de un campo de fútbol antes de empezar la final del Mundial mirando a unas gradas a reventar mientras suena el himno? Y entonces, mirar al cielo como Sergio Ramos, cerrar los ojos y sentirse el centro del universo.

Así cerró el acto Vox. Himno de España (el de toda la vida y no la broma perpetrada por Marta Sánchez) y silencio sepulcral en el respetable. Sólo le falló lo del «looo lo looo lo lo lo lo lo lo lo lo loooo loooo looo». Por lo demás, cumplido el sueño de ese niño que miraba a las gradas del Riojaforum con centenares de banderas rojigualdas ondeando para aclamar al líder supremo. Ni Jorge Cutillas ni Ortega Lara ni Santiago Abascal.

El líder de Vox es el tío que pone la música: Libre (Nino Bravo), el pasodoble La Bandera, ‘El Novio de la Muerte’ y Viva España (Manolo Escobar). Al menos, las que escuchó este plumilla a su llegada. Y ante los temazos, al respetable no le quedó otra que darse al movimiento de cadera agarrado, al taconeo, a las palmas y al canto a pleno pulmón. Ya que «nos estamos jugando España y el futuro de nuestros hijos», que la cosa nos pille bailando. Para eso, Vox tiene al mejor. ¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!

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