El Rioja

Bárbara Palacios: «Cada vez más mujeres tomamos decisiones en Rioja»

El relevo generacional que hay en el viñedo hace que cada vez sean más chicas las que lleven bodegas en Rioja

Alfareña, 39 años, tradición familiar con un apellido que marca y una mochila que ha recorrido medio mundo. Una viticultora del siglo XXI que reivindica el papel de la mujer en el mundo del vino. Sin retórica barata, con hechos. Desde Briones, Bárbara Palacios muestra que, a la hora de hacer buen vino, la pasión, el talento y la preparación no distinguen entre sexos.

«Empecé en esto porque venía de una familia metida en el vino, concretamente de Alfaro», apunta Bárbara, «me fui a Francia y estudié una formación profesional enfocada a la viticultura y la enología. Volví y me enamoré de un viñedo familiar en San Felices que había sido de mi abuelo. Mi padre estaba dudando si venderlo y, claro, surgió la pregunta: «¿Lo vendo o te vas a dedicar a esto?». Siete hectáreas de tempranillo y merlot a los pies de los Riscos de Bilibio, un viñedo hecho para disfrutarlo.

«Mi padre creyó mucho en él y se lo quedó. Llegó un momento en el que tenía que tomar determinaciones y pensé que esa joya no se podía ir de casa, y ahí me comprometí a seguir adelante, ¡la decisión de mi vida! Corría el año 2001». Pero la trotamundos que lleva dentro se resistía a parar, «Burdeos, Napa Valley, Toscana, Australia, Nueva Zelanda, Argentina… Volví a Francia para ampliar estudios. Pero sentía que el reloj ya no corría como antes, que era el momento de hacer mi vino». Joven y suficientemente preparada decía el anuncio, ¿no?

«En 2008 me instalo en Briones y empieza todo. Vuelvo a mi viñedo de Haro, al Carasol de Los Riscos, un viñedo donde reina la merlot». Un valor diferencial que caracteriza su vino, «es quizás la variedad que más conozco, he trabajado con merlot en medio mundo y lo manejo bien. En casa lo plantamos cuando dentro de la DOCa se permitieron variedades experimentales. Y el tipo de suelo del viñedo de Haro, arcillo calcáreo y con pH bajos, le recordaron a mi padre a Saint-Émilion y por eso decidió plantar merlot allá».

«Esta variedad es muy elegante, con gran acidez y frescura, y complementa perfectamente al tempranillo. Cataba depósitos de tempranillo y veía que con un toque de merlot mejoraba mucho porque equilibraba el vino. El Carasol está a más de 500 metros y es muy fresco, si trabajas con merlot en zonas cálidas haces mermelada».

Las chicas son guerreras

Cuando habla del papel de la mujer en el mundo del vino, Bárbara sonríe. No sé cómo interpretarlo, si como un aviso a navegantes de que están llegando para quedarse o de desilusión: «Al final depende de los países. Con los anglosajones hay menos diferencias entre mujeres y hombres, y en los latinos todavía sigue abierto un enorme hueco con nosotras. Por ejemplo, en Chile que una mujer cogiera un canasto y se lo echara a la espalda era simplemente inconcebible».

En Francia e Italia las diferencias son menores, aunque en el país trasalpino aún se mantienen algunas reticencias, pero en Francia la mujer está dentro del mundo del vino y se ve como algo normal: un tema de culturas. La italiana y la española están más cercanas. «Sí, me duele, me duele entre comillas, el concepto asociado de mujer a laboratorio y hombre a bodega. No termino de entenderlo, a mí por ejemplo me gusta mucho más la bodega. El laboratorio hay que hacerlo, punto. Pero por mí dame bodega y dame campo. Es quizás el punto que más me puede fastidiar, aunque claro, en mi caso aparte de ser el jefe, soy el obrero. En bodegas pequeñas es lo que toca, tengo que hacer laboratorio, bodega y campo. Hay que hacer de todo».

«Aquí en Rioja hay determinados temas de campo que prefiero que vaya mi encargado porque si voy yo a veces se me toma por el pito del sereno”, la boca abierta se le queda al periodista que firma, ¡a estas alturas!, “no te asustes Fernando, eso sigue pasando y prefiero que vaya él, aunque también te digo que el relevo generacional que hay en el viñedo de esta tierra hace que cada vez seamos más chicas y que cada vez importe menos el sexo. Porque una cosa es cierta: cada vez somos más las mujeres que llevamos bodegas y tomamos decisiones en el mundo del vino».

Y en la calle también lo hacen. Como cada año, la Asociación de Mujeres Amantes de la Cultura del Vino (Amavi) realiza una encuesta para determinar los hábitos de consumo de las mujeres y la última revela unas cuantas sorpresas. «Los sondeos indican que las mujeres prefieren mayoritariamente el vino tinto (44 por ciento), frente a un 28 que opta por el blanco, lo cual es muy representativo de lo que está pasando», detalla la encuesta de Amavi.
Y no sólo eso. Según el informe, «el 78 por ciento se encargan de su compra y un 59 lo consume una o dos veces por semana. El enfado surge cuando únicamente el 4 por ciento de las encuestadas afirma que se les ofrece la carta de vino en primera instancia en los restaurantes». Desde Amavi se reivindica la igualdad de género en el mundo del vino. Hay camino por delante, pero los primeros pasos se dieron hace tiempo. Toca seguir bregando y luchando.

Y en esa brega se encuentran mujeres ilustres, de tremenda importancia en el panorama vitivinícola nacional, como la recién nombrada Master of Wine Almudena Alberca. Y en Rioja nombres como Elena Adell, María José López de Heredia, Cristina Forner, María Vargas, Carmen Enciso -por poner unos ejemplos-, imponen, pero Bárbara recuerda a otras más jóvenes y más cercanas a su realidad: «Cada día estamos más mujeres. En Rioja tengo mucha relación con Eva Valgañón y Sandra Bravo porque colaboramos en Rioja’n’Roll, pero hay muchas más como María Martínez de Patrocinio, Vanesa Insausti de Solar Viejo, Berta Valgañón con Pretium; son las jefes y mueven la bodega. Hablo mucho también con Adriana Ochoa en Olite y con Ana Cannan en Priorato. Me vienen a la cabeza las chicas de CVNE con María Larrea al frente… Cada día somos más».

Veo que esta joven enóloga asentada en Briones ya únicamente mira al frente, en la lucha del día a día de su bodega Barbarot Wines. A Bárbara le cuadran las palabras de Juan Benet: “En la vida, como en el ajedrez, las piezas mayores pueden volverse sobre sus pasos, pero a los peones sólo les queda avanzar”. Y ahí está Bárbara, en el camino que acaba de empezar con determinación, el suyo y el de cada vez más mujeres que marcan el ritmo de muchas bodegas en Rioja. El vino entiende de gustos, de compromiso y de sensibilidades, pero no de sexos.

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