El Rioja

Hoy vendimiamos… tempranillo blanco

El tempranillo blanco ha traído a Rioja singularidad y diferenciación. Bodegas Piérola ha apostado por esta variedad

Estamos en Moreda acompañando a la cuadrilla que vendimia la finca de blanco que Piérola posee junto a su bodega. “El mejor tempranillo blanco de la casa”, sostiene Carlos Bujanda. Y le creo. Tras un intento de vendimia abortado por la tormenta que anegó Rioja Alavesa hace un par de semanas, por fin la climatología ha permitido la recogida de la uva.

Bodegas Fernández de Piérola nació en 1996 con la intención de elaborar las 50 hectáreas de viñedo que la familia Bujanda posee en Moreda, Yécora y Labraza. Con ellas llegan a bodega unos 300.000 kilos de uva que, junto a la que aportan una treintena de agricultores que ya son prácticamente “de la casa”, suman el millón de kilos que trabaja. “Es justo reconocer la labor de estos hombres que colaboran con nosotros desde hace años porque el 2018 que hemos pasado ha exigido un esfuerzo enorme. Parte del éxito de Piérola se debe a ellos”.

“Hacemos blancos y tintos”, nos cuenta Carlos Bujanda, “pero estamos particularmente orgullosos de la apuesta que hicimos en su momento por el tempranillo blanco”. No sólo de tempranillo vive el hombre, también trabajan las variedades blancas habituales de la zona, la malvasía y la viura, pero es la recién llegada la que le enamora: “Cuando la probé la primera vez en la etapa de experimentación con Juan Bautista Chávarri en la Bodega Institucional de La Grajera, descubrí que tenía algo especial, me aportaba algo de lo que hasta entonces carecíamos. Tuve la sensación de estar ante una puerta abierta para empezar a ser competitivos en el mercado de vino blanc”.

El Consejo la define como una variedad “de color amarillo verdoso, el aroma se describe como varietal característico, afrutado intenso a plátano, cítricos y frutas tropicales, y también floral y terpénico. El paladar es equilibrado, con estructura y persistencia media-larga”. Su crecimiento es sostenido y actualmente las 708 hectáreas cultivadas suponen un 11,7 por ciento del total del blanco de la DOCa.

Mientras los vendimiadores trabajan a destajo corquete en mano, paradojas de la vida, Carlos y yo charlamos sobre las cualidades de esta mutación nacida en 1988. “Singularidad aparte, es una variedad blanca mucho más expresiva de lo que teníamos. Ofrece una potencia aromática que con la viura de ninguna manera obteníamos. Tipicidad aromática y sensorial, que cuando entra en boca la llena con volumen, es un blanco graso. Por tanto compagina dos grados fundamentales para tener éxito: potencia y tipicidad aromática y una gran boca. Yo creo que el volumen viene de su alma mater, el tempranillo tinto. Estamos encantados”.

Veo a lo lejos que la cuadrilla hace un alto para echar un trago y tomar un bocado, me quedo más tranquilo. “Con la gente estamos haciendo pedagogía ya que de momento no hay conocimiento en el mercado de ella. Llevamos luchando hace ocho años y queremos que el aficionado sepa que desde Rioja existe una variedad novedosa e interesante que cubre un campo por descubrir. Hemos aprendido de otras añadas y hay variabilidad con tempranillos de otras bodegas. Estamos creciendo juntos”.

“La añada pasada hicimos 50.000 botellas, y para ésta queremos llegar a las 80.000 porque la vendimia llega más generosa y las viñas nuevas están entrando en producción. Nosotros somos de las primeras apuestas en Rioja por el tempranillo blanco, en 2009 plantamos unas cinco hectáreas. Ahora trabajamos con alguna más porque hemos animado a nuestros agricultores a confiar en ella”.

Entiendo a Carlos cuando afirma convencido que vender algo propio, singular, no es lo mismo que entrar en mercados con algo que ya existe y que otras denominaciones manejan desde hace años, “en el extranjero cuando les hablamos de esta variedad te escuchan, despiertas un interés que con un chardonnay o un verdejo no ocurriría. Les explicas que es una mutación natural del tempranillo tinto y te responden, “¿qué me está contando?”. Y si luego el vino cumple ya tenemos un canal de comercialización abierto, porque al final lo que los mercados quieren es singularidad. Si te presentas en Chicago con un chardonnay de Rioja te responden que prefieren un Loira o un Borgoña”.

Lógico, la verdad es que tiene toda la lógica del mundo. Lo dicho, a trabajar con el tempranillo blanco y la trilogía que este bodeguero asegura que trae el éxito: trabajo, calidad y singularidad. ¡Suerte!

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