El Rioja

“De las frescas noches de octubre nacen grandes vinos”

La cosecha pasada fue imposible, un inusual adelanto de la vendimia cercano a las tres semanas hizo que el viñedo riojano apenas catara los beneficios del frescor de las noches de octubre. Pero este año es otra cosa, a pesar de los sustos que el cielo nos está trayendo con chaparrones copiosos e inesperados, la vendimia va a entrar de lleno en el mes de Libra y rara será la uva tinta que se recoja antes de que finalice septiembre.

Todo son beneficios, estrés mental del viticultor aparte. Una cosecha lenta, escalonada, sin otros sobresaltos que las tormentas que llegan tan rápido como se van. ¡Pero que no llueva más! Es lo que se conoce como la amplitud térmica en el viñedo. Uno más de los condicionantes, todo suma, para conseguir la máxima calidad del fruto.

Resulta muy fácil de entender: la amplitud térmica puede definirse como la diferencia de grados existente entre la temperatura máxima del día y la temperatura mínima de la noche. Esta variación influye de manera muy positiva en la uva recogida y en la capacidad de retención de azúcares y antocianos que quedan en el fruto al reducirse el metabolismo nocturno.

Pero todo ello teniendo en cuenta una variable, variación térmica apreciable siempre que la temperatura nocturna sea fría. No vale una transición de 20 grados si el termómetro por la noche llega a los 25 grados. Valen, por poner un ejemplo que todos vamos a entender, las noches de Haro en las que el personal saca siempre su chaqueta porque “va a refrescar”. Esas son las buenas.

La importancia de la oscilación térmica

En términos académicos: “Durante el día, con temperatura altas, la planta lleva a cabo la fotosíntesis de hidratos de carbono y estimula su metabolismo de antocianos. Por la noche, con la ayuda de las bajas temperaturas, la vid se frena y descansa guardando en las bayas los compuestos producidos durante el día sin que los consuma durante las horas lunares. El contraste entre el calor diurno y el frescor nocturno es altamente beneficioso para la calidad de la uva”.

En resumidas cuentas:

  • Calor diurno y nocturno: buen nivel de azúcar, alto grado alcohólico, pero baj acidez, escaso color y poca cantidad de taninos.
  • Frío diurno y nocturno: mala maduración de las uvas. Calidad mediocre.
  • Frío diurno y calor nocturno: bajo nivel de azúcar, aroma y color escaso. Baja calidad.
  • Calor diurno y frío nocturno: el ideal. Buen nivel de azúcares, alta acidez y notable color y aromas.

Valga como colofón la frase de Luis Valentín, de la Compañía Bodeguera de Valenciso: “En Ollauri los abuelos, que son los que más saben, siempre han dicho lo mismo, de las frescas noches de octubre nacen grandes vinos”. Dicho queda.

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