San Bernabé

El ‘Arco de San Bernabé’, pelado un año más en cuestión de minutos

A todo el mundo le parece mal pero todos los años pasa. Ya no hay quien pare una de las peores tradiciones de la fiesta logroñesa. En cuanto termina el primer banderazo bajo el arco de San Bernabé y pasa la comitiva, logroñeses y visitantes se lanzan a por las ramas de boj como si en ellas se escondiera algún secreto centenario. Basta con que cruce el último músico de la banda para que se abra la veda.

La escena se repite año tras año con una mezcla de asombro para algunos, resignación para otros y un pelín vergüenza ajena para casi todos. En cuestión de minutos, el arco pierde buena parte de su decoración vegetal y queda con un aspecto bastante desangelado, lejos de esa imagen festiva que buscan quienes se acercan después para hacerse una fotografía. La situación ha obligado incluso al Ayuntamiento a instalar vallas en los días previos a la procesión para evitar que las ramas desaparezcan nada más ser colocadas por los operarios.

Entre quienes observan la escena se repiten cada año las mismas preguntas: qué valor tiene realmente ese boj, por qué hay tanta prisa por arrancarlo y cómo una decoración pensada para embellecer el arco acaba convertida en botín improvisado. También se escuchan lamentos de quienes llegan unos minutos más tarde y se encuentran con una estampa mucho menos vistosa de la que esperaban y además se quedan sin la foto tradicional.

Las explicaciones populares, como suele ocurrir en estos casos, van de lo práctico a lo casi milagroso sin demasiadas paradas intermedias. Hay quien atribuye a las ramas algún tipo de protección, quien las guarda como recuerdo y quien simplemente se las lleva porque lo ha visto hacer siempre. Difícil ponerle remedio a estas alturas.

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