Tú ya lo sabías. Nosotros lo sabíamos. Y poco a poco el planeta gastronómico comienza a abrir los ojos ante las bondades del chorizo riojano. Dulce o picante, a gusto del consumidor, con su tradicional forma de herradura y su característico color rojo oscuro, una rodaja seduce a los paladares más exigentes. Bien sea el de un prestigioso gourmet o el de alguien que sabe valorar la potencia de los sabores más populares.
Poca broma con el chorizo riojano, que tiene su propia Indicación Geográfica Protegida (IGP) y ya es, oficialmente, el 88º mejor producto cárnico que puedas encontrar en el mundo. Así lo reconoce Taste Atlas, que se rinde a la autenticidad de un producto humilde en sus orígenes que, por derecho propio, se codea con el jamón ibérico, la ‘Nduja calabresa o el salami napolitano.

La guía gastronómica -que clasifica más de 11.000 platos tradicionales, más de 6.500 ingredientes locales y casi 24.000 restaurantes a lo largo y ancho del globo terráqueo- destaca que el chorizo riojano «tiene un sabor intenso y equilibrado, con sabores pronunciados únicamente de pimentón y ajo». Su textura «suave y tierna, acompañada de su jugosidad, gracias al equilibrio entre los cortes magros y grasos de la carne», no deja indiferente a quien se lo echa al estómago.
Taste Atlas admite, en resumen, que nada iguala la autenticidad de un producto artesanal elaborado «con los mejores cortes de cerdo (…), realizando por separado cada paso del proceso». El toque final lo pone el clima riojano, seco y frío, perfecto para la perfecta curación de un producto elevado a la categoría de delicia singular.
Eso, y un respeto inquebrantable al pasado, porque «aquí se hace el chorizo de la forma que se hacía ancestralmente, con la misma receta y el mismo método tradicional», como subraya Alejandro Miguel, presidente de la IGP.


