Las piscinas municipales de Alberite han tenido que cerrar temporalmente después de que este martes se detectara la presencia de heces en el agua. El incidente ha obligado al Ayuntamiento a activar el protocolo de autocontrol previsto para este tipo de episodios y a desalojar de inmediato el vaso afectado.
La actuación ha incluido la retirada segura de los residuos visibles por parte del personal de mantenimiento y el tratamiento necesario para restablecer los parámetros de calidad del agua. Las instalaciones no podrán recuperar la normalidad hasta que los controles confirmen que el baño vuelve a ser seguro para los usuarios.
La alcaldesa de Alberite, Esperanza García, ha lamentado las molestias causadas a los bañistas, especialmente durante una semana marcada por las altas temperaturas. «Lamentamos las molestias a todos los usuarios de estos actos incívicos, por no poder acceder a este servicio tan necesario en estos momentos», ha señalado.
García también ha dirigido un mensaje a la persona responsable del episodio. «Le pedimos respeto a las demás personas que hacen uso de este servicio», ha subrayado la alcaldesa.
El suceso vuelve a poner el foco sobre el denominado ‘reto fecal’, una práctica repulsiva difundida a través de las redes sociales que anima a defecar en piscinas públicas o comunitarias. Aunque por el momento no se ha acreditado públicamente la autoría ni la motivación de este caso concreto, el episodio presenta las mismas consecuencias que otros actos vinculados a este fenómeno: desalojo, cierre, tratamiento del agua y perjuicios para el conjunto de los usuarios.
No es el primer incidente de estas características registrado este verano en el entorno riojano. En Agoncillo, el Ayuntamiento tuvo que desalojar sus piscinas en tres ocasiones en menos de quince días por la aparición de heces en el agua. La reiteración llevó a la alcaldesa, Encarna Fuertes, a denunciar públicamente una conducta «incívica» y peligrosa para la salud.
También los bañistas de Oyón sufrieron el cierre temporal del vaso principal de sus piscinas municipales a finales de junio por un episodio similar. La instalación permaneció clausurada hasta que las labores de limpieza, desinfección y los análisis confirmaron que el agua cumplía de nuevo las condiciones sanitarias.
La presencia de restos fecales obliga a actuar de inmediato porque puede alterar la calidad del agua y entrañar riesgos sanitarios. Por ello, los responsables de las instalaciones deben cerrar el vaso afectado, aplicar los tratamientos correspondientes y comprobar que los parámetros vuelven a ser adecuados antes de permitir el regreso de los bañistas.


