En vista de que no nos hacen caso cuando llamamos a la Policía por los ruidos que nos impiden dormir en el casco antiguo, un grupo de residentes allí le hemos pedido al alcalde que, al menos, hagan inspecciones para comprobar que la gran mayoría de ellos no cumplen las condiciones de aislamiento acústico ni de seguridad exigidas (no hace mucho se cayó parte del techo y la pared de uno y sigue abierto). Resultado: cara de interés y buenas palabras pero más de lo mismo.
Tenemos unos políticos que cuando se les dice algo sólo escuchan bla, bla, bla…, se hacen la foto con cara de «yo me preocupo de la gente» y siguen su camino rodeados de su séquito de asesores y fotógrafos hasta la siguiente foto. No se dan cuenta que muchos ciudadanos estamos tan desencantados y hartos de ellos que ya hemos llegado a un punto en que cuando oímos hablar a un político sólo escuchamos bla, bla, bla…
Y yo me pregunto: ¿tiene que ocurrir una desgracia para que alguien tome medidas? ¿Por qué les permiten dejar las mesas y sillas de las terrazas en la calle al cerrar cuando deberían guardarlas en su local? ¿Qué interés se esconde detrás de proteger tanto a estos bares? La respuesta no está en el viento, como diría Bob Dylan, sino que a la vista de la situación nacional algún Aldama la sabrá.
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