La Rioja

El SIAR afina el campo riojano desde La Grajera

El campo riojano también se decide mirando al cielo, pero cada vez menos a ojo y más con datos. El Servicio de Información Agrolimática de La Rioja (SIAR) se ha consolidado como una herramienta de referencia para los agricultores, especialmente a la hora de planificar el riego, ajustar los tratamientos y reducir la incertidumbre ante los fenómenos meteorológicos. La mejora continua del servicio permite tomar decisiones con información climática actualizada y validada.

Desde sus instalaciones en la finca logroñesa, el SIAR gestiona una red formada por 23 estaciones repartidas por La Rioja. A través de ellas se recogen datos meteorológicos como temperatura, humedad, precipitación, radiación solar, velocidad del viento o humedad del suelo, entre otros parámetros. Toda esa información se pone a disposición del sector agrario para que las explotaciones puedan ser más eficientes, más rentables y estén mejor preparadas frente a los cambios del tiempo, que tantas veces condicionan el trabajo diario en el campo.

La red no solo analiza la información, basada en datos científicos y corroborados, sino que se encuentra en un proceso permanente de mejora para adaptarse a las nuevas necesidades de la agricultura. Aunque ya se facilitaban datos desde 1998, el SIAR nació como servicio en 2005 y, pese a ser todavía poco conocido fuera del sector, se ha convertido en uno de los pilares técnicos para muchos agricultores riojanos. La consejera ha puesto en valor tanto el capital humano como el tecnológico que permite seguir incorporando avances.

Uno de los ámbitos en los que el SIAR ha ganado peso es la prevención de incendios. El servicio es uno de los actores fundamentales en la Red Agroforestal de Alerta, ya que ayuda a determinar las condiciones en las que pueden realizarse labores agrícolas durante la temporada de riesgo. Esta información resulta clave para saber cuándo conviene extremar la precaución, limitar determinados trabajos o adaptar la actividad a las condiciones reales del terreno y de la atmósfera.

Como novedad, este año se ha incorporado un geovisor que permite a cada agricultor conocer las limitaciones existentes en una parcela concreta. La herramienta facilita una información más precisa y adaptada a cada explotación, algo especialmente útil en una agricultura que necesita reaccionar rápido y trabajar con márgenes cada vez más ajustados. En definitiva, el SIAR sigue afinando su papel como brújula climática del campo riojano: menos intuición, más datos y mejores decisiones.

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