Agricultura

La cosecha del cereal avanza en La Rioja con el peso del calor

La cosecha del cereal avanza en La Rioja con el peso del calor

Foto: Leire Díez

La cosecha del cereal que ya avanza por las zonas más tardías de La Rioja ha estado marcada, sin duda, por los incendios agrícolas que se han sucedido desde los primeros días del verano en la comunidad. El último, de hecho, originado este mismo miércoles en Foncea, a pocos metros del casco urbano, y que ha sido controlado por los agricultores, primero, y los bomberos.

Esta cosecha ha estado marcada, además, por las restricciones del Gobierno de La Rioja fijadas ante el elevado riesgo de incendios. Un año en el que se ha estrenado un mapa que ofrece un servicio de geovisor para informar de las limitaciones por parcela de forma detallada y con actualizaciones periódicas a lo largo del día.

Estos avisos, llegados a los teléfonos móviles de los agricultores, han obligado a cesar la actividad en varias ocasiones por encontrarse dichas fincas en el nivel rojo (prohibido realizar labores agrícolas). Alfredo Galar es uno de esos labradores que durante las horas centrales del día ha tenido que parar su máquina después de haber apurado en las primeras horas de la mañana a segar varias fincas en la zona de Briones.

«Cuando estamos en nivel naranja podemos cosechar, pero llevamos siempre un cuba con agua, tal como marca la norma», explica este agricultor que lleva prácticamente una semana de cosechas.

A falta de un balance final cuando concluya la campaña, apunta que este año el trigo está saliendo «muy flojo, con poco peso específico». En el caso de la cebada esta luce «un poco mejor, pero con un grano también mermado». «El campo venía muy bueno, pero el calor de abril y de mayo lo pasmaron, lo adelantaron y lo dejaron paralizado, así que no están saliendo kilos y nosotros estamos en secano, pero en regadío el campo se ha comportado parecido».

Momento de cosecha en una finca de la zona de Briones.

Una vez concluya con el cereal, Galar tiene por delante la cosecha del garbanzo, que también viene adelantado, y la de la lenteja, que también está casi seca. «El calor ha adelantado mucho el ciclo del garbanzo y si de normal lo cosechamos a finales de agosto o principios de septiembre, este año se va a hacer en julio seguro. Lo de este año nunca se ha visto, porque tienen ya un color amarillo, algo exagerado», recalca.

Al otro lado de la región, en Grávalos, David Escudero tiene por delante las últimas jornadas de una cosecha también adelantada en esta zona de La Rioja Baja. «Otros años empezamos hacia San Fermín y esta vez estamos casi acabando». Su jornada también funciona este año en función de esos niveles de restricciones: «Ahora, por ejemplo, estamos parados y el día anterior paramos sobre las dos de la tarde, pero también empezamos antes. Igual hacia las siete de la mañana ya estamos cosechando porque con este calor no sale humedad».

Las previsiones que tenía de una «cosecha flojilla» se han cumplido: «Durante el año ha llovido poco y las últimas aguas de mayo fueron las que hicieron algo de cosecha. Los rendimientos medios rondan los 4.000 kilos por hectárea, algunas un poco más y otras con un poco menos, aunque con la cebada yo estoy más contento. Al triticale, en cambio, le ha cogido más el sol y ha perdido peso. Además, apenas estamos sacando paja».

Momento de cosecha en una finca de la zona de Grávalos.

En cuanto a los precios, Escudero confía en un mejor comportamiento que el año anterior. «Aunque estoy cogiendo menos kilos que el año pasado es probable que el balance nos salga como el año pasado en cuanto a precios porque en 2025 vendimos el grano muy barato. Ahora todavía es pronto porque estamos en plena cosecha, pero si subirían algo los precios igual nos quedamos hasta mejor. Al final, teniendo la posibilidad de guardar y vender cuando tú quieras, eso te deja un poco más de margen», valora.

Quien ya ha acabado la cosecha 2026 es Sergio Gutiérrez. Desde el 18 de junio y hasta la primera semana de julio ha estado segando fincas en Corera y, ahora, con el corte de la máquina ya limpio, hace balance de la campaña: «Lo que lo que se sembró temprano, hacia noviembre o diciembre, está bastante mejor que lo que se sembró tarde, a finales de diciembre o ya entrado enero, donde los los últimos calores hicieron más daño justo antes de cosechar. Al final las que se sembraron antes ya estaban más granadas y no les afectó tanto las altas temperaturas».

En cuanto a los rendimientos que le ha dejado el cereal este año, apunta que «la campaña no ha ido mal, aunque nada parecido a lo bien que fue el año pasado». La cosa varía en función de esas fechas de siembra, «con unos 900 kilos por fanega en la cebada y unos mil en el trigo (entre 4.500 y 5.000 kilos por hectárea), en lo que se sembró pronto, frente a los 600 kilos por fanega (3.000 kilos por hectárea) que ha podido dejar lo tardío».

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