Apenas se escucha algún que otro coche o tractor atravesar la que se conoce como la M-30, una de las calles que rodea el casco urbano de Corera. A lo lejos, los más pequeños disfrutan de una tarde de viernes en el patio de la escuela. Por lo demás, silencio absoluto. Vivir en el pueblo siempre fue la primera opción para Sandra Rodríguez y Eduardo Sáenz. Aunque ella se crió en Logroño, su segunda casa estaba en un pueblo de menos de 300 habitantes. “La libertad que hay aquí es la mayor ventaja. Eso no lo cambiamos por nada”. Naturales de Corera y Ausejo, respectivamente, esta pareja comenzó su convivencia en un piso de alquiler en Corera en febrero de 2018 con la vista puesta en una casa, “con su patio y su jardín”. Un alojamiento, sin embargo, que se convirtió en vivienda hasta el mes de marzo de 2025 y es que la búsqueda de su residencia definitiva se prolongó más de lo esperado.
“Quién nos iba a decir que la pandemia la pasaríamos viviendo en un piso pese a estar en un pueblo”, recuerdan entre risas. “Primero, valoramos la idea de meternos en una nueva construcción. Compramos el terreno y valoramos diferentes presupuestos para hacer una casa, pero conforme pasaba el tiempo los precios iniciales que nos dieron no tenían nada que ver con los que nos daban después. Se dispararon todos los materiales y demás costes, así que tuvimos que desechar esta opción, era inviable”, apunta Sáenz.

A partir de entonces comenzó otra ardua tarea: la búsqueda de una vivienda de segunda mano en un pueblo donde apenas hay oferta con unas condiciones para entrar a vivir, es decir, que no requirieran una reforma integral. “Sí había algunas viviendas en venta en buen estado, pero no contaban siquiera con un pequeño patio o jardín, que era uno de nuestros requisitos, así que nos costó un poco conseguirlo. Incluso también había otras construcciones sin cédula de habitabilidad”.
Pero finalmente la pareja logró comprar una casa con todas sus preferencias, además de “sin vecinos y con buenas vistas”. La suya es una de las siete solicitudes que ha recogido el Ayuntamiento de Corera para el programa del Plan Revive que promociona la vivienda en el medio rural para menores de 45 años. “Es un impulso importante contar con esta ayuda, sobre todo para animar a quienes estén pensando en vivir en el pueblo o no. Nosotros lo teníamos claro desde el principio, pero este programa ayuda a decantarse por los pueblos”, apuntan. En su caso, solicitaron la ayuda un mes antes de efectuar la compra de la casa, que fue en febrero de 2025, mientras que no recibieron la cuantía de la misma hasta el pasado mes de diciembre.

En todo este proceso de localizar una casa definitiva en Corera había otro factor determinante para confiar en una vida en el pueblo: su hijo Nico. Este próximo mes de septiembre comenzará su nueva etapa en el segundo ciclo de Educación Infantil en el colegio de la localidad. “El hecho de que hubiera colegio fue clave a la hora de decidir vivir en Corera, además con un servicio de comedor, que siempre facilita la conciliación laboral y familiar. Al final si no hay un centro escolar, por mucho que pueda pasar un autobús que te lleve a otro destino o a Logroño, puede que nos hubiéramos decantado por otro pueblo”, reconoce Rodríguez.
“Además, otro punto positivo es que aquí no hay problemas en la matriculación. Este año Nico es el único niño que entra en el colegio y la plaza está asegurada. En este último curso hay 17 matriculados, pero es cierto que hay varias alumnas en sexto de Primaria que acaban en junio, así que la cifra bajará de cara al próximo curso. Lo que está claro es que como en los pueblos los niños no se crían en ningún otro sitio. Aquí tienen otra libertad, aprenden y experimentan de otra forma, estando más en la calle, en contacto con la naturaleza. Es diferente y, a nuestro parecer, mucho mejor”, sentencian.

En este sentido entran en juego las extraescolares, un factor del que carecen muchos pueblos pequeños como es este. “Es evidente que no podemos tener la misma oferta que en las ciudades, pero si no es en Corera, siempre podemos llevar a los pequeños a localidades cercanas como puede ser Pradejón o Murillo. En invierno es más complicado porque con mal tiempo no puedes salir al parque y no hay mucho más que hacer, así que toca quedarse a jugar en casa porque no hay más opciones. Pero por contra, aquí cualquier tarde pueden ir a ver animales que tiene algún vecino o cogen las bicicletas o los patinetes y están recorriendo el pueblo… La existencia de otros servicios básicos como farmacia, centro médico, tienda de alimentación y bar completan las necesidades diarias que puedas tener. Además, yo he tenido suerte porque mis amigos también viven en Corera y eso es un aliciente también”, apunta Sáenz.
En su caso, su trabajo está un centro de estética en Logroño, mientras que Sáenz gestiona junto a su hermana una granja de pollos en Ausejo, pero el traslado a diario a la capital no supone un problema. “Es más, pierdo más tiempo en aparcar en la ciudad que lo que tardo en ir de Corera a Logroño, un tiempo que también tendría que asumir posiblemente aunque viviera en Logroño si mi residencia estuviera lejos de mi lugar de trabajo. Además, aunque trabaje en Logroño nunca me he planteado vivir en pueblos del entorno metropolitano como puede ser Villamediana. Al final si tengo que coger el coche sí o sí, igual me da conducir quince minutos más para llegar a Corera. Y aunque gaste más en llenar el depósito del coche, compensa por la tranquilidad que tenemos aquí”, recalca.


