La Rioja

Los riojanos también pasan a cuartos desde Dallas

Los riojanos que todavía acompañan a España en Estados Unidos viven el Mundial con una mezcla de cansancio, emoción y confirmación de que sus sensaciones eran las que esperaban desde un principio. El viaje empieza a hacerse largo, los kilómetros pesan y cada ronda obliga a rehacer planes, buscar vuelos, cambiar hoteles y estirar el bolsillo. Pero mientras la selección siga viva, allí seguirán algunos. Menos que al principio, sí, pero siempre aparece alguno. «Unos van, otros vienen, pero siempre te encuentras a algún riojano por aquí», resume Pini, uno de esos aficionados que cruzó el Atlántico para seguir a España mientras dure la aventura mundialista.

Y este lunes de nuevo Mikel Merino. Otra vez en el último suspiro. El centrocampista volvió a darle a España una alegría agónica, como ya hizo ante Alemania en la Eurocopa. «Otra vez Mikel Merino, como en Alemania», resume Pini.

Cada ronda que supera España alarga también el viaje de los aficionados. En la fase de grupos era más fácil encontrar riojanos en las sedes por las que pasaba la selección, pero ahora el paso de los días, los desplazamientos internos y el coste de la aventura han ido reduciendo la presencia. Aun así, el pequeño acento riojano sigue apareciendo entre camisetas rojas, banderas y planes improvisados. Pini ya está instalado en esa rutina de quien vive pendiente del próximo partido, de la próxima ciudad y de no tener que volver antes de tiempo.

El duelo ante Portugal ha sido para él de los que se sufren con todo el cuerpo. «He tenido un nudo en el estómago todo el rato», reconoce. Aunque asegura que tenía la sensación de que España iba a ganar, el camino hasta lograrlo ha sido cualquier cosa menos tranquilo. «Lo he pasado bastante mal, pero ha sido todo muy emocionante. España ha jugado bien», explica todavía con el pulso del partido reciente y antes de meterse a dormir.

Para los riojanos que siguen allí, la experiencia va mucho más allá del fútbol, aunque el fútbol lo ocupe casi todo. Cuando no hay partido, toca hacer turismo «rápido y fácil», sin perder demasiado de vista la siguiente cita. «La mayoría del tiempo estamos pendientes del fútbol; el día que no es un partido, es otro», cuenta Pini. Muchos aficionados llevan ya casi un mes en Estados Unidos y en ese camino ha descubierto también apoyos inesperados. «Salvo los aficionados de los países que van quedando, el resto va con nosotros. Lo de los mexicanos es increíble: van a muerte con la selección».

Las sensaciones, además, han ido creciendo con el torneo. «Estamos yendo de menos a más», apunta el aficionado riojano, que no puede evitar comparar lo que está viviendo con otro viaje que acabó en gloria. «Me recuerda mucho al mundial de Sudáfrica. Parece que está clavado; ojalá termine igual». La memoria del Mundial de 2010 aparece inevitablemente cuando una selección gana sufriendo con Portugal, crece con los partidos y empieza a transmitir esa sensación de equipo difícil de tumbar.

Pero en un Mundial nadie se permite mirar demasiado lejos. «No piensas nunca en que al día siguiente puedes estar haciendo las maletas», dice Pini. La aventura continúa, aunque el desgaste se note. Entre los rivales que quedan, hay uno que impone especialmente entre la afición riojana desplazada a Estados Unidos: Francia. Esa es, hoy por hoy, la selección que más miedo da.

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