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España-Portugal en octavos de un Mundial: aquella otra noche con un riojano en el banquillo

España-Portugal en octavos del Mundial: el dulce recuerdo de Sudáfrica con otro riojano en el banquillo

Fernando Llorente releva a Torres en el España-Portugal del Mundial de Sudáfrica. | FOTO: RFEF.

España y Portugal, un Mundial y unos octavos de final. Una combinación saca una sonrisilla juguetona a cualquier riojano aficionado al fútbol. Este lunes (21:00 horas) la selección de Luis de la Fuente vuelve a cruzarse con el equipo luso en una eliminatoria mundialista, con el billete a cuartos sobre la mesa y con un riojano al mando del camino hacia la segunda estrella. La escena remite inevitablemente al 29 de junio de 2010, cuando otro riojano, Fernando Llorente, apareció desde el banquillo para cambiar un partido que se le estaba atragantando a la España de Vicente del Bosque.

Entonces no había segunda estrella que perseguir, sino una primera que todavía parecía inalcanzable. España venía de ganar la Eurocopa de 2008 y de cambiar el lenguaje del fútbol con su estelar colección de centrocampistas, pero el torneo de Sudáfrica había empezado con un golpe seco ante Suiza y el Mundial avanzaba por el alambre. En Ciudad del Cabo esperaba Portugal, con Cristiano Ronaldo al frente, un bloque físico y correoso, y un partido de octavos que durante casi una hora fue cerrando todas las puertas al gol para La Roja.

Del Bosque miró al banquillo y encontró una solución muy distinta al plan habitual. Fernando Torres no estaba en su mejor momento físico y España necesitaba algo más que circulación, paciencia y pases por dentro. Necesitaba presencia, centímetros, una referencia que obligara a los centrales portugueses a mirar hacia arriba y hacia atrás. En el minuto 58 entró al terreno de juego Fernando Llorente por Torres y aquel movimiento cambió el tono del partido… y la historia.

Llorente apenas jugó esa media hora larga en todo el Mundial. Fueron sus únicos minutos en el torneo. Pero le bastaron para quedarse en la memoria de una selección que terminaría levantando la copa más codiciada en Johannesburgo. Su entrada dio aire, profundidad y amenaza a una España que hasta entonces había dominado sin romper del todo. En su primera aparición clara, remató de cabeza un centro de Sergio Ramos y obligó a Eduardo a intervenir con una parada de mérito. Fue una señal inmediata: el partido ya no iba a ser el mismo.

Llorente remata en plancha un centro de Sergio Ramos, ante la mirada de Bruno Alves. FOTO: RFEF.

La defensa portuguesa empezó a vivir incómoda. Ricardo Carvalho y Bruno Alves, acostumbrados al contacto, se encontraron con un delantero de 1,95 metros que protegía, descargaba, atacaba el área y fijaba marcas. La camiseta ajustada de Llorente, pensada precisamente para evitar agarrones, acabó echa trizas en un saque de esquina. La imagen resumía mejor que cualquier estadística lo que había provocado el riojano: Portugal dejó de defender espacios para empezar a pelear cada centímetro con él.

Cinco minutos después de su entrada llegó el gol. Xavi filtró un pase para Villa, el asturiano remató, Eduardo rechazó y el propio Villa levantó el balón para firmar el 1-0 que mandó a España a cuartos. El tanto fue del Guaje, el pase decisivo llevó el sello de Xavi y la jugada quedó escrita en la historia del Mundial, pero el partido ya había cambiado de temperatura con Llorente sobre el césped. NueveCuatroUno recordaba años después aquella actuación como una de esas irrupciones capaces de modificar la lectura completa de un encuentro: media hora para desquiciar a los centrales portugueses, tener dos remates de cabeza y estar presente en el contexto del gol que desatascó a La Roja.

Aquella noche no convirtió a Llorente en titular indiscutible ni le abrió más minutos en Sudáfrica. España siguió fiel a su idea, superó después a Paraguay, Alemania y Países Bajos, siempre por la mínima en las eliminatorias, y levantó la primera Copa del Mundo de su historia con el gol de Iniesta en la final. Pero el delantero riojano quedó asociado para siempre a ese momento en el que el campeón necesitó otra herramienta y la encontró en el banquillo.

Puedes ver aquí el resumen de aquel partido.

Jugarse los cuartos

Dieciséis años después, el espejo devuelve otra imagen riojana. Ya no hay un delantero de Rincón de Soto esperando una oportunidad entre suplentes, sino un seleccionador de Haro trazando el camino a la gloria mundial. Luis de la Fuente ha llevado a La Roja a estos octavos tras superar a Austria (3-0) y ahora se enfrenta en Dallas a Portugal, que llega al choque después de dejar fuera a Croacia (2-1). Un cruce que  vuelve a colocar al fútbol español ante uno de esos partidos que no admiten demasiada literatura: ganar o volver a casa.

FOTO: Selección Española de Fútbol.

El contexto, además, multiplica la carga simbólica. España busca su segunda estrella con un riojano en el banquillo, justo frente al rival que ayudó a encender la leyenda mundialista de otro riojano. La selección de De la Fuente llega con argumentos, con una generación llamada a competir por todo y con la exigencia de demostrar que el proyecto también sabe manejarse en el precipicio de la amenaza de eliminación. El propio técnico ha insistido en que la satisfacción puede debilitar a un equipo y que las rondas decisivas exigen subir el nivel, no recrearse en lo hecho.

Portugal, como en 2010, vuelve a aparecer como un examen mayor. Entonces fue el obstáculo que obligó a Del Bosque a buscar una solución diferente. Ahora será la prueba que medirá la madurez competitiva de la España de De la Fuente. El fútbol ha cambiado, los protagonistas son otros y el Mundial también ha ensanchado su formato, pero hay recuerdos que regresan solos cuando coinciden rival, escenario y ronda.

El 29 de junio de 2010, Fernando Llorente necesitó poco más de media hora para hacerse eterno en la memoria de La Rioja y de la selección. Este lunes, Luis de la Fuente tendrá noventa minutos, o más, para acercar a España un paso más a su segunda estrella. Otra vez Portugal. Otra vez un Mundial. Otra vez unos octavos. Y otra vez La Rioja mirando el partido con un incentivo añadido.

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