El 30 de mayo quedará para siempre en la memoria colectiva de la UD Logroñés. El cabezazo de Cabetas en el minuto 114 de la prórroga ante el San Sebastián de los Reyes devolvió al conjunto riojano a Primera Federación y desató una celebración que todavía permanece en la retina de la afición.
Un mes después de este instante, cuando el ascenso ya forma parte de la historia del club, emergen todas esas pequeñas historias que no trascendieron en su momento -«hay que proteger bien la información que se le da a los rivales»- pero que tiempo después ayudan a entender todo lo que hubo que superar para llegar a ese instante. Porque la UD Logroñés pudo presentarse en Matapiñonera sin Taliby ni Berto Rosas, como finalmente ocurrió, y sin Daza y Lupu, los dos hombres llamados a sustituirles como finalmente pasó.
Antes del 114 la plantilla superó una semana repleta de incertidumbre, de ecografías, de diagnósticos demoledores, de tratamientos de urgencia y de futbolistas jugando muy por encima del umbral del dolor. Una batalla silenciosa que se libró lejos del césped y que recuerda ahora Miguel Moreno, responsable de Fisioterapia Las Gaunas y máximo responsable de los servicios médicos de la UD Logroñés.

Lupu se toma un respiro en medio de la celebración del ascenso en Madrid. / FOTO: Fernando Díaz
Todo comenzó apenas unos días después del partido de ida. Las ecografías confirmaron lo que nadie quería escuchar. «Cuando pusimos el ecógrafo y vimos la magnitud de las lesiones dijimos: ‘Madre mía'», recuerda Moreno. En ese instante quedó claro que ni Berto Rosas ni Taliby podrían disputar el partido más importante de la temporada. «No teníamos opción. Eran lesiones que no permitían hacer tratamientos imaginativos para poder llegar».
El golpe fue enorme. El equipo perdía a su portero titular y a su máximo goleador justo antes de la gran final. «Imagínate. Tu portero titular y el delantero que más en forma estaba en ese momento los pierdes para el partido más importante del año». La conversación con Unai Mendia para trasladarle tan malas noticias fue tan rápida como sincera. «Con Unai es muy fácil trabajar y la comunicación fluye muy bien. Le dije: ‘Lo siento, pero no van a estar’. Al principio preguntas si existe alguna opción… pero no. Era imposible».
Tanto Berto como Taliby asumieron la noticia con resignación. El portero andaluz prácticamente supo desde el momento de la lesión que algo se había roto. «Es un jugador que conoce muy bien su cuerpo». Berto, por su parte, después de una temporada marcada por una lesión y una larga recuperación para volver a sentirse futbolista, volvía a encontrarse con otro frenazo cuando atravesaba su mejor momento.
Los dos vivieron la final desde fuera. «Vi el partido de vuelta con Taliby y con Berto. Si hubiese dependido de ellos, habrían saltado al campo en ese mismo momento». «Ya sé que hubo especulaciones sobre que estábamos jugando al despiste, pero os prometo, como se demostró finalmente, que no fue así», recuerda Moreno. Se refiere a una conversación que mantuvo Mendia con el propio Moreno, justo cuando iba a comenzar la rueda de prensa previa a la vuelta la final. Ante los periodistas, Mendia puso el altavoz de su móvil para hablar con Moreno: «Estos dos no llegan, imposible, y Daza y Lupu tienen dolores». Demasiado extraño para ser verdad. «Os juro que no sabía que estabais los periodistas escuchando», se ríe Moreno al entender por fin cómo se habían producido tantas especulaciones sobre las lesiones de Taliby y Berto, que estaban totalmente descartados de la cita del sábado desde el domingo anterior tras el partido de ida en Las Gaunas.

Berto Rosas cae lesionado en la ida de la final por el ascenso. / FOTO: Fernando Díaz
La semana previa al último partido de la temporada ya venía girada por estas dos lesiones, pero todo puede tender a empeorar. Quedaban varios sobresaltos más. En el último entrenamiento antes de viajar a San Sebastián de los Reyes, el viernes, chocaron Daza y Lupu, precisamente los dos futbolistas llamados a sustituir a Berto y Taliby. Por unas horas, la preocupación fue máxima.
«Tuvieron problemas los dos. No comprometían su participación, pero sí el rendimiento», explica Moreno. Desde ese momento comenzó una auténtica carrera contra el reloj. «Los estuvimos mimando entre los fisios, el médico y aquí en la consulta para que pudieran llegar lo mejor posible».
Fue precisamente aquel incidente el que dio lugar a la escena relatada de Mendia ante los medios con Moreno al otro lado del teléfono. No era una estrategia ni un plan, tan solo el temor de perder a cuatro jugadores clave. «Ni idea de que esa conversación había sido más o menos pública», admite ahora entre risas.
¿Qué paso en el descanso?
La final comenzó. Daza y Lupu estaban en el once. Lo que nadie sabía entonces es que todavía quedaba otro capítulo por escribir. Durante la primera parte, el delantero riojano sufrió un fuerte impacto que terminó provocándole una rotura en la musculatura oblicua del abdomen.
El descanso se convirtió en otro momento crítico. «Si esto hubiese sido cualquier otro partido de la temporada, lo habríamos cambiado», reconoce Moreno. Pero aquello no era un partido cualquiera. Quedaban cuarenta y cinco minutos —y quién sabía si una prórroga— para pelear por un ascenso.
El trabajo de los servicios médicos consistió entonces en valorar mucho más que una lesión. «Lo importante es racionalizar lo que está pasando, transmitir la información al jugador y al cuerpo técnico y saber cuál es el alcance de la decisión. Si puede continuar, si existe un riesgo excesivo o si simplemente va a tener mucho dolor».

Taliby y Daza celebran el ascenso con la bandera riojana. / FOTO: Fernando Díaz
Lupu decidió seguir. Y jugó toda la segunda parte lesionado. «Tuvo que jugar con muchísimo dolor. En cada carrera, en cada apoyo y en cada cambio de dirección tengo claro que tuvo que sentir un dolor importante». Desde la grada nadie lo percibió. Dentro del vestuario todos sabían el esfuerzo que estaba realizando. El fútbol también se juega en la cabeza.
Moreno explica que en situaciones así no basta con conocer una lesión. También hay que conocer a la persona. «Todo jugador tiene un saboteador. Esa voz interior que te dice que tengas cuidado, que no vas a poder o que puedes hacerte más daño. Cuando conoces al jugador también conoces a ese saboteador y sabes qué le puedes pedir y qué no».
Ese conocimiento resulta determinante cuando apenas hay quince minutos para decidir si un futbolista continúa disputando el partido más importante de toda una temporada.

Iñaki saca a hombros a Lupu. / FOTO: Fernando Díaz
El dolor desapareció en el minuto 114. Llegó el cabezazo de Cabetas. Los abrazos. Las lágrimas. Y, curiosamente, el dolor dejó de existir. «En ese momento ya no te acuerdas de nada», resume Miguel Moreno.
No se acordaban Berto ni Taliby de la frustración por perderse la final. Tampoco Lupu de los dolores con los que terminó el encuentro. Ni Daza del golpe sufrido el día anterior. Ni siquiera el propio Moreno, que recuerda cómo en el ascenso de Málaga llegó a romperse el ligamento cruzado antes del partido y durante la celebración, olvidó por completo la lesión.
Porque los ascensos siempre se recuerdan por un gol. Pero el de la UD Logroñés empezó a construirse muchos días antes del minuto 114, en un lugar donde nunca llegan los focos: la enfermería y el trabajo personalizado con cada futbolista.


