Salud

Más de la mitad de las muertes riojanas tienen causa circulatoria o tumoral

Más de la mitad de las muertes riojanas tienen causa circulatoria o tumoral

Morirse también deja un mapa que cuenta mucho de cómo vivimos, de qué enferma más a una población y de dónde se concentran las grandes fragilidades de una sociedad envejecida. En La Rioja se registraron 3.306 muertes en 2025, según los datos de defunciones del INE. Y, al mirar el detalle, hay tres grandes bloques que sobresalen con claridad: las enfermedades del sistema circulatorio, los tumores y las patologías respiratorias.

El primer gran grupo es el de las enfermedades del sistema circulatorio, con 882 fallecimientos. Es, de largo, la principal causa general de muerte en la comunidad. Dentro de este bloque aparecen algunas de las dolencias más reconocibles y repetidas en la estadística sanitaria: la insuficiencia cardíaca, con 183 muertes; las enfermedades cerebrovasculares, con 176; y otras patologías vinculadas al corazón y al sistema vascular. El dato dibuja una realidad conocida, pero no por ello menos contundente: el corazón y la circulación siguen estando en el centro de la mortalidad riojana.

Los tumores, una de cada cuatro muertes

El segundo gran bloque corresponde a los tumores, con 816 fallecimientos. En este caso, la enfermedad concreta que más muertes provoca es el tumor maligno de tráquea, bronquios y pulmón, con 138 defunciones. Le sigue el tumor maligno de colon, con 71. La fotografía vuelve a señalar al cáncer de pulmón como una de las causas más duras, mientras que los tumores digestivos mantienen también un peso importante. En conjunto, los tumores representan casi una de cada cuatro muertes registradas en La Rioja.

Las enfermedades del sistema respiratorio suman 408 fallecimientos y se sitúan como el tercer gran grupo. La cifra es especialmente relevante porque iguala prácticamente el peso de algunas de las principales causas cardíacas concretas. En este apartado también aparece la huella de patologías respiratorias crónicas y complicaciones que afectan sobre todo a edades avanzadas, donde cualquier deterioro pulmonar puede convertirse en un golpe definitivo.

El envejecimiento de la población se intuye con fuerza en otros capítulos de la estadística. Los trastornos mentales y del comportamiento provocaron 185 fallecimientos, mientras que las enfermedades del sistema nervioso alcanzaron las 227 muertes. Dentro de este último grupo, la enfermedad de Alzheimer aparece con 88 defunciones. No son solo datos médicos: detrás hay años de dependencia, cuidados familiares, residencias, deterioro cognitivo y una carga emocional enorme que muchas veces queda fuera de los titulares.

30 fallecidos por COVID seis años después

También tienen un peso notable las enfermedades endocrinas, nutricionales y metabólicas, con 148 muertes. En este grupo destaca la diabetes, con 94 fallecimientos. Las enfermedades del sistema digestivo sumaron 193 muertes, mientras que las enfermedades infecciosas alcanzaron las 96. Dentro de estas últimas, la Covid dejó 30 fallecimientos, una cifra ya lejos de los años más duros de la pandemia, pero todavía presente en la estadística de mortalidad.

35 ahogamientos y 16 suicidios

Más abajo en volumen, aunque con una lectura social muy potente, aparecen las causas externas. En total, La Rioja registró 127 muertes por este tipo de motivos. Entre ellas figuran 35 fallecimientos por ahogamiento, sumersión o sofocación; 20 por caídas accidentales; 16 por suicidio y lesiones autoinfligidas; 13 por accidentes de tráfico; cuatro por abuso de drogas; tres por efectos del fuego o del humo; y dos por complicaciones médicas o quirúrgicas. Son cifras menores si se comparan con las grandes enfermedades, pero cada una de ellas habla de accidentes, salud mental, seguridad vial, soledad o vulnerabilidad.

El 88 por ciento con más de 65 años

La edad marca con claridad el mapa de la mortalidad riojana. De las 3.306 muertes registradas en La Rioja, 2.921 correspondieron a personas de 65 años o más, lo que supone el 88,4 por ciento del total. Es decir, casi nueve de cada diez fallecimientos se concentran en las edades más avanzadas, donde ganan peso las enfermedades circulatorias, respiratorias, los tumores y las patologías vinculadas al deterioro neurológico.

En el otro extremo, la mortalidad antes de los 40 años fue muy reducida. Se registraron 6 fallecimientos en menores de un año, 7 entre 1 y 14 años y 33 entre los 15 y los 39 años. A partir de ahí la cifra empieza a crecer, con 339 muertes entre los 40 y los 64 años, antes del gran salto que se produce en la población mayor.

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