Antes de que se encienda el foco, la música, se coloque la peluca, las pestaña, el tacón o suene el aplauso, hay una persona delante del espejo. A veces lleva tres horas sentada maquillándose poco a poco, ajustando una peluca y pensando qué parte de sí misma quiere exagerar esa noche. Otras veces hay nervios, miedo o una pregunta: «¿Y si no gusta?». Pero cuando el personaje aparece, ya no sale la misma persona que entró. Sale una drag queen.
En La Rioja, el drag todavía pelea por ganar espacios, por hacerse entender y por que no se le mire solo como una mezcla de plumas, tacones y maquillaje. «Detrás hay arte, trabajo, humor, política, vulnerabilidad, oficio y mucha identidad».
Ivagina nació en un colegio, en Carnaval, cuando Pedro tenía 13 o 14 años. Estaba en la ESO, en un pueblo pequeño, y el concurso proponía reutilizar materiales. Junto a su padre decidió crear un vestido y construir un personaje drag. El nombre llegó como un juego de palabras pero también como una pequeña provocación. «Me gustaba decir lo que no se podía. Si la palabra vagina incomodaba, mi personaje se llamaría Ivagina.

Aquella primera vez no fue sencilla. Pedro recuerda un entorno con «muchísima homofobia» y donde nadie a su alrededor sabía realmente qué era el drag. Subió al escenario con miedo pero ocurrió lo contrario. El público lo recibió con entusiasmo, bailó y terminó ganando el concurso. «Fue una pasada. Todavía recuerdo ese momento». Y lo recuerda porque ahí empezó todo. «Esa fue la primera vez que ese lado femenino que durante años había sentido que debía esconder se presentó ante los demás».
Sin embargo, Ho Mammy Devil nació de otra manera. José había estudiado maquillaje, peluquería y estética. Tenía pelucas en casa pero todavía no había personaje ni nombre. El salto llegó el día de la inauguración de un bar que abrió en Logroño con su expareja. En vez de limitarse a poner copas, decidió comprar un mono, sus primeros tacones y lanzarse.
La noche del estreno fue mágica. Estaban sus amigos, su familia y sus padres. José recuerda llorar emocionado intentando que el maquillaje aguantara y de ese día guarda una imagen especialmente bonita: una foto con su madre, su padre y su expareja al fondo del bar. «Mi padre me miraba como si estuviera viendo a su artista favorito».

El nombre de Ho Mammy Devil resume también parte de su mundo. Ho Mammy viene de umami, ese sabor vinculado a la gastronomía y a la hostelería, sector del que procede José. Devil nace de Cruella de Vil, su villana favorita. El resultado es un personaje con humor, fantasía y descaro. «José es una persona un poco más tímida y Ho Mammy es una sinvergüenza». Y aquí está el secreto: «No se trata necesariamente de esconderse, sino de permitir que algo salga de otra forma».
Para Ivagina, el drag es, ante todo, jugar. «Jugar a ser lo que una quiera, jugar con la imagen, con el género, con el cuerpo, con el escenario y con lo que los demás esperan». Y en este juego entran el maquillaje, el vestuario, la personalidad, el teatro, la música, la presencia escénica y el mensaje. Por eso lo define como «el arte performativo más completo y complejo que conozco».

Ho Mammy coincide en esa mezcla de disciplinas. Para José, el drag une teatro, fantasía, performance, música y creación de personaje. Hay drag más femenino, drag más extraño, drag king, propuestas cómicas, oscuras, sensuales, políticas o simplemente festivas. «Es desarrollar un personaje y llevarlo hasta donde tú quieras. No hay una única forma de ser drag, porque el límite está en la creatividad de quien lo construye».
Esa construcción exige mucho más de lo que se ve desde fuera. Hay horas de maquillaje, dinero invertido en ropa, pelucas, tacones, accesorios, mezclas musicales, ensayos… Ho Mammy cuenta que puede tardar tres horas solo en prepararse. «Es mi ratito del día». Se pone música, se maquilla, descansa, sigue, y al final siente que ya se ha puesto «la cara de otra».

El drag también funciona como refugio. No porque oculte a quien está debajo, sino porque permite mirar el mundo desde otro lugar. José reconoce que quizá en su día a día no se pondría una falda, pero Ho Mammy sí. Ivagina, por su parte, no cree que el drag saque partes escondidas, sino partes exageradas. «El personaje es más ruidosa, más intensa, con menos filtro. Te permite decir, actuar e impactar desde un cuerpo convertido en mensaje».
Y en ese mensaje, además de humor, música y espectáculo, el drag siempre busca una dimensión reivindicativa. Para Ivagina, espectáculo y política no se separan del todo. «Yo no voy a hacer un espectáculo por entretener sin más. Siempre hay un punto de hacer pensar, de incomodar o de recordar que la libertad también se ejerce con una peluca, una pestaña y un tacón. El drag tiene que ser impactante, disidente, punk. Tiene que notarse».

Esa disidencia cobra especial sentido en el Orgullo. Ivagina defiende que las drag queens tienen un papel fundamental porque son «la llamada de atención». Están ahí para recordar que muchos derechos que hoy parecen asumidos fueron conquistados por personas que se expusieron antes, por quienes tuvieron que defender algo tan básico como su derecho a existir. «No estoy haciendo nada más que existir y, aun así, esa existencia todavía incomoda».
Para Ho Mammy el Orgullo tienen un papel de visibilización. Le gusta acercarse a los niños para que vean que «no somos malas ni la villana de la película. Que no hay amenaza en una persona maquillada, subida a unos tacones o vestida de forma exagerada. Que el colectivo LGTBIQ+ es amplio, diverso y que en él cabemos todos. Aquí el respeto es fundamental».

Pero en La Rioja ser drag no siempre es fácil. Las dos coinciden en que existe escena, pero también precariedad. Ivagina cree que hay mucho drag en Logroño para el tamaño de la ciudad, aunque pocas oportunidades reales. Faltan espacios, contrataciones estables y reconocimiento profesional. José también lo ve así. Aunque considera que el drag se entiende algo mejor que hace unos años, reconoce que en Logroño el mundo drag «está muy difícil. No hay un bar de ambiente como tal ni un local que apueste de forma estable por programar shows».
Ambas luchan cada día que ‘sacan’ a su personaje para que «el público entienda que debajo de una drag hay una persona, un proyecto, una ilusión y mucho amor hacia la gente que lo ve».


