Primero fueron las cerezas. Ahora, las placas solares. El campo de Quel vuelve a sufrir el golpe de los robos y el Ayuntamiento ya trabaja en la posibilidad de instalar cámaras en puntos estratégicos del término municipal para tratar de disuadir a quienes están entrando en las fincas. La medida, todavía en fase de estudio, busca responder a una preocupación que crece entre los agricultores, cansados de ver cómo meses de trabajo e inversión pueden desaparecer en una noche.
«Estamos trabajando para poder poner cámaras que disuadan de este tipo de actos. Estamos pidiendo presupuestos y permisos», explica el alcalde de Quel, Víctor Rada, que reconoce la inquietud existente entre los propietarios afectados. La intención del Ayuntamiento es colocarlas en lugares clave para «minimizar los daños a los agricultores» y reforzar la vigilancia en aquellas zonas donde se están registrando los robos. La decisión llega después de varios episodios que han encendido de nuevo las alarmas en el campo queleño.
Uno de los últimos afectados ha sido Roberto, a quien le han robado once placas solares de su finca. Los autores rompieron la valla para poder acceder al interior y se llevaron una instalación valorada en cerca de 4.000 euros. Pero, como suele ocurrir en estos casos, el daño va bastante más allá del valor económico. «Ya no son los casi 4.000 euros que cuestan, es el hartazgo», lamenta. Además del robo, le han destrozado el cableado y se ha visto obligado a alquilar un generador hasta poder reponer las placas. «Es que es desesperante», resume.
Roberto arrastra ya una larga lista de pérdidas. Hace unos meses decidió arrancar 400 cerezos porque los robos se habían convertido en una constante. «Era un robo una noche sí y otra también», explica. Ahora, con el nuevo golpe de las placas solares, la sensación es todavía más amarga: «Inviertes tiempo y dinero y se te quitan las ganas de todo». Asegura que incluso han llegado a organizar turnos por las noches para intentar vigilar las fincas, aunque sin resultado. «No hay forma de que los pilles», afirma. La Guardia Civil, según señala, ha recogido huellas, pero él no confía demasiado en recuperar lo sustraído: «No creo que los terminen pillando y, si los pillan, a saber dónde están ya las placas».
El caso no es aislado. Hace apenas unas semanas, Fernando, agricultor de Quel, denunciaba haber perdido más de la mitad de sus cerezas tras una sucesión de robos sufridos incluso antes de comenzar la campaña. Acudió a la Guardia Civil después de localizar el móvil de uno de los presuntos autores apenas unos minutos después de que estos escaparan de una finca situada en la muga entre Quel y Arnedo. Hasta entonces, explicaba, nunca había denunciado porque no tenía pruebas suficientes para señalar a nadie.
«Vi otra vez el coche en los cerezos, el mismo coche que había visto el día anterior y cuya matrícula fotografié y pasé a un agente de la Guardia CivilW», relataba Fernando. Al acercarse a la finca, comprobó que los ocupantes no se marchaban pese a haber sido vistos. «Mostraron actitud retadora y yo no quiero enfrentarme con nadie», señalaba. Cuando regresó después, encontró ocho árboles recogidos por completo y el teléfono de uno de ellos tirado en el suelo, momento en el que avisó a la Guardia Civil.
Los robos en el campo no son nuevos, sobre todo durante las campañas de fruta, pero los agricultores advierten de un cambio preocupante. Ya no hablan de pequeños hurtos para consumo propio, sino de robos organizados, de grandes cantidades y de material con valor económico. «Ya no roban cuatro cerezas para casa, sino que son grandes cantidades que luego venden en el mercado», lamentaba Fernando. En Quel, esa sensación de indefensión se ha ido acumulando hasta convertirse en una queja compartida: el campo produce, pero también queda expuesto.
Por eso, la posible instalación de cámaras se plantea como una herramienta de prevención más que como una solución definitiva. El Ayuntamiento deberá estudiar ahora los puntos donde podrían colocarse, los permisos necesarios y el encaje legal de la medida. Mientras tanto, los agricultores piden más vigilancia y respuestas eficaces. Porque detrás de cada robo no solo hay una pérdida material: hay horas de trabajo, cosechas enteras, instalaciones dañadas y una frase que se repite con cansancio en el campo de Quel: «Estamos ya cansados».


