Tinta y tinto

Logroño, campo de minas

Foto: Raquel Manzanares (EFE)

El vermú del Día de La Rioja todavía no se ha asentado del todo y ya hay quien tiene la libreta en la mano. Así somos. Salimos de San Bernabé con el cuerpo pidiendo playa o montaña, con el olor a chuletillas todavía en la ropa, y alguien en algún despacho del pequeño Logroño del poder ya lleva semanas contando votos que aún no existen. Bienvenidos al modo electoral. Que en La Rioja, conviene recordarlo, tiene su propio acento.

Menos de un año para las municipales y autonómicas. Nuestro particular Mundial, aunque sin la épica de los penaltis y con bastante más tedio entre partido y partido. Los lápices se afilan, las grabadoras se desperezan y los políticos empiezan a decir cosas que suenan a proyecto pero que aún huelen a globo sonda. Allá cuidados, eso sí, con lo que ocurre dentro de la M-30 y la carrera de San Jerónimo. Lo de Ferraz, Génova, Bambú y la Taberna Garibaldi es otra función, con otros actores y otro presupuesto para el atrezo. Aquí nos importa lo de casa.

Y lo de casa, de momento, tiene una dirección clara: el PSOE ya ha puesto en marcha su proceso de primarias. Javier García para La Casa del Inglés, Eloy Madorrán para el Ayuntamiento de Rafael Moneo, y Rebeca Sáenz para la Glorieta de Quintiliano, aunque en La Rioja Baja, de momento, nadie parece tener mucha prisa. Las primarias socialistas siempre tienen algo de rito de iniciación: mucho entusiasmo, algún agravio guardado en el cajón y la certeza de que, pase lo que pase, el adversario de verdad espera dentro del partido.

La batalla más interesante, la que tiene más capas, se va a librar en Logroño. Porque en el frente regional la mayoría absoluta del PP se da prácticamente por descontada (así lo aseguran fuera de micro todos los partidos en el pequeño Logroño del poder, donde todo el mundo sabe lo que piensa todo el mundo antes de que nadie lo diga). Pero la capital es otra historia. Ahí los escenarios se multiplican y nadie pone en la mano en el fuego por la victoria. Más bien por todo lo contrario.

Conrado Escobar lleva la alcaldía como quien cruza un campo de minas con los ojos abiertos pero los pies inquietos. No hay charco que su equipo no haya pisado: la escuela de deporte de verano para personas con diferentes capacidades, Las Gaunas, San Mateo, San Antón, el Mundial 82, la Plaza de Abastos, el solar de Bosonit, el gran espacio para conciertos, los fondos europeos. La lista no es un ataque sino un patrón. Y los patrones, en política, se votan o se pagan. Y los campos de minas, a diferencia de los charcos, no avisan.

Por eso el PSOE necesita cuanto antes una cara visible. Alguien que los logroñeses asocien con otra manera de hacer las cosas, no solo con la negación de las actuales. Eloy Madorrán es periodista, nombre conocido en los círculos deportivos de la región -fundamentalmente fútbol, balonmano, pelota— y lleva poco más de medio año como jefe de prensa de la Delegación del Gobierno en La Rioja, destino al que llegó tras un breve regreso al periódico La Rioja y después de haber gestionado la cartera de deportes en el Gobierno de Concha Andreu.

El recorrido dice algo: sabe cómo funciona una redacción, sabe cómo funciona un despacho institucional y ahora tiene que demostrar que sabe cómo funciona una campaña. El reto no es menor: armar un proyecto socialista creíble mientras el partido sigue en horas bajas. La alternativa de la alternativa para un campo de minas en el que lo peligroso no es el primer paso sino saber cuántos quedan por dar.

Mientras tanto, Logroño sigue sin despejar la niebla. ¿Puede el PSOE recuperar el centro como logró Pablo Hermoso de Mendoza en 2019, aquella candidatura que pilló a casi todos con el pie cambiado? ¿Estaría dispuesto Escobar a pactar para renovar la alcaldía, y con quién exactamente? ¿Conservará Rubén Antoñanzas su silla y su condición de llave hipotética? ¿A quién presentará la izquierda de la izquierda? ¿Y la ultraderecha? ¿Quién está encargando estos días una encuesta sobre Logroño? Alguien lo está haciendo. Siempre hay alguien que lo está haciendo.

Quedan meses, sí. Pero en política local el tiempo tiene una elasticidad particular: se estira cuando no pasa nada y se contrae justo cuando empieza a pasar todo. Si pestañeas, te lo pierdes.

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