En pleno centro de una capital adaptada al pleno siglo XXI, todavía quedan lugares donde se puede echar la vista atrás y sumergirse en otras épocas pasadas. Un lugar perfecto para ello es el pasaje Miguel de Villanueva que ha sido el escenario de un largometraje grabado bajo la mirada atenta de curiosos que paseaban por el Espolón. El director riojano Velasco Broca ha elegido su ciudad natal para grabar un fragmento de su próxima película, ‘El Futuro Testamento’, en un tradicional local de la ciudad: mercería Ami.
El cineasta ha aprovechado a la perfección el estilo setentero que aun conservan muchos de los comercios del pasaje. En un día normal, el pasaje conforma una calle sin gran tráfico de gente, pero este martes se ha convertido en un enjambre coordinado y perfecto de trabajadores que, con silencio y precisión, han trabajado para sacar un rodaje adelante. Un comercio de barrio que sigue manteniendo la esencia de siempre, pero que ha revivido en la gran pantalla gracias a esa esencia tan característica.
«No me he dado cuenta que estaban grabando, he entrado en el pasaje desde el fondo y he empezado a ver gente con trajes muy elegantes. Al avanzar he empezado a ver las cámaras, y es ahí cuando me he dado cuenta que estaba molestando», argumenta una vecina del barrio con un poco de apuro en el cuerpo.
La filmación ha contado con la presencia de los actores Álex Brendemühl (protagonista), Ariadna Gil y Mireia Oriol. Entre las ubicaciones donde está planeado rodar se encuentra Madrid, Burgos, Bilbao, Cantabria e Italia, donde está previsto que se estrene a principios de septiembre de 2027.

La película, detectivesca y fantástica, pretende mostrar la historia de un compositor retirado al que le han robado, como por arte de magia, los estribillos de sus éxitos, que no se encuentran en ninguna de las copias ni en la cinta original. A través de la búsqueda por los estribillos el protagonista se va perdiendo por mundos de fantasía.
El director ha dado con esta producción el salto al largometraje: «Toda mi vida he hecho cortometrajes pero cada vez me iban durando más y es por ello que me he aventurado en este reto». «Venimos de rodar en Madrid con un calor horrible, venir a La Rioja siempre es un paraíso», exclama con un brillo en los ojos propio de un logroñés orgulloso.
Uno de las motivaciones de Broca para rodar en logroño es que «siempre me gusta rodar en lugares donde he vivido. Necesitaba una mercería de época y pensé en la mercería a la que venía yo a comprarme los botones de la camisa», afirmaba el director. Para Velasco venir a grabar en La Rioja siempre es «jugar en casa», porque «la acogida de la gente y el espacio donde grabamos siempre es inmejorable».
Aunque, en mitad del largometraje, estaba una persona que estaba especialmente emocionada, Toñi, la dueña de la mercería. «Un día vino el director a la tienda y me dijo que quería grabar aquí su película. Pensaba que me estaba vacilando y a los pocos días recibí una llamada para firmar el contrato», asegura la dueña. La negociación no fue nada fácil para la productora porque, como presume Toñi, ella es de trabajar, y estas cosas no le gustan mucho. «Al final acepté por un motivo: en tres meses me jubilo y creo que es un bonito homenaje a la tienda».

Junto a ella estaba una de las actrices que la interpretará en este rodaje: «La he visto y no me reconocía porque yo soy mucho más guapa». Pese a no verse muy identificada, Toñi ha estado todo el rodaje charlando con su doble en una sintonía de casi hermanas. Veinte metros de calle donde an entrado decenas de recursos técnicos y un gran equipo que trabajaba coordinado para hacer de ese pequeño espacio, un rodaje de primer nivel.
Curiosos y espontáneos
El filme se ha camuflado a la perfección con la ciudad: «Al estar en el callejón la gente no nos ve». Sin embargo, al pasear por la calle, decenas de ciudadanos se han topado con grandes lonas negras, cientos de cables, pantallas y actores caracterizados de época paseando por la calle.
«¿Qué es esto?», preguntaba un señor mayor con su nieta de la mano que mira los focos como si de un extraterrestre se tratase. Otros pasaban más de largo y no se daban cuenta y, algunos otros, se han detenido ha curiosear a situación. Pero hay otros ciudadanos que, sin verlo venir, casi son figurantes de esta película.

Lo que si podemos afirmar es que Logroño sirve para todo: Pruebas deportivas, concursos de chuletillas en plena calle y, por qué no, para el rodaje de una película que llenará las pantallas en poco más de un año.


