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SDi traslada su oficina al Pirineo para ‘hacer piña’

En la oficina de SDi, el viernes 29 de mayo, el sonido del día no es del todo el de siempre. Están las llamadas, las conversaciones cruzadas, el tecleo rápido de los ordenadores. Pero hay otro ruido que gana terreno en los pasillos y lo cambia todo: el de las ruedas de las maletas al rozar el suelo. Aparecen junto a las mesas, se apoyan en las esquinas, esperan al lado de una silla. En una empresa tecnológica, donde el ritmo suele medirse en entregas, reuniones y decisiones rápidas, esa imagen tiene algo de excepción. Y lo es. Ha llegado uno de los momentos más esperados del año en SDi: ‘Summer’, el viaje de equipo que la compañía organiza cada verano para sacar a sus empleados de la rutina y llevarlos juntos a otro lugar.

Este año, en la quinta edición de la cita, el destino es el balneario de Panticosa, en pleno Pirineo. No es casual. El viaje se ha bautizado esta vez como ‘SDi Expedition’, y el nombre no parece puesto solo para vestir el programa. Hay algo de expedición real en el planteamiento: montaña, orientación, recorrido compartido, grupos que avanzan juntos, paisaje que obliga a levantar la vista y una empresa que, durante unos días, se mira también fuera de la oficina.

La escena dice bastante de cómo entiende SDi la construcción de equipo. La conversación empresarial gira una y otra vez sobre productividad, automatización y herramientas capaces de acelerar el trabajo, pero la compañía riojana dedica tiempo, energía y recursos a algo mucho menos medible en una hoja de cálculo, pero igual de decisivo en una organización: las relaciones personales. El viaje de verano responde a esa idea. Compartir tiempo libre de calidad. Cuidar vínculos. Dar espacio a una convivencia que, en el día a día, queda muchas veces comprimida entre reuniones, proyectos y urgencias.

El programa arranca con la parte más reconocible de cualquier encuentro corporativo: la convención. Pero también ahí se marca una diferencia. Aunque es una parada para alinear equipos o repasar objetivos, también es el momento en que la empresa pone en común hacia dónde se dirige. La tecnología, y en especial la inteligencia artificial, está redefiniendo la forma de trabajar casi a la misma velocidad a la que obliga a repensarla. SDi aprovecha ese espacio para reforzar tres ideas que quiere mantener muy visibles dentro de la compañía: responsabilidad, velocidad y proactividad. Tres palabras que, en el fondo, dibujan una manera de estar en el trabajo, pero también una cultura interna.

Después llega la montaña. La expedición continúa hacia el Ibon de Piedrafita, uno de esos paisajes que no necesitan demasiada presentación. Allí el equipo se divide en grupos para afrontar una actividad de orientación y reconocimiento del entorno. La excursión tiene parte de reto físico y parte de ejercicio colectivo. Hay que avanzar, leer el terreno, organizarse, decidir juntos. La escena cambia de los ordenadores a los caminos, de las pantallas al calor de finales de mayo, de la oficina al aire abierto. Pero la lógica de fondo no desaparece: trabajar en conjunto, con estrategia y compañerismo.

La caminata deja paso al descanso, y ahí el propio destino vuelve a jugar a favor. El balneario funciona como contrapunto perfecto. Después del esfuerzo, el equipo disfruta de las instalaciones y del tiempo de pausa. También eso forma parte del viaje. No todo está pensado para hacer. Hay una parte reservada simplemente a estar. Hablar sin prisa. Coincidir fuera del contexto habitual. Relajar el cuerpo y bajar el ritmo. En muchas empresas ese tipo de tiempo se considera accesorio. En SDi forma parte del diseño.

El cierre llega con una fiesta temática de ‘Expedition’, una celebración en la que los empleados se meten de lleno en el juego y se presentan vestidos como exploradores. La imagen tiene algo de divertida y algo de reveladora. Porque detrás del guiño y del ambiente festivo aparece una convicción bastante clara: una empresa no se construye solo en el organigrama ni en los resultados, también en los códigos compartidos, en los rituales propios, en los recuerdos que luego se comentan durante meses en la oficina. El ‘Summer’ cumple precisamente esa función. No es únicamente una escapada. Es una cita que va consolidando una identidad interna.

SDi lleva años haciendo esta apuesta. La repite porque le concede valor. Y porque entiende que, en una compañía que trabaja en un sector tan cambiante como el tecnológico, cuidar el equipo no es una cuestión ornamental. Es una inversión directa en cohesión, en clima laboral y en forma de trabajar. La lógica es sencilla: una empresa que quiere moverse rápido necesita confianza interna; una empresa que quiere innovar necesita vínculos sólidos; una empresa que exige implicación también tiene que ofrecer espacios donde esa implicación se convierta en pertenencia.

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