Deportes

Darío Gómez Gil, el triunfo de la humildad y la superación

A las 19:15 de este 31 de mayo de 2026, Darío iniciaba su última carrera hasta la gloria. 22 segundos después, el pelotari de Ezcaray tiraba una dejada letal para Artola y triunfal para sí. Ajustó Darío el golpe a la chapa y el efecto imprimido hizo que la pelota botara hacia la mitad del primer cuadro, no más. Con aquella dejada, La Rioja alcanzaba ese Olimpo tantas décadas resistido, demasiado tiempo negado.

El triunfo de Darío representa el fruto de la constancia silenciosa, del esfuerzo desmedido, de la superación, de la perseverancia en la humildad y también, de la ilusión. En definitiva, los valores de este deporte nuestro cultivados con ahínco a lo largo de una carrera en la que nada ha sido regalado y todo muy trabajado.

En Darío ha confluido hoy toda la historia de la pelota en La Rioja. La culminación de esa forma tan riojana de entender el juego en el frontón como algo ágil, rápido, alegre, vibrante, valiente, vivo y pizpireto.

Han trepado esta tarde desde los valles del Najerilla, del Iregua, del Yalde y del Leza hasta las faldas del San Lorenzo trayectorias rebosantes de pasión, rivalidad, señorío, garra y pundonor. Y en Tricio, Huércanos, Nájera, Villamediana, Albelda, Hervías, Bañares, Villar de Torre, Fuenmayor, Cenicero, Baños de Río Tobía, Santo Domingo de la Calzada y Logroño, los Nalda, Titín, Solozábal, Sacristán, Marín, Santi, Gorostiza, Untoria, Del Rey, Mínguez, Berna, Bastida, ‘Picote’, ‘Tripita’, Capellán, Del Val, Matute, Merino, Salaverri, Rico, Barberito, Herrán, ‘Kénedy’ y Zabala hoy se reflejan en esa mirada vidriosa y brillante que resalta en ese rostro de Darío en su mitad ensombrecido por el vuelo de la chapela conseguida.

Foto: Fernando Díaz

No, no me olvido de todos aquellos niños que un día vestimos el pantalón blanco, nos ceñimos un fajín y nos pegamos esparadrapos en las manos con la ilusión de llegar al profesionalismo y no pasamos de la indiferencia del anonimato deportivo. Practicamos con ilusión y esperanza el deporte más bonito del mundo. Como tampoco puedo pasar por alto la fructífera Escuela de Pelota de Ezcaray, obrando con ilusión, sacrificio y constancia el milagro de alumbrar una gavilla de pelotaris tan talentosos como portentosos, Cecilio, Gorka, Víctor, Cabrerizo…

73 años, toda una vida, han tenido que pasar para que un riojano recogiera el testigo de aquel fenómeno llamado Abel San Martín y apodado Barberito que alcanzó la misma gloria que Darío aunque sin el gozo de poder hacerlo sobre la cancha.

La historia pelotazale de La Rioja ha desembocado con gloria y honor en ese último pelotazo; en esa dejada que murió pasadas las siete y cuarto de la tarde hacia la mitad del primer cuadro del frontón y ya es parte de nuestra historia, nuestro recuerdo y nuestra identidad.

A las 19:20 de este domingo 31 de mayo de 2026, aquel chaval de Ezcaray, hijo de José Antonio y Valvanera y hermano de Asier y Martín, con cara de buena gente y, en verdad, un muchacho extraordinario, llano, sencillo, trabajador y humilde, se calaba la chapela de campeón manomanista para gloria suya y orgullo de toda La Rioja. ¡Darío Gómez Gil, Txapeldun 2026!

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