La calle Lardero de Logroño ya empieza a mostrar el aspecto que tendrá tras su (muy) esperada reurbanización. Los trabajos encaran su recta final y algunos tramos permiten intuir con claridad el cambio de modelo urbano que persigue la actuación: más espacio para el peatón, plataforma única, aceras ampliadas y una circulación mucho más restringida en una de las vías con más peso en el centro de la ciudad.

La segunda fase del proyecto, que arrancó a comienzos de marzo después de que la intervención se iniciara en otoño, debe estar concluida antes del verano. La actuación afecta especialmente al entorno comprendido entre Gran Vía, la calle Vitoria y el propio inicio de Lardero, donde se está configurando una plataforma única que dará continuidad al tránsito peatonal y reducirá el protagonismo del vehículo privado, dando continuidad al modelo que inició la calle Fundición.
En la conexión entre la calle Vitoria y Lardero el cambio ya es visible. Las nuevas jardineras lucen flora ornamental y los operarios rematan estos días las labores de pavimentado.

La reforma contempla la ampliación de aceras y la reducción de su altura, con un desnivel de apenas dos o tres centímetros respecto a la calzada. La solución se aproxima visualmente a una plataforma única, pero mantiene una pequeña diferencia de cota para facilitar la recogida de aguas pluviales y evitar acumulaciones en episodios de lluvia.

La primera gran diferencia respecto al anterior aspecto de la vía radica en la eliminación de la banda de aparcamiento en la acera este, lo que reducirá notablemente las posibilidades de estacionar vehículos en el entorno. Además, las obras incluyen mejoras en las instalaciones hidráulicas, una actuación largamente demandada por los vecinos de la zona.

El tramo de Lardero entre Gran Vía y la calle Vitoria funcionará como un espacio de tráfico calmado. La circulación de bicicletas estará permitida en ambos sentidos, mientras que los vehículos motorizados solo podrán acceder para entrar a los garajes, en sentido norte-sur, o en el caso de vehículos de servicios.

Mientras tanto, en las inmediaciones del tramo más próximo a Pérez Galdós, los trabajos se centran en la mejora de las redes de suministro y saneamiento. Aun así, la calle ya deja ver la plataforma única que marca la principal diferencia respecto a su aspecto anterior y que anticipa una vía más amable para el peatón.

La transformación, sin embargo, también deja a la vista una de las principales críticas que ha acompañado al proyecto: la escasez de arbolado y, sobre todo, la limitada sombra que podrá ofrecer en los próximos años. El PSOE denunció en su momento el ‘arboricidio’ en una de las aceras de la calle, mientras que en la otra los nuevos ejemplares plantados necesitarán tiempo para crecer y proporcionar sombra real a los transeúntes.

Con los remates de pavimentación, jardinería y redes avanzando por tramos, Lardero se acerca ya al final de unas obras llamadas a cambiar la movilidad de esta zona del centro de Logroño. La calle gana espacio peatonal y una imagen renovada, aunque la verdadera prueba llegará cuando vuelva a llenarse de vecinos, comercios, bicicletas y paseantes bajo el sol del verano.


