La Escuela de Baloncesto Basket 77 de Logroño ha alzado la voz para reclamar más instalaciones deportivas en la ciudad ante el crecimiento constante del número de jugadores y equipos. El club, que reúne ya a cerca de un millar de familias, ha aprovechado la fotografía conjunta con muchos de los jugadores y equipos que integran la entidad para visibilizar una problemática que, según su presidente, Rubén Rubio, afecta no solo al baloncesto, sino a buena parte del deporte base logroñés.
Rubio explica que la foto oficial de este viernes en el Palacio de los Deportes de La Rioja tenía «una doble intención»: agradecer el apoyo de las familias y, al mismo tiempo, mostrar «músculo» ante las dificultades que atraviesa el club para disponer de espacios de entrenamiento suficientes. «Somos casi mil familias y muchas veces tenemos problemas, sobre todo a la hora de disponer de instalaciones», señala.
El presidente del Basket 77 reconoce que el principal problema no está en la competición, ya que los partidos «se ajustan bien», sino en el día a día de los entrenamientos. «Estamos doblando pistas con varios equipos y consiguiendo horas gracias a favores de otros clubes. Sacamos los entrenamientos como podemos», explica.
Una situación que, insiste, no es exclusiva de su entidad: «Es un problema genérico. Quizá nos afecta más a nosotros, pero lo vemos también en otros clubes de balonmano, fútbol sala y otros deportes».
El crecimiento del club ha sido continuo en los últimos años. Esta temporada el Basket 77 ha contado con 33 equipos, de los cuales 13 corresponden a categorías de ‘canasta grande’, una cifra que Rubio califica de «barbaridad» para un proyecto como el celeste. Y la previsión es seguir aumentando: «Nuestro objetivo no es echar a nadie; lo último que queremos es decirle a un niño de 14 años que no puede jugar porque no tiene sitio para entrenar».
La preocupación del club se centra especialmente en las categorías adolescentes, tras el paso de minibasket a la cancha completa, donde la demanda de espacios es mayor y las alternativas más limitadas. Rubio considera complicado que jóvenes de 14 o 15 años terminen de entrenar a las diez y media de la noche, horario al que en ocasiones se ven abocados por la falta de disponibilidad.
«En Logroño faltan canastas», resume el presidente del Basket 77, quien cree que el auge del deporte base ha superado la capacidad de las instalaciones actuales en la capital riojana. «Hay más demanda de la que parece», asegura.
Pese a las dificultades, Rubio evita señalar culpables concretos y apuesta por buscar soluciones conjuntas entre clubes e instituciones. Entre las posibles opciones menciona la ampliación de horarios disponibles para entrenar, la construcción de nuevas infraestructuras o incluso la utilización de instalaciones en localidades cercanas para los equipos de mayor edad.
El dirigente también destaca la colaboración que reciben por parte de colegios, AMPAs e institutos, donde asegura que el apoyo «es total» para tratar que los niños puedan practicar su deporte favorito. «No tenemos ninguna queja. Esto no es una crítica dirigida a alguien en concreto, sino una manera de decir: aquí hay un problema y vamos a ver si entre todos lo solucionamos», explica.

Jugadoras y directivos del Basket 77, junto a autoridades y miembros de la Federación Riojana de Baloncesto.
Rubio mantiene además conversaciones con el Ayuntamiento de Logroño y asegura que ya se ha reunido con el concejal responsable del área, Francisco Iglesias, presente este viernes en la foto oficial de la entidad. «Le he agradecido la predisposición que tienen desde el Ayuntamiento; conocen el problema y vamos a intentar encontrar una solución pactada entre clubes e instituciones», señala.
Mientras tanto, el club continúa adaptándose para dar cabida a todos sus jugadores. «No sabemos decir que no a alguien que quiere jugar a baloncesto», reconoce Rubio. Sin embargo, admite que las condiciones actuales no son las ideales. «Estamos entrenando con 24 o 25 niños en un polideportivo, cuando lo ideal sería trabajar con grupos de 10 o 12. Las familias lo entienden y lo agradecemos muchísimo, pero sabemos que no son las mejores condiciones», concluye.


