Cinco años representando la marca de calidad Aceite de La Rioja le han bastado a Clara Espinosa para corroborar el potencial de este sector, uno en constante transformación donde la calidad es la máxima. Aunque su presencia en superficie de cultivo (unas 5.800 hectáreas) y volumen de litros elaborados (605.000 litros la última cosecha) no lo convierten en uno de los principales de la región, la apuesta de la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja por la promoción y cultura de consumo es clave. Así lo relata en los micrófonos del podcast La Voz del Agro quien el próximo mes de junio dejará la presidencia después de un lustro.
– ¿Qué aprendizaje ha supuesto esta experiencia a nivel personal y profesional?
– He aprendido pues a sentir más apego por el sector y también he dado lo mejor de mí para para contribuir a la evolución del mismo. No diría que ha sido una etapa complicada porque la verdad que he tenido mucho apoyo por parte del equipo técnico y también del propio sector. Ha sido, en definitiva, una etapa de aprendizaje, de crecimiento personal y de crecimiento profesional.
– ¿Cómo ha evolucionado la marca Aceite de La Rioja en estos últimos años?
– Desde que comencé en el cargo en 2021, la DOP ha afrontado situaciones excepcionales. Por un lado, el cambio de hábitos de consumo derivados de la pandemia, pero también los episodios de sequía severa y perseverante que duraron casi tres años. Aún así, el Aceite de la Rioja ha dado la talla siempre y continúa avanzando con paso firme, apostando por la calidad, la diferenciación y el valor añadido que aportan las variedades y el territorio.
– ¿Qué papel tiene el Consejo Regulador de la DOP en esta labor de promoción?
– En este sentido, el Consejo Regulador lleva a cabo cada año un plan de comunicación con acciones muy pensadas y estructuradas dirigidas, sobre todo, al territorio de La Rioja, pero también a los mercados de proximidad. En estos momentos la producción de aceite no es muy grande, por lo que no se pueden abastecer grandes mercados, pero se va sembrando para un futuro. Así, por ejemplo, estamos poniendo en marcha un plan de medios en en País Vasco. Lo que transmitimos siempre es producto de kilómetro cero, esfuerzo, dedicación, profesionalización y pasión, mucha pasión.
– ¿Qué análisis del mercado del aceite de oliva virgen extra hace desde el punto de vista de las almazaras riojanas?
– El sector vive pues un momento de grandes retos y oportunidades a nivel global, y ante esta situación, el aceite de La Rioja se abre paso con su mejor arma: la calidad. Desde la creación de la DOP hace más de 20 años, los productores siempre hemos apostado por diferenciarnos en los mercados mediante la elaboración de unos aceites de gran calidad y con características diferenciales. En La Rioja cabe decir que producimos un aceite muy competitivo en precio y en calidad.
– La transformación del sector oleica está a la orden del día, tanto por parte de las almazaras como del cultivo del olivar, con plantaciones en superintensivo que van ganando mayor presencia. ¿Cómo se refleja esa transformación en el caso concreto de La Rioja?
– Aquí seguimos en plena transformación, con la mecanización de las labores en el campo que hacen del olivo un cultivo más rentable, así como la modernización en las almazaras. El sector oleica riojano se profesionaliza abriéndose paso entre los sectores más productivos de la región.
– Tras una cosecha mermada en kilos, en la que se recogieron unos 2,8 millones de kilos (casi un millón menos que en la anterior), aunque sí con buenos rendimientos, ¿cómo se presenta esta campaña a las puertas de iniciar la floración del olivo?
– Todavía es muy pronto para hablar de la campaña y previsiones porque ahora mismo se están formando los botones florales y la floración llegará en 3 semanas, aproximadamente. Pero por ahora el año climático está siendo bueno y adecuado para el olivo, con un buen primer trimestre.
– ¿Qué pasos quedan por dar desde la DOP para impulsar más si cabe el sector ?
– La clave está en mantener la profesionalización del sector a través de catas y cursos de formación, más que apostar por grandes cambios.


