La Rioja

Annie, segunda en MasterChef: «La Rioja está aquí»

Annie llegaba a la gran final de MasterChef como quien llega a un sueño acariciado durante años: con lágrimas, con vértigo y con la certeza de haber dejado atrás muchas dudas. La calagurritana se quedó a las puertas de la victoria, que finalmente fue para Camila, pero su paso por el programa ha terninado convertido en algo más que una competición culinaria. Ha sido el relato de una segunda oportunidad, de una mujer de 50 años que ha demostrado que todavía hay tiempo para creer, brillar y empezar de nuevo.

La noche ya había comenzado con intensidad. Annie ha tenido que trabajar en las cocinas de Quique Dacosta, tres estrellas Michelin, un chef que ya la había visto muy bien y que no ha tardado en darle señales de que todo pintaba de la mejor manera. «Está buenísimo», llegó a decir durante el cocinado. Ella, mientras tanto, repetía una y otra vez lo agradecida que estaba por la confianza depositada en ella. «Todo el trabajo lleva su recompensa», ha concluído mientras preparaba un postre que definió como intenso, difícil y satisfactorio.

El resultado salió redondo. Tanto, que Quique Dacosta llegó a bromear con la posibilidad de contratarla. «A lo mejor la contrato», dijo el cocinero, antes de añadir con humor: «Otra cosa es que quiera trabajar conmigo». La dificultad del plato y la seguridad con la que Annie afrontó la prueba anticipaban lo que después confirmaría la valoración. Carlota ya dejaba entrever que la calagurritana podía estar en el duelo final, mientras ella resoplaba, consciente de que la chaquetilla estaba cada vez más cerca.

Los jueces destacaron entonces su evolución. «La seguridad que tenías hoy no tiene nada que ver con la de la Annie que llegó», le dijeron. También hubo palabras para el aprendizaje, para la vida y para esas piedras que aparecen en el camino. «La vida no es fácil, siempre hay rocas; hay que mirar hacia adelante y aprender de los errores», comentaba Annie antes de recibir una valoración que hablaba de dos platazos, de algún pequeño error por ponerse demasiado tiquismiquis y, sobre todo, de una transformación evidente.

«Me ha hecho ver que puedo ser la mejor, creer en mí», ha reconocido ella. Así llegaba a la gran final: entre lágrimas, felicitaciones de sus compañeros y una celebración en la que incluso acabó levantada por los aires. «Otro sueño más», alcanzó a decir, emocionada, con la chaquetilla blanca ya en sus manos. “Larga vida a MasterChef”.

De las cocinas del programa saltó entonces al duelo más importante de su vida televisiva. Una final intensa, emocionante y construida sobre la idea de dedicarse en cuerpo y alma a su pasión por la cocina. «Sabe más de MasterChef que nosotros mismos», bromeó Pepe Rodríguez sobre una aspirante que ha vivido el concurso con devoción absoluta. Annie lo resumía todavía en una nube: «Esto es estar en los cielos». Y añadía la gran diferencia respecto a la mujer que entró al programa: «La que está aquí se lo cree. Creo que puedo brillar».

El apoyo familiar también marcó la noche. Chusco, con su carácter habitual, resumió la dimensión de lo conseguido con un «la que has liado».

Para la final, la calagurritana preparó un menú profundamente riojano, tan ligado a su historia como a su forma de entender la cocina. Una menestra de verduras, una tapa de patatas a la riojana, un lomo de ciervo con gel de zurracapote y una espuma de chocolate como postre. Un menú de raíz riojana, como ella misma, aunque haya nacido fuera de esta tierra. «La Rioja está aquí, Calahorra está aquí, Préjano está aquí y mi familia está aquí», ha dicho antes de ponerse a cocinar. «Hemos venido a disfrutar».

El primer plato estuvo dedicado a sus padres, Casto y Jorja. ‘La menestra de Jorjita’ llegó acompañada de un bocado de patatas a la riojana como homenaje al bar Viana de sus padres. Por primera vez, la hortaliza era la gran protagonista, y la apuesta funcionó. «Guau, está súper buena tu menestra», le dijo Jordi Cruz. Joan Roca, chef invitado en la final, fue aún más rotundo: «»Es la menestra perfecta, llena de matices». Marta también subrayó la dificultad emocional del momento: «No es nada fácil; estás tocando tu sueño».

Annie lo tenía claro: había cocinado lo que era. «He transmitido lo que yo soy, porque no voy a cambiar en la vida», dijo después de defender un plato que hablaba de familia, de memoria y de Calahorra. La emoción volvió a aparecer en el segundo pase, dedicado a su «segunda madre», su tata Nati. Lo llamó ‘La libertad de Préjano’: un lomo de ciervo inspirado en los animales que veía corretear, acompañado por el recuerdo del zurracapote y la libertad de las fiestas.

Las valoraciones volvieron a confirmar que Annie estaba compitiendo al máximo nivel. La carne fue calificada como impecable y los jueces destacaron la capacidad de la aspirante para transmitir emociones a través del plato. «Mi enhorabuena, eres una gran cocinera que sabe transmitir emociones», escuchó en una final en la que cada elaboración parecía resumir un pedazo de su biografía.

Camila terminó ganando la final con un despliegue de técnica de alta cocina, pero Annie salió de MasterChef convertida en una de las grandes protagonistas de la edición. No ganó el trofeo, pero sí conquistó algo que ella misma había perseguido desde el primer día: confianza, reconocimiento y la certeza de que su cocina tiene voz propia.

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