CARTA AL DIRECTOR

La CHE y el silencio que detiene a los pueblos

Hay una forma muy concreta de soledad institucional que conocen bien quienes gestionan un pueblo pequeño: la de llamar, escribir, insistir, esperar y volver a esperar ante una administración que decide sobre tu territorio, condiciona tus proyectos y exige su visto bueno para casi todo, pero con la que resulta prácticamente imposible comunicarse.

Ser alcalde de un municipio pequeño es, demasiadas veces, vivir en una lucha constante contra una maquinaria administrativa que parece diseñada para cansar al que emprende y desanimar al que intenta sacar adelante iniciativas para su pueblo.

No queremos privilegios, ni que la ley no se cumpla, quien deba ser garante de las obligaciones, también tiene la obligación de responder en plazos razonables.

Pedimos que quien tiene competencias sobre nuestros ríos y nuestro entorno comprenda que detrás de cada expediente hay personas que invierten su tiempo en proyectos. Nuestro malestar con la Confederación Hidrográfica del Ebro es profundo. Actualmente tenemos dos proyectos de dinamización turística de la zona en los que llevamos más de año y medio esperando su aprobación. Todas las demás administraciones implicadas han emitido informes favorables. Todas han dado su visto bueno. De la CHE, en cambio, seguimos sin saber nada. Silencio, espera y bloqueo. Y mientras tanto, los pueblos perdemos tiempo, financiación, ilusión y posibilidades de desarrollo.

No se trata de un caso aislado. El año pasado solicitamos a la Confederación un informe para conocer la situación jurídica de una vieja central hidroeléctrica. Tardaron quince meses en remitirnos un PDF. Quince meses para obtener una respuesta que debería formar parte de la normalidad administrativa más elemental.

Pero el colmo ha llegado con la suspensión del descenso en piragua por el río Najerilla, una prueba deportiva que llevaba celebrándose más de 35 años. La razón resulta difícil de explicar y aún más difícil de aceptar: no disponen de personal para abrir las compuertas del pantano de Mansilla. Una actividad consolidada, querida, con historia y con impacto para la comarca, cancelada porque una administración pública no es capaz de garantizar una operación básica dentro de sus propias competencias.

La Confederación Hidrográfica del Ebro se comporta demasiadas veces como un gigante con pies de barro con atribuciones enormes que le son inabarcables, solicitando autorizaciones para cualquier intervención, pero incapaz de responder con agilidad a los problemas reales del territorio. Y esa dilación permanente nos deja indefensos, bloquea proyectos y nos condena a una espera
que los pueblos pequeños no pueden permitirse.

Quienes trabajamos para el medio rural sabemos que cada iniciativa cuesta mucho. Cada proyecto nace de un enorme esfuerzo colectivo por eso duele tanto que ese esfuerzo quede atrapado durante meses, incluso años, en el silencio de una administración que debería estar al servicio del territorio, no por encima de él.

La Rioja rural no necesita más discursos sobre despoblación. Necesita administraciones que contesten y que no conviertan cada autorización en una carrera de obstáculos. Porque cuando una institución no responde, también está decidiendo. Y, en este caso, decide frenar a quienes solo intentamos que nuestros pueblos sigan vivos.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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