Cultura y Sociedad

Annie esquiva la expulsión en un ‘MasterChef’ de alta tensión

El sexto programa de ‘MasterChef’ fue este lunes un auténtico torbellino… y la riojana Annie salió indemne. No era fácil. Entre gritos, tensiones y decisiones que dejaron a más de uno con la boca abierta, la calagurritana supo moverse con cabeza en una noche en la que otros directamente se desinflaron. Sin hacer demasiado ruido —aunque tuvo que levantar la voz en algún momento para pedir calma en la prueba de equipos—, pero con paso firme, empieza a dejar claro que está aquí para algo más que sobrevivir.

Mientras tanto, fuera de las cocinas, Annie ya vuelve a saborear su tierra. Desde hace unas semanas disfruta de Calahorra, y el pasado sábado incluso se dejó ver por la noche calagurritana junto a Camilla, la concursante italiana del programa. Un pequeño respiro antes de lo que se vivió en el programa.

La noche arrancó tranquila… o eso parecía. La prueba de tapas exigía reinterpretar clásicos con técnicas modernas, y Annie tiró de oficio: unos tigres que gustaron mucho y un bacalao que convenció algo menos. No fue la mejor de la prueba, pero tampoco cometió errores graves. En un formato donde cualquier fallo te manda al abismo, eso ya cuenta. Además, dejó uno de esos momentos más entrañables de la noche (que no hubo muchos), con la visita de José Manuel Parada: «Ay, lo que le hubiese gustado a mi madre», soltó, dejando entrever emoción y memoria.

Y entonces llegó el caos. La prueba de exteriores, que prometía romanticismo en unas bodas de oro, acabó siendo todo lo contrario. Cambio de capitanía, equipos desbordados, comunicación inexistente y un Pepe fuera de control que terminó en el punto de mira del jurado y de sus compañeros. Hasta consiguió enfadar a Annie. En medio de ese ambiente de «esto se nos va de las manos», la riojana hizo justo lo contrario: bajar revoluciones, centrarse en su tarea y no entrar en el ruido.

Eso no le evitó ir a la prueba de eliminación. Un viaje a los años 80 y una Comtessa que no era tan sencilla como parecía. Annie volvió a sacar su versión más sólida: tarta bien ejecutada, sin fallos importantes y con buena valoración del jurado. Incluso Pepe Rodríguez destacó su originalidad, en un momento que ella aprovechó para dedicar el plato a su hijo. «Es la primera vez que dedicas un plato a alguien que no sea un bar de tu pueblo», le soltó el chef, entre complicidad y pulla.

En medio de todo ese ruido, Annie hizo lo más complicado: mantenerse al margen y seguir avanzando. Sin grandes broncas, sin protagonismos forzados, pero sumando. «Castita… otra semanita más», que diría su padre. Y viendo cómo está el patio, no es poco.

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