Con la llegada del buen tiempo los días se alargan, aumentan los planes al aire libre y también aparece una presión que muchas personas, más de las que pensamos, conocen demasiado bien: la del cuerpo, la de quitarse la ropa, la de encajar en determinados estándares. Una presión que puede parecer inofensiva, pero que en algunos casos se convierte en un factor de riesgo para quienes conviven con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA).
Sobre ello trata el nuevo episodio de Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast), el podcast de NueveCuatroUno sobre salud mental que aborda esta vez los trastornos por TCA junto a Daniel Esteban, psicólogo de ACAB Rioja, y Diego López Lafuente, un joven que ha vivido en primera persona una bulimia. Un diálogo necesario, didáctico y profundamente humano sobre anorexia, bulimia, trastornos por atracón y todo aquello que muchas veces no se ve.
Daniel empieza este podcast desmontando una idea clave: el propio nombre puede llevar a error. «Hablamos de trastornos de la conducta alimentaria, y eso da pie a pensar que es un problema de conducta, pero hablamos de un trastorno mental grave». La comida es solo la parte visible de algo mucho más complejo. «Si nos imaginamos un iceberg, la parte visible es la conducta, pero la parte mental es mucho más grande».
El psicólogo recuerda que estos trastornos pueden poner en riesgo la salud de quienes la padecen. «Es un tema serio, difícil y muy complejo de sobrellevar a nivel persona, familiar y profesional». Entre los más conocidos están la anorexia nerviosa, la bulimia y el trastorno por atracón. En la anorexia suele haber una restricción severa de alimentos, miedo intenso a ganar peso e insatisfacción corporal. En la bulimia aparecen episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias, principalmente vómitos. Y en el último también hay ingestas compulsivas, pero sin esas compensaciones posteriores.
Sin embargo, Daniel insiste en que no se trata de una cuestión de voluntad. «No es tan fácil como dejar de comer o no darnos el atracón. No es algo que tú eliges, es algo que padeces». Los factores que influyen son múltiples: genética, autoestima, presión social, redes sociales, cánones de belleza, bullying o momentos vitales difíciles. Además, el psicólogo reconoce que cada vez aparece antes. «Estamos viendo casos con 9 años», advierte.

El testimonio de Diego López Lafuente pone rostro a toda esta realidad. En su caso, la bulimia comenzó a los 18 años, después de una adolescencia marcada por el bullying y por un fuerte malestar psicólogo. «No me veía nada bien» y todo empezó casi sin darse cuenta. «Una vez empecé a vomitar me sentía menos nervioso. Lo empecé así, de la manera más tonta, pero me arrepiento todos los días de mi vida de haber empezado.
Durante varios años lo ocultó. «Estuve siete años callándomelo, diciéndole a mis padres que eran problemas estomacales». Diego vomitaba cuando nadie podía escucharle, después de comer cuando estaba solo os sus padres se tumbaban. «Llegué a vomitar 20 o 25 veces al día. Bebía agua, vomitaba; comía, vomitaba». Fue entonces cuando pidió ayuda a su familia y empezó en terapia con Daniel en diciembre de 2020.
Diego explica que la bulimia se convirtió en un bucle de culpa, ansiedad y vergüenza. «Vomitas, te sientes más tranquilo, te sientes culpable, te arrepientes, te pones más nervioso, comes y empieza el bucle otra vez». Para él, un TCA «es una cárcel que no te deja tener sentimientos porque te los restringe o te los aumenta a niveles estratosféricos».
Uno de los aspectos más duros es el silencio. La sociedad, destaca Daniel, todavía tiende a responsabilizar a la persona afectada. «Se sigue. pensando que es algo que tú puedes controlar: ‘no vomites’, ‘no te des atracones’, ‘termínate el plato’. Ojalá fuera eso, pero no es tan fácil». Esa mirada externa aumenta la culpa y dificulta pedir ayuda.

Por eso, el entorno es fundamental. Daniel aconseja estar alerta ante cambios bruscos de peso, restricciones alimentarias, evitación de comidas familiares o planes sociales, ejercicio físico obsesivo, irritabilidad, aislamiento o una relación cada vez más rígida con la comida. En la bulimia, advierte, puede ser más difícil de detectar porque no siempre hay cambios físicos evidentes.
La recuperación, coinciden ambos, es posible, pero requiere tiempo. «Son procesos de larga duración, de un mínimo de tres años y de ahí en adelante», señala Daniel. También exige seguir cuidándose incluso cuando se alcanza la estabilidad. «Un alta es terapéutica, pero en casa tienes que seguir trabajando tus hábitos, tu rutina y tu alimentación».
En el caso de Diego, una herramienta clave fue plasmar sus sensaciones en papel. «Empecé a escribir mis sentimientos sobre lo que sentía y, sobre todo, por qué lo sentía». También le ayudó a trabajar lo que en terapia llaman los cinco pilares: la familia, la parte social, la emocional, el trabajo y el autocuidado. Hoy lleva más de dos años sin vomitar. «Estoy bien, estoy contento». Y aunque sabe que puede haber recaídas, asegura que ya no vive desde el miedo. «Si me vuelve a pasar, tiraré hacia adelante como he hecho siempre».
El episodio también aborda el impacto de las redes sociales, los filtros y la comparación constante. «Hacen muchísimo daño a nivel de comparaciones, filtros y moda», advierte Daniel. Diego lo resume con claridad: «Tenemos que ser naturales tal y como somos» y pide algo sencillo pero urgente: «Deja de hacer comparaciones del cuerpo, deja de opinar sobre el cuerpo».
Porque, como insiste Daniel, «somos mucho más que un cuerpo». Lo que embellece son las capacidades, las pasiones, la forma de tratar a los demás y la manera de cuidarse. Ese es uno de los grandes mensajes que deja este episodio de ‘Mentes Abiertas’: detrás de un TCA no hay capricho ni falta de voluntad, sino sufrimiento. Pero también hay tratamiento, apoyo y posibilidad de salir adelante. «De esto se puede salir», concluye Diego.


