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Así se cuidan las estructuras de la autopista en La Rioja

Cuando una vía funciona, pasa desapercibida. El tráfico fluye, los desplazamientos se suceden con normalidad y la infraestructura cumple su función. Sin embargo, detrás de esa normalidad existe un trabajo constante, planificado y altamente especializado que permite que la vía siga ofreciendo garantías de seguridad, fiabilidad y confort con el paso del tiempo.

En La Rioja y en el entorno de Logroño, Avasa, concesionaria de Autopistas y filial de Abertis en España, desarrolla una campaña de actuaciones en estructuras en la autopista AP-68 que responde precisamente a esa lógica: cuidar el patrimonio viario para que la autopista continúe preparada para el uso diario, hoy y en el futuro. Para que puedan planificar sus desplazamientos, los usuarios reciben la información del estado de la vía, así como de las obras, a través de los canales de comunicación habituales.

Más allá del asfalto: qué se entiende por estructuras

Cuando se habla del mantenimiento de una autopista, a menudo se piensa únicamente en el pavimento. Sin embargo, una vía de alta capacidad es un sistema complejo formado por numerosos elementos que funcionan de manera integrada. Entre ellos, las estructuras desempeñan un papel clave.

Puentes, viaductos, pasos superiores e inferiores y otras obras de fábrica permiten salvar accidentes geográficos, integrar la carretera en el territorio y garantizar la continuidad del trazado. Son elementos diseñados para su durabilidad, pero que, como cualquier infraestructura, requieren una atención especializada y periódica para mantener sus prestaciones.

En este sentido, Avasa, está llevando a cabo una serie de actuaciones en la autopista AP-68, a su paso por Logroño, desde Haro hasta Alfaro, seleccionadas a partir de análisis técnicos e inspecciones periódicas que permiten anticiparse al desgaste natural y planificar las intervenciones necesarias.


La máxima de la conservación: anticiparse para seguir ofreciendo seguridad

El mantenimiento de estructuras no responde a decisiones puntuales, sino a una estrategia de conservación a largo plazo. Factores como el uso continuado de la vía, la exposición a condiciones climáticas variables o el envejecimiento progresivo de los materiales hacen imprescindible revisar periódicamente el estado de la infraestructura.

En el caso de las estructuras, este trabajo comienza con inspecciones técnicas que permiten evaluar su comportamiento y detectar posibles necesidades de intervención. A partir de ahí, los equipos especializados definen las actuaciones más adecuadas para cada elemento, siempre con un objetivo claro: preservar los niveles de seguridad y fiabilidad que requiere una autopista en servicio.

Este enfoque preventivo permite actuar de manera planificada, reducir riesgos y garantizar que la infraestructura siga respondiendo a las exigencias del tráfico actual.

Cómo intervenir sin detener la movilidad

Uno de los principales retos de cualquier actuación en una autopista en servicio es compatibilizar los trabajos con la movilidad diaria de miles de usuarios. En este contexto, la planificación resulta tan importante como la propia ejecución. Para ello es tan o más importante  informar con antelación de cualquier eventualidad en la vía que permita al conductor preparar de forma óptima su viaje.

Las intervenciones en estructuras se organizan en fases, se coordinan con los equipos de explotación y se acompañan de medidas específicas de señalización y seguridad. El objetivo es minimizar las afecciones al tráfico y mantener la vía operativa durante los trabajos, garantizando tanto la seguridad de los usuarios como la de los profesionales que intervienen en la obra.

«La dificultad no está solo en intervenir sobre la infraestructura, sino en hacerlo mientras la autopista sigue funcionando», explica Avasa. «Cada actuación se estudia al detalle para integrarse en la operación diaria de la vía».

Coordinación, seguridad y operación en cada fase

La ejecución de actuaciones en una autopista en servicio no depende únicamente de la planificación técnica. Requiere también una coordinación constante con los organismos responsables de la seguridad y la gestión del tráfico.

En el caso de la AP-68 en La Rioja, Avasa trabaja de forma coordinada con la Guardia Civil y con los equipos de explotación de la autopista, para garantizar que cada intervención se desarrolla en condiciones óptimas de seguridad y fluidez.

Esta coordinación permite planificar cortes puntuales, desvíos, señalización específica y medidas de protección tanto para los usuarios como para los profesionales que trabajan en la vía. Además, facilita una gestión ágil de cualquier incidencia que pueda producirse durante las obras, reforzando la seguridad global de la infraestructura.

«El reto no es solo técnico, sino operativo», señalan desde Avasa. «Cada actuación se diseña teniendo en cuenta su impacto en la circulación y se coordina con las fuerzas de seguridad para integrarse en la operación diaria de la autopista», añaden.

Este trabajo conjunto forma parte de una relación estable y continuada, basada en la colaboración y el conocimiento mutuo, que refuerza la seguridad vial y la calidad del servicio durante todo el proceso de conservación y mejora de la autopista.

Un trabajo que se percibe cada día

Aunque gran parte de este trabajo se desarrolla entre bastidores, sus efectos son perceptibles en el día a día. Una autopista bien conservada ofrece una conducción más cómoda, transmite mayor sensación de seguridad y responde mejor ante situaciones imprevistas.

Para Autopistas, la conservación de estructuras es una parte esencial de su compromiso con el territorio. «Nuestro objetivo es que la infraestructura acompañe a la movilidad diaria de La Rioja y de Logroño con las máximas garantías, hoy y en el futuro», señalan desde la compañía.

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