Salud

Neuromodulación: reeducar el sistema nervioso para mejorar la calidad de vida

FOTO: Fernando Díaz

En el ámbito de la neurorehabilitación, cada vez se desarrollan más técnicas orientadas no solo a tratar síntomas, sino a intervenir directamente en el funcionamiento del sistema nervioso. Una de las más destacadas en los últimos años es la neuromodulación, un enfoque terapéutico que combina tecnología y conocimiento clínico para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

En la clínica Neurofisio de Logroño, un equipo multidisciplinar trabaja con personas que presentan desde daño cerebral hasta enfermedades neurodegenerativas o dolor crónico. «Es un centro en el que todos los profesionales estamos especializados en neurorehabilitación», explica Rafael, su director. «Contamos con fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, neuropsicólogos y terapeutas visuales, lo que nos permite abordar al paciente desde distintos ángulos».

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La neuromodulación forma parte de ese abordaje integral. Esta técnica consiste en utilizar estímulos físicos para modificar el funcionamiento del sistema nervioso, ya sea a nivel central o periférico, con el objetivo de obtener una respuesta terapéutica sobre diferentes patologías. En otras palabras, no actúa directamente sobre la lesión, sino sobre la forma en la que el organismo responde a ella.

«El objetivo es modificar cómo funciona el sistema nervioso según la patología del paciente», señala Rafael. Para ello, se emplean diferentes técnicas que permiten acceder al sistema nervioso desde distintos niveles. Algunas actúan a través de la piel o directamente sobre los nervios mediante procedimientos ecoguiados, mientras que otras lo hacen a nivel central, como la corriente directa transcraneal o transmedular.

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A diferencia de otras técnicas como la electroestimulación, la neuromodulación utiliza intensidades bajas, por debajo del umbral que provoca contracción muscular. Esto, además de mejorar la tolerancia del paciente, permite realizar tratamientos más prolongados y con efectos más duraderos. En la práctica clínica, este tipo de intervenciones suele combinarse con otras herramientas terapéuticas.

Uno de los principales campos de aplicación es el dolor crónico. En estos casos, el problema no siempre está en una lesión activa, sino en una alteración del propio sistema nervioso. «Hay situaciones en las que el sistema nervioso interpreta como dolorosos estímulos que no deberían serlo», explica Rafael. «Es como si la alarma del cuerpo se quedara encendida aunque ya no haya daño».

La neuromodulación permite intervenir precisamente sobre ese «estado de alerta». Al modificar la actividad del sistema nervioso, se busca normalizar la percepción del dolor. Los tratamientos suelen organizarse en ciclos, que pueden variar según la técnica empleada, desde sesiones diarias durante varias semanas hasta programas más espaciados.

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Otro de los problemas frecuentes en los que se aplica esta técnica es la espasticidad, una alteración muscular que aparece tras lesiones neurológicas como un ictus o una lesión medular. Se caracteriza por una rigidez excesiva y contracciones involuntarias que dificultan el movimiento. «Cuando hay una desconexión del sistema nervioso central, el músculo se vuelve hiperreactivo al estiramiento», explica Rafael.

Las consecuencias afectan directamente a la autonomía del paciente: caminar, mantener el equilibrio o incluso cambiar de postura pueden convertirse en tareas complejas. «No es lo mismo tener espasticidad en un solo músculo que en todo un brazo o en ambas piernas», añade Rafael, destacando la importancia de adaptar el tratamiento a cada caso.

Entre las técnicas utilizadas destacan los trajes de neuromodulación EXOPULSE, que permiten un abordaje global del cuerpo. «Se consiguen efectos muy positivos a medio y largo plazo, especialmente en pacientes que no han respondido a otros tratamientos». En casos más localizados, también se emplean herramientas como las ondas de choque, un estímulo mecánico que ayuda a modificar el funcionamiento de la unión neuromuscular .

FOTO: Fernando Díaz

Además del dolor y la espasticidad, la neuromodulación se aplica en lesiones de los nervios periféricos, donde ha demostrado favorecer la regeneración. «Ahora sabemos que podemos estimular el crecimiento del nervio y mejorar la recuperación».

Sin embargo, los especialistas insisten en que estas técnicas no sustituyen otros pilares fundamentales del tratamiento. «No son tratamientos que sustituyan al ejercicio ni al movimiento. Nos ayudan a movernos mejor, pero es el movimiento el que realmente consolida los resultados».

El impacto de estas terapias se refleja especialmente en la vida cotidiana de los pacientes. Desde reducir el dolor hasta mejorar la movilidad, el equilibrio o la autonomía, los cambios pueden ser significativos. En personas con dolor crónico, puede suponer volver a realizar actividades sin limitaciones; en pacientes con enfermedades como la esclerosis múltiple, mejorar síntomas como la fatiga, el dolor o la espasticidad.

Aun así, los profesionales recalcan que no se trata de una solución definitiva. «No hablamos de curar, sino de mejorar la calidad de vida del paciente».

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