Agricultura

La Finca La Grajera estrena su primer viñedo en ‘keyline’

Sergio Ibáñez, jefe de Servicio de Investigación Agraria, en la nueva plantación de la Finca Institucional de La Grajera. | Fotos: Leire Díez

La Finca Institucional de La Grajera ha estrenado su primera plantación de viñedo en línea clave (‘keyline’). Si bien no es la primera en La Rioja (varias bodegas han apostado en los últimos años por este sistema), nunca antes se había trasladado a un proyecto experimental del Gobierno regional. La maturana blanca y el graciano que brotarán en los próximos días se plantaron hace diez jornadas en una parcela de unas cinco hectáreas dentro del paraje Carasa.

«En un primer momento se planteó apostar por cuatro variedades, con el tempranillo blanco y la maturana tinta también, pero tras estudiar la viabilidad de estas dos se descartó la opción, dejando el graciano y la maturana blanca como únicas variedades en esta novedosa parcela experimental. La maturana tinta en este caso se usará para una futura plantación el año que viene, mientras que el tempranillo blanco tenemos comprobado que funciona mejor a mayor altitud». Así lo explica Sergio Ibáñez, jefe de Servicio de Investigación Agraria, en los micrófonos del podcast La Voz del Agro en un nuevo capítulo.

Ya el año pasado se ejecutó una primera plantación en el mismo terreno, si bien las condiciones meteorológicas no permitieron que esta fructiferase. «Llovió demasiado y la plantación se retrasó hasta junio, por lo que luego las plantas sufrieron mucho con los meses de calor y no salieron adelante». En esta ocasión, el astro ha estado de parte de los técnicos encargados y todo apunta a que esta plantación ‘keyline’ pronto verá la luz.

«Esta parcela cuenta con zonas con problemas muy serios de erosión y de escorrentía, especialmente en dos puntos de máxima pendiente por los que circulaba el agua a gran a gran velocidad. Esto nos ha ocasionado pérdidas de suelo, de terreno, de fertilidad y también un decaimiento progresivo de las plantaciones que hemos tenido. Durante varios años la hemos tenido en barbecho absoluto y lo que hemos hecho en los últimos dos años es implementar un plan de mejora del suelo a través de abonado orgánico para incrementar la materia orgánica del suelo y mejorar así su estructura y aspectos nutricionales de cara a una futura plantación», apunta Ibáñez desde lo alto de la parcela, flanqueada por un lado por el pantano de La Grajera y al otro, por la Autovía A-12.

El viñedo se hará con una conducción vertical en vaso alto, con postes de madera en cada cepa, favoreciendo así también la exposición de los racimos para una correcta maduración, así como su ventilación a la hora de prevenir enfermedades. Por otro lado, la importancia de la integración en el paisaje también ha sido clave a la hora de apostar por este tipo de conducción lo logramos

En cuanto al riego, se ha aplicado uno en el momento de la plantación «para que la planta tacuñe bien y que haya una unión adecuada de de las raíces con el suelo», si bien el viñedo se ha planteado como uno de secano. Con esta plantación en línea clave conseguirán aprovechar mejor los recursos hídricos, equilibrando aquellas zonas donde el agua llegaba peor con las que el agua discurría a gran velocidad, provocando arrastres de tierra. «Así conseguiremos un reparto más equilibrado por toda la parcela. Para ello, hemos usado un arado tipo Yeomans que trabaja el suelo sin voltearlo, aireándolo y abriendo galerías en profundidad y aireando. Un apero muy interesante que ayudará a aprovechar mejor el agua».

En cuanto a las variedades seleccionadas, Ibáñez destaca el graciano por ser «una variedad que se adapta muy bien al cambio climático, que mejora muchos aspectos relacionados sobre todo en los ‘coupage’ e incluso en los monovarietales aporta esa acidez que vemos que se está perdiendo por efecto de calentamiento global». Por otro lado, la maturana blanca tenía que formar parte de este proyecto por «las múltiples posibilidades» que aporta en Rioja: «Cuenta con unos rendimientos equilibrados y da buenos resultados. Por otro lado, el aunar blancas y tintas en una misma parcela es una forma de recuperar el cultivo de viñedo tradicional donde ambos tipos de uva convivían, además de que esto pueda servir para que otras bodegas y viticultores vean el comportamientos de estas dos variedades en concreto».

Y es que este viñedo pretende ser fuente de conocimiento y experimentación para el propio sector vitivinícola. El año que viene ya hay diseñada una nueva plantación en línea clave, pero en este caso se plantea que sea en espaldera, con riego y con cubierta vegetal como otra forma de mejorar el suelo y controlar la erosión. «Se trata de estudiar dos posibilidades de técnicas de cultivo, par aprender y extrapolarlo a otras fincas», incide Ibáñez.

Cumpliendo con ese carácter de ensayo, la parcela del paraje Carasa cuenta con una pequeña plantación de olivos en una de sus esquinas. Olivos, de igual forma, plantados en ‘keyline’: «Coincide que es una zona con mayor salinidad y a la que no llegaba tan bien el agua, por lo que no queríamos plantar vid, así que optamos por ampliar esa biodiversidad con olivos, recuperando así lo que era el cultivo tradicional del viñedo con otro tipo de cultivos alrededor y rompiendo con el monocultivo. Hemos plantado una cubierta vegetal con especies florícolas que escalonadamente, a medida que avancen las estaciones, irán floreciendo distintas tipos de especies. Pretendemos que sea una zona también de atracción de posible fauna auxiliar y de enemigos naturales de algunas de las plagas del viñedo, así que creemos que va a mejorar en general la plantación de viñedo dotándola de mayor diversidad».

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