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La clave de bóveda de Mendia no jugará este domingo ante el Alavés B

Algo tiene el agua cuando la bendicen. Y Miguel Marí (28 años) es la mejor constatación de que este refrán a veces es real en términos futbolísticos. Viene a decir que algo vería en él el Inter de Milán cuando decidió incorporar al jugador levantino a su fútbol base en edad juvenil. Marí se marchó hasta el norte de Italia para progresar en esto del fútbol. Recuerda un poco a otras apuestas, como la de Manex Rezola al Real Madrid. Lo recuerda por la entidad de los clubes destino, por el atrevimiento de los jugadores para asumir retos tan grandes a edades tan tempranas.

Y a veces sale bien, aunque en la mayoría de ocasiones acaban saliendo peor de lo imaginado. Quizás sea el pensamiento de Miguel Marí, aunque si el objetivo era ser jugador de fútbol profesional, Marí dio el paso adecuado, porque vive de ello y ahora mismo está creciendo en la UD Logroñés, a donde recaló desde el Teruel, de la mano de Quique García y Unai Mendia, para salir con ellos de la Segunda Federación hacia arriba en un proyecto que entendían este pasado verano por encima del Teruel -ahora peleando por el playoff en Primera Federación- en muchos aspectos relevantes.

Marí es la clave de bóveda del once titular de su entrenador. Por tanto, la pieza esencial, la más pesada, la que equilibra todo lo demás. Y este domingo no estará a partir de las cinco de la tarde en Las Gaunas para jugar el partido más importante en lo que va de temporada, ante el Alavés B. En juego, ser segundo en liga a falta de cinco jornadas para el final.

Marí tiró del carro a principio de temporada, quizás por ser un alumno aventajado de la escuela de Mendia, que se lo trajo con la lección ya aprendida en el Bajo Aragón. Y mientras el resto conocía el libreto, Marí lo aplicaba desde el centro del campo, con minutos, juego, decisiones, goles y asistencias que sostuvieron al principio de temporada a un equipo con buenas formas pero no tan buenos resultados.

Ahora que todo parece ir encajando, a tiempo aún para pelear por el ascenso y hacerlo en la mejor posición posible, Miguel Marí no jugará este domingo, y se perderá el primer partido de toda la temporada. Ha jugado hasta el momento los 28 encuentros de liga (solo dos como suplente, ante Basconia y Beasain), también el de Copa. Todos, por tanto. Es el único jugador que puede presumir de ello. Pero este domingo no estará, y Mendia deberá decidir qué centro del campo forma para medirse a un rival de nivel como es el filial vitoriano.

Con tres goles (seguidos: ante Gernika, Deportivo Aragón y Ejea), y una asistencia, es el jugador de la plantilla blanquirroja que más minutos ha disputado esta temporada. 2.250 minutos más la cita copera ante la Ponferradina. Es, como se suele decir, la extensión de Mendia sobre el terreno de juego. Es la constatación numérica de la importancia de Marí dentro de uno de los mejores equipos de esta Segunda Federación. Es por tanto, uno de los jugadores referenciales de la cuarta categoría del fútbol español.

Bajo el paraguas del Inter de Milan, Vallodolid y Eibar, Marí fue progresando en continuas cesiones durante sus años como jugador sub’23. Siempre por el Levante, en Orihuela, en el Intercity… hasta que uno de los clubes que mejor está trabajando últimamente, el Eldense, se fijó en el espigado centrocampista valenciano, aunque sin acabar de dar al salto al fútbol profesional, estancado en el Hércules que ha atravesado por un mal ciclo deportivo, antes de recalar en el Teruel de Mendia con quien espera crecer y hacerlo en la UD Logroñés.

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