Mentes Abiertas

Ni genios ni ‘raritos’: rompiendo los estereotipos de las altas capacidades

Cuando se habla de alumnado con altas capacidades, todavía siguen pesando muchos estereotipos. A menudo se piensa que son estudiantes que no necesitan ayuda porque aprenden rápido, sacan buenas notas o destacan en clase. Sin embargo, la realidad es mucho mas compleja porque detrás de todo ese potencial también puede haber aburrimiento, frustración, presión o sensación de incomprensión.

Precisamente por todo esto, en este capítulo de Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast) hablamos de la salud mental de los alumnos con altas capacidades y lo hacemos con representantes del colegio Salesianos Domingo Savio de Logroño, donde se ha puesto en marcha el programa Avanza para responder a las necesidades educativas, sociales y emocionales de estos estudiantes. En el programa han participado Mercedes Hernández, orientadora del centro; Pilar Sierra, profesora responsable del proyecto Avanza; y Víctor Pérez, alumno con altas capacidades que forma parte de esta iniciativa.

Uno de los mensajes que más se repiten durante esta entrevista es el de que no existe un único perfil de estudiante con altas capacidades. Mercedes insiste en que no todos necesitan el mismo tipo de apoyo y que tratarlos como un grupo homogéneo es un gran error. Y es que bajo esta etiqueta podemos encontrarnos realidades muy diferentes: superdotación, talentos simples o complejos e incluso casos en los que conviven otras circunstancias como TDAH, dislexia o ansiedad.

«El problema empieza muchas veces en las expectativas y eso puede convertirse en una carga. Se espera que estos estudiantes destaquen en todo, que sean perfectos, maduros, brillantes académicamente y siempre ejemplares, pero esa imagen distorsionada no solo no ayuda, sino que puede frustrarles todavía más», explica Mercedes.

En estos casos, la detección precoz resulta fundamental. Identificar cuanto antes a un alumno con altas capacidades puede ayudar a prevenir el fracaso escolar, la desmotivación o determinados problemas emocionales. Pero el objetivo de detectar no es poner una etiqueta, sino «comprender mejor al alumno, comprender su manera de pensar, saber qué les ocurre para ayudarles a entenderse y desarrollar mejor sus capacidades. Tienen un Fórmula dentro y necesitan aprender a conducirlo», describe Mercedes.

En ese proceso, las familias también desempeñan un papel decisivo. A veces el diagnóstico se recibe con ideas equivocadas: algunos padres lo interpretan como una garantía de éxito académico y otros se preocupan en exceso. Frente a eso, «el centro ajusta la mirada a cada caso concreto. No se trata de llenar al alumno de actividades o exigirle más, sino de conocer sus fortalezas y necesidades para acompañarlo mejor».

El programa Avanza

De esa necesidad de ofrecer una respuesta más adecuada surgió este curso el proyecto Avanza, un programa dirigido a alumnado con altas capacidades o alto rendimiento en Secundaria. Pilar Sierra explica que la idea nace al comprobar que, hasta entonces, la atención al alumnado con altas capacidades en Secundaria era parcial y, en algunos casos, poco acertada. «A menudo se optaba por darles más materia, ejercicios más difíciles o proyectos aparte, pero eso no siempre funcionaba. En ocasiones, incluso daba la sensación de que se estaba castigando al alumno en vez de motivándolo».

Además, la llegada a la ESO supone un cambio importante. Si en Primaria existen algunas medidas de enriquecimiento, al pasar a Secundaria aparece una sensación de vacío. Más profesores, más exigencia y más presión por las notas hacen todavía más necesario un proyecto específico.

La metodología del programa Avanza se basa en el aprendizaje por proyectos, pequeños retos y trabajo cooperativo. «Más allá de lo académico, nuestro objetivo es reforzar la parte social y emocional. Que estos estudiantes puedan relacionarse entre sí, sentirse comprendidos y dejar de verse como los ‘raritos'», cuenta Pilar.

El proyecto que desarrollan actualmente gira en torno al reciclaje de plástico dentro del propio colegio. Los alumnos se reparten tareas relacionadas con la logística, la organización o la parte técnica, y trabajan con la idea de transformar botellas de plástico en filamento para impresoras 3D. A simple vista puede parecer una propuesta alejada del estereotipo de las altas capacidades, pero precisamente ahí está una de las claves del programa: «No se trata de imponer contenidos supuestamente más difíciles, sino de ofrecer retos que despierten su interés y les permitan desarrollar distintas habilidades».

Pilar subraya también que en Avanza no se evalúa con notas tradicionales. En lugar de poner un número, observa indicadores como la motivación, la implicación, la evolución en otras asignaturas o la manera en que los alumnos se relacionan entre sí. «Se trata de medir el progreso desde una perspectiva más amplia y más ajustada a la realidad del proyecto».

«Sigo siendo la misma persona»

Y para corroborar todo lo anterior está Víctor Pérez, alumno de primero de ESO y participante en Avanza que con su intervención desmonta con naturalidad muchos de los prejuicios que rodean a las altas capacidades. Él mismo afirma que no se identifica con ese supuesto prototipo del alumno brillante al que solo le interesan las matemáticas o la física. Le gusta el fútbol, tiene amigos y hace una vida normal. De hecho, insiste en que el diagnóstico no le cambió: «Yo sigo siendo la misma persona». Su caso demuestra, como señalan las profesionales del centro, que no existe un único modelo.

Víctor también explica que a veces siente el peso de esa etiqueta. En clase, por ejemplo, cuando termina antes una tarea, algunos compañeros no valoran su esfuerzo y simplemente comentan: «Es que tienes altas capacidades». Esa reacción le decepciona, porque minimiza su trabajo y da por hecho que todo le resulta fácil. Sin embargo, como recuerdan tanto Mercedes como Pilar, «tener altas capacidades no significa aprender sin esfuerzo ni estar exento de dificultades».

El propio Víctor reconoce que a veces se aburre en clase, especialmente cuando entiende las explicaciones a la primera y termina pronto los ejercicios. También habla de la importancia de sentirse acompañado y de poder compartir espacio con otros compañeros que tienen inquietudes similares. Acostumbrado a asumir a menudo el liderazgo en los trabajos de clase, en Avanza «no siempre tengo que llevar la iniciativa, y eso es positivo porque puedo aprender también de las ideas valiosas de los demás». Lejos de molestarle, eso le resulta estimulante y le despierta curiosidad.

Su mensaje final resume bien el sentido de todo el podcast: «Un estudiante con altas capacidades es uno más. Puede frustrarse, equivocarse, necesitar apoyo o querer dedicarse a lo que le gusta sin responder a las expectativas de otros».

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