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El renacimiento de Sillalfaro: de las cenizas a un nuevo proyecto industrial

Las máquinas ya trabajan sobre el terreno en La Senda de Alfaro ocho meses después del incendio que arrasó las instalaciones de Sillalfaro

Las máquinas ya trabajan sobre el terreno en el parque empresarial La Senda de Alfaro. Ocho meses después del incendio que arrasó por completo sus instalaciones en el polígono Tambarría, Sillalfaro ha dado el paso definitivo hacia su reconstrucción. Sobre una parcela de 8.200 metros cuadrados, la empresa ha iniciado las obras de su nueva nave con un objetivo claro: volver a producir el próximo 31 de agosto.

La fecha no es casual. Responde a una necesidad urgente: seguir manteniendo la confianza de los clientes y recuperar la normalidad cuanto antes. «Tenemos que estar funcionando ese día para no fallarles», explica Toño Peña , gerente de la empresa. Porque, aunque la fábrica desapareció en cuestión de minutos aquel 2 de julio, la actividad no se ha detenido estos meses.

Desde el primer momento, la prioridad fue encontrar soluciones. Apenas un día después del incendio, ya estaban buscando alternativas. Sin instalaciones propias, la empresa optó por reorganizar toda su producción apoyándose en otras firmas riojanas que asumieron parte del trabajo. Mientras tanto, Sillalfaro se encargaba de ensamblar y finalizar los productos en un pequeño espacio alquilado.

Han sido meses de trabajo intenso, casi sin descanso. «Ha sido una auténtica locura, de ir de un sitio a otro, recogiendo piezas, llevándolas, terminando aquí…», relata. La producción se ha mantenido, pero a costa de un esfuerzo enorme y con márgenes mucho más ajustados. Subcontratar procesos implica perder control, tiempo y rentabilidad, pero era la única manera de seguir adelante.

En ese camino, la respuesta del entorno ha sido fundamental. Varias empresas han colaborado estrechamente para que Sillalfaro no se quedara fuera del mercado. «Hay gente que nos ha ayudado muchísimo, desde el primer día. Sin ellos hubiera sido imposible», reconoce.

El impacto del incendio fue inmediato, pero también lo fue la reacción. Lejos de paralizarse, la dirección de la empresa optó por actuar. «Mientras veía cómo se quemaba todo, ya estaba pensando qué hacer. No puedes quedarte parado», recuerda. La decisión fue clara: continuar.

Porque lo que estaba en juego era mucho más que una nave. Eran 30 años de trayectoria, de evolución y de posicionamiento en un mercado cada vez más exigente. Sillalfaro había logrado en los últimos años dar un giro importante a su modelo de negocio. De fabricar sillas tradicionales para hostelería, pasó a especializarse en equipamiento integral de mobiliario del canal contract , con un producto propio, diferenciado y con presencia internacional.

Hoy, sus piezas están en países como Francia, Suiza, Holanda,Republica Checa, Bélgica Reino Unido, México o Costa Rica.

Un cambio de enfoque que llegó tras la crisis de 2008, cuando la competencia exterior obligó a reinventarse.

El incendio ha supuesto un golpe duro, pero también ha abierto una nueva etapa. La futura nave no será una simple sustitución de la anterior. Incorporará maquinaria más avanzada y estará diseñada para mejorar procesos y facilitar el crecimiento.

Ese crecimiento también tendrá reflejo en la plantilla. Antes del incendio, la empresa contaba con 22 trabajadores. En la actualidad, solo tres permanecen en ERTE, mientras el resto sigue activo en las condiciones provisionales actuales. El objetivo es recuperar e incrementar el empleo de forma progresiva a medida que la nueva fábrica entre en funcionamiento.

La implicación del equipo ha sido otro de los factores clave. Esto solo tenía sentido si contábamos con ellos. Y han respondido, destaca.

También la administración ha contribuido a acelerar el proceso. La rapidez en la concesión de permisos y la coordinación institucional han permitido avanzar en los plazos. «Dos meses de retraso nos hubiese perjudicado muchísimo. Necesitábamos agilidad y la hemos tenido», valora.

Ahora, con las obras en marcha, el horizonte empieza a despejarse. El 31 de agosto es la meta inmediata, pero no la única. En paralelo, la empresa ya trabaja en nuevos desarrollos que presentará en ferias internacionales en los próximos meses, con la intención de reforzar su posicionamiento.
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Sillalfaro encara así una nueva etapa. Con la experiencia de lo vivido y la determinación de seguir adelante. Porque, cuando todo se pierde, solo queda una opción: volver a empezar.

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