Quien entra en la tienda de Navel Delcampo descubre algo poco habitual hoy en día: antes de comprar, puede probar la fruta. Un gajo de mandarina, una naranja recién cortada o un trozo de pomelo es suficiente para entender la filosofía del proyecto. Aquí no hace falta aditivos. La fruta llega directamente del campo y conserva su sabor auténtico, sin conservantes, ni tratamientos de conservación.
«A menudo los clientes nos preguntan si usamos algún ambientador», explica María. «Pero ese aroma que llena la tienda es simplemente el perfume natural de la fruta fresca».
El proyecto nació en 2023 con la apertura de la primera tienda en la Avda. Pérez Galdós, 43 y posteriormente amplió su presencia con el segundo establecimiento en la calle Vara de Rey, 54. Ambos locales tienen la misma filosofía: ofrecer fruta natural, sin tratamientos.

Detrás de esta propuesta hay una familia de agricultores cuyos campos se encuentran en la Ribera Alta de Valencia, en la zona de Alzira y pueblos cercanos, una tierra tradicionalmente conocida por la calidad de sus cítricos. Su lema resume bien el espíritu del proyecto: «Cultivamos nuestras propias naranjas».
Desde sus campos valencianos, la fruta llega directamente hasta Logroño, donde Navel Delcampo quiere convertirse en el referente para quienes buscan cítricos con el sabor de siempre. La apuesta es clara: ofrecer naranjas y mandarinas recién recolectadas y sin tratamientos de conservación, sin cámaras de maduración y sin ceras destinadas a embellecer la piel de la fruta. Aquí la filosofía es otra.
«Siempre digo que quizá no sea la naranja más bonita, pero sí la que tiene más sabor y es más natural», explica Carlos desde sus campos en la zona de Alzira.
En un mercado donde muchas frutas buscan una apariencia uniforme, en Navel Delcampo defienden otra idea: la perfección está en la exclusividad de la imperfección. Pieles distintas, formas que recuerdan al árbol del que proceden y un sabor intenso que conecta con la memoria de las naranjas de antes.

La campaña de cítricos sigue el ritmo natural de cada variedad y va cambiando a lo largo de la temporada. Las primeras mandarinas llegan a finales de septiembre, en noviembre se incorpora la naranja y más adelante se incluyen otras variedades de naranjas. «Las variedades se van enlazando unas con otras», explica María.
«Empezamos con las más tempranas y, poco a poco, van llegando las siguientes en su momento óptimo de recolección. Así, el sabor también evoluciona durante toda la temporada».

Durante ese tiempo, Navel Delcampo mantiene una relación directa con sus clientes, a quienes también explican las características de cada variedad. Pero más allá de las variedades, lo que realmente distingue el proyecto es su origen. En Navel Delcampo son agricultores que han decidido llevar el campo directamente al consumidor.
«Es un orgullo estar en una tierra que entiende de verdad lo que significa trabajar el campo. En La Rioja la agricultura es un baluarte, y nosotros vivimos cada día pendientes del cielo, porque sabemos que al final el tiempo manda sobre todos nosotros», explica María.
Y cuando una naranja se recoge en su momento justo y llega a la mesa sin artificios, ocurre algo sencillo pero cada vez más difícil de encontrar: vuelve a saber a naranja.


