Un proyecto de investigación ha creado un programa para reforzar el bienestar emocional del profesorado en la era digital, que dota a los docentes de las competencias claves para afrontar riesgos socioemocionales, como el tecnoestrés y el ‘síndrome del trabajador quemado’ (burnout).
El proyecto de investigación ‘Profesores resilientes y universidades saludables’, financiado por el Vicerrectorado de Transferencia de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), busca ayudar a las universidades a avanzar en su compromiso con la salud mental.
El director principal de esta investigación, Fermín Torrano, ha detallado este lunes, en una nota de UNIR, que el proyecto está orientado no solo a la disminución de los efectos negativos de los factores estresantes, sino que busca fomentar la salud mental y la satisfacción personal del equipo docente.
Ha añadido que este enfoque permite que las universidades alcancen un estado de bienestar integral que repercute de forma directa en la calidad del servicio educativo que recibe el estudiante.
La investigación, en la que se ha analizado cómo la digitalización ha redefinido la función docente, ha evidenciado la existencia de un conjunto de riesgos, como el tecnoestrés y el ‘síndrome del trabajador quemado’, asociados a diversos precursores.
Entre esos últimos figuran la hiperconectividad digital, el aislamiento, la ambigüedad de rol, el conflicto trabajo-familia y las altas demandas de trabajo, que pueden afectar a la satisfacción y bienestar emocional del profesorado de universidades en línea.
En una primera fase de esta investigación, se ha realizado un estudio bibliométrico de los riesgos psicosociales y el bienestar emocional del profesorado universitario, a partir de los trabajos publicados en las principales bases de datos científicas sobre la evolución del bienestar docente desde los modelos presenciales hasta los nuevos entornos virtuales.
El estudio ha confirmado que parte de estos problemas de salud mental derivan de estresantes psicosociales ligados a la dinámica organizacional de la enseñanza en línea, ya que, por ejemplo, la posibilidad de conexión permanente facilita una jornada de trabajo extendida y la desaparición de los límites entre el espacio laboral y el privado.
La investigación ha identificado que el desarrollo de competencias emocionales reduce los niveles de estrés y aumenta la implicación laboral, lo que posibilita el desarrollo pleno de la labor educativa.
La segunda fase ha consistido en la realización de un estudio Delphi para identificar y sistematizar las competencias socioemocionales necesarias frente a estos riesgos, lo que ha permitido obtener una visión grupal de consenso a partir del juicio de expertos en dos rondas de consulta.
Nueve competencias
Tras el análisis, el equipo ha identificado nueve competencias con una unanimidad total, como la capacidad para identificar y etiquetar las propias emociones; la conciencia de los disparadores emocionales; el conocimiento de las propias capacidades y limitaciones; y el desarrollo de estrategias para el estrés.
También se ha resaltado la importancia del aprendizaje de la automotivación; la generación de emociones positivas; el autocuidado consciente; la gestión de la frustración; y la empatía y la comunicación efectiva.
Para Torrano, estos hallazgos sientan las bases para «una formación que no solo previene el desgaste profesional, sino que mejora las creencias de autoeficacia docente y el clima en las aulas virtuales».
Los investigadores, en la tercera fase, han desarrollado el programa de intervención, que se estructura en varias actuaciones formativas y de acompañamiento, en las que se combinan sesiones sincrónicas, trabajo autónomo guiado y espacios de reflexión entre iguales.
Estas acciones están orientadas a disminuir el malestar emocional asociado a los efectos adversos de la tecnología y a promover entornos virtuales más saludables para docentes, que, a su vez, repercuten en el bienestar docente y de toda la institución educativa.
El programa, que se desarrolla mediante 13 sesiones online, presenta un elevado potencial de transferibilidad, ya que es apto para su réplica en universidades en línea, instituciones presenciales con docencia híbrida, centros de formación profesional y programas de capacitación empresarial.


