Salud

La lucha contra los piojos: «La temporada dura prácticamente todo el año»

Empieza el buen tiempo y con él aumenta la preocupación de los padres por un posible contagio. La llegada del calor ha sido toda la vida sinónimo de proliferación de piojos: campamentos, ludotecas, vestuarios y piscinas eran los lugares preferidos de estos molestos bichitos. Pero eso ahora ha cambiado.

Antes eran algo típico de los meses de verano, pero ahora, la temporada de piojos dura «prácticamente todo el año», aunque «en los meses más fríos el contagio se ralentiza un poco», explica Ana María Leo, responsable del centro Piobioprevent de Logroño.

El motivo es simple: «Los productos químicos se utilizan mal, entonces el piojo crea resistencia y cada vez son menos efectivos los tratamientos». Los productos a los que se refiere Ana María son los que se venden en farmacia , a los que tiene acceso toda la población, ya que no hace falta receta. El problema, explica, no es solo su eficacia menguante, sino también sus limitaciones: “No se pueden aplicar en menores de tres años, ni en embarazadas, ni en personas con patologías dermatológicas como piel atópica o psoriasis”.

No, el remedio casero de toda la vida tampoco vale ya. «A día de hoy, el piojo ha creado resistencia y el vinagre no le afecta. El vinagre ahora mismo solo vale para dar brillo al pelo, nada más». La de traumas que nos habríamos ahorrado varias generaciones si esto se hubiera sabido hace años.

Tampoco el árbol de té: «Nosotras ni lo aconsejamos, ni lo trabajamos, porque es un disruptor endocrino». Es decir, se trata de una sustancia que puede alterar el sistema hormonal. Además, el aceite de árbol de té no sirve para eliminarlos: «Lo que hace es disfrazar el pH del cuero cabelludo para que el piojo no se acerque, pero no lo mata».

Más allá de los tratamientos, la clave está en la prevención. Y aquí la palabra fundamental es constancia. Ana María recomienda pasar la liendrera, al menos, una vez a la semana, para controlar los piojos, pero también para mantener una buena higiene capilar. «Al igual que a los niños se les enseña a lavarse los dientes después de comer, se debería controlar la salud capilar una vez a la semana», explica.

Ana María también aconseja recoger el pelo largo para evitar el contacto directo con otros pelos u objetos que puedan estar infectados y extremar la precaución en espacios compartidos: transporte público, aviones, trenes e incluso peluquerías.

No, al contrario de lo que se cree popularmente, los piojos no distinguen entre cabellos rubios, morenos, pelirrojos o afros. Tampoco es cierto que el pelo corto proteja. Según explica Ana María, el factor determinante podría estar relacionado con el pH del cuero cabelludo, que a su vez depende de las hormonas.

“Afectan más a una persona con pH neutro”, explica. En este sentido, apunta que los hombres suelen tener un pH más ácido y, por tanto, menor tendencia al contagio.

Pero, sin duda, el grupo más afectado son los adolescentes. A diferencia de los niños pequeños, cuyo lavado y peinado suelen supervisar los padres, los adolescentes ya gestionan solos su higiene. La falta de revisión periódica hace que los casos se detecten tarde, cuando la infestación es ya muy elevada.

Eso sí, uno de los principales problemas sigue siendo el estigma social. «Hay muchos adolescentes que no avisan al entorno porque les da vergüenza decírselo a los amigos», cuenta Ana María. No es algo exclusivo de este grupo social, este sentimiento de vergüenza también se da dentro de las propias familias: «Hay quienes te dicen que no lo van a contar, porque no vaya a ser que después llamen a su hijo piojoso y se rían de él».

En resumen: en un contexto donde los piojos ya no entienden de estaciones ni de remedios caseros milagrosos, la clave está en la prevención y el control. Y, en esa batalla, las mejores aliadas son la constancia y la desestigmatización.

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