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Gol en Las Gaunas: pensar como un joven

FOTO: Fernando Díaz

Mi sobrino es un cañón de tío. Se está haciendo mayor. Está en la edad justa en la que su sonrisa empieza advertir la llegada de la adolescencia, pero su mirada no puede ocultar la inocencia de esa infancia que quiere ir dejando atrás con cierta celeridad. Su esfuerzo solo me genera una ternura indescriptible, confirmando lo lógico, que el tiempo pasa para todos, también para los más pequeños de la casa.

Escuchaba el otro día a un tertuliano de la tele decir algo así como que no conoce una solución mejor a eso de cumplir años. No hacerlo es siempre una mala noticia, decía. Y cosas de la vida, cuando eres niño quieres hacerte mayor, y cuando eres mayor recuerdas más tu infancia. Por eso, cuando me reúno con mi sobrino me encanta ‘descumplir’ años.

Entonces me descubro a mí mismo haciendo el ridículo. Total. Que le diga ‘bro’ a mi sobrino, a mi sobrino le molesta un poco, digamos que le da ‘cringe’, porque entiende él que está en su ‘prime’, mientras que yo soy un mero ‘boomer’ bastante desubicado porque se atreve a usar sin sentido alguno eso del ‘six-seven’. Mi ‘hype’ ya pasó… y a mi sobrino no le falta razón. Pero es que o nos adaptamos o nos quedamos obsoletos, a costa de hacer un poco el ridículo.

En mi actuación familiar sigo un pensamiento que cambió el mundo para siempre a finales del siglo pasado. Trato de pensar siempre como un joven. No sé si es una frase que acuñó tal cual Mijahíl Gorbachov, pero sí fue el pensamiento que gobernó la mayoría de sus decisiones políticas en un tiempo muy convulso. Siempre habló de la necesidad de pensar «como los jóvenes» para transformar sistemas envejecidos.

Y uno mira al fútbol riojano y observa un sistema envejecido. Hablaba el líder soviético -con el que curiosamente cayó el Muro de Berlín- de no estar prisionero de las inercias del pasado, de cuestionar lo que siempre se ha hecho así, de atreverse a imaginar alternativas, incluso dentro de estructuras rígidas, y de la necesidad de mantener la curiosidad intelectual y la flexibilidad mental más que la obediencia ideológica.

Durante su ‘perestroika’ Gorbachov defendió que la Unión Soviética no podía reformarse con mentalidad burocrática, sino con una actitud parecida a la de quien no ha sido domesticado por el sistema. Algo así, al menos algunos de sus puntos, le sentaría de lujo al fútbol riojano, que sigue anclado en el siglo pasado. Sigue sin querer pasar página, quizás porque no encuentra motivo alguno para hacerlo.

Aunque todos convengan que La Rioja necesita un equipo «al menos en Segunda», gente vieja (no solo por la edad que pone en su DNI) le sigue diciendo a gente joven que todo lo pasado fue sin duda mucho mejor. Y así no hay quien construya nada. Se le da de lujo al fútbol riojano eso de mirar hacia atrás, quizás porque resulta más sencillo. Prueba a visitar el aula en el que fuiste alumno, te parecerá sin duda mucho más pequeña respecto al recuerdo que permanece en tu memoria.

Porque el fútbol, es cierto, tiene mucho de memoria. Los clubes se sostienen sobre la gente que ha visto mucho fútbol, garantes de la tradición, guardianes de la esencia, reservorios de la identidad. Ahora bien, el problema no es cumplir años. El problema es pensar como alguien que ya no espera nada nuevo, y de estos hay legiones enteras en La Rioja, que solo recuerdan los éxitos del Logroñés, dejando en el olvido los muchos años que transitó por la Tercera y la Segunda B de aquel fútbol del siglo pasado. Es más, muchos de todos estos no saben qué llevó a la desaparición al Logroñés. Se lo recuerdo: la desafección y la incapacidad para asumir como aficionados que los clubes pasan por buenos y malos momentos, pero que lo importante es que permanezcan hasta volver a flote.

Al menos es la lección que saqué yo siendo aún joven, en la veintena cuando desapareció el Logroñés. Entonces, pensaba como un joven porque directamente era joven. Ahora intento pensar como un joven, recordando que hay gente como mi sobrino que no sabe ni tiene por qué saber que fue eso del Logroñés del que de vez en cuando -cada vez menos- le habla su abuelo. Y que quizás, él y todos los de su edad deberían tener un equipo de su tierra del que sentirse orgullosos, que les identifique y les procure buenas conversaciones y mejores vaciles cuando marchen a estudiar fuera de la región o comiencen a conocer a gente de otros lugares.

Pensar como un joven ayudó a unificar de nuevo a un país como Alemania, a acabar con el Telón de Acero, a cerrar la Guerra Fría para abrir otros problemas más modernos. Quizás sea lo que precisa el fútbol riojano, mirar este problema con los ojos de un joven. Quitándole memoria al asunto, y poniéndole mucha ilusión a la materia. Es más, el club con más opciones de mirar hacia el futuro con alguna opción real de éxito, la UD Logroñés parece estar lastrada por esta mentalidad viejuna.

El fútbol ha cambiado. Los clubes que se quedan atrás no lo hacen por falta de historia, sino por exceso de inercia. Y es aquí donde la UD Logroñés debería analizar su situación actual. ¿Confunde la prudencia con miedo? ¿La experiencia acumulada le provoca ahora mismo cierto inmovilismo con tal de no repetir viejos errores?… Pensar como un joven no es ser ingenuo: es no dar nada por definitivamente perdido ni definitivamente ganado. Para un joven todo está por escribir.

Los clubes no se mueren cuando sus directivos cumplen años. Se mueren cuando dejan de pensar como si todavía quedara algo por descubrir. La juventud no es solo una cuestión biológica, es también intelectual, al menos para una estructura deportiva con patromonio. Pensar como un joven derribó un muro que dividió el mundo durante décadas. Y uno tiende a pensar que el fútbol riojano, por muy testarudo que sea, no puede ser más duro que aquel muro tan bestia.

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